E.P. Madrid.- El investigador español Jon-Kar Zubieta, actualmente catedrático de la Universidad de Michigan (EE.UU.), ha desarrollado un estudio en el que intenta dar respuesta a la cuestión de por qué hay personas más propensas al dolor que otras, o por qué -por ejemplo- las mujeres tienen más tendencia al dolor de rodillas y a la fibromialgia. A su juicio, muchas de las razones de que esto suceda se encuentran en el cerebro, especialmente en la forma en la que controla las reacciones ante el dolor.

Sus conclusiones se han presentado ante la XIV Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia que se celebra estos días en Denver, Colorado (EE.UU.). "Mi presentación se basa en estudios acerca de medidas de neurotransmisión cerebral en humanos con tomografía de emisión de positrones y marcadores de receptores mu opiáceos. Estos receptores mediatizan la función de los opiáceos endógenos (las encefalinas o endorfinas). Estos neurotransmisores están implicados en la regulación de las respuestas a estresantes físicos y emocionales", ha señalado Zubieta.

En sus estudios se ha utilizado un modelo de dolor sostenido a intensidad media, para observar cómo el cerebro responde a estímulos, como el dolor, que inducen respuestas negativas en el individuo, ambas físicas y emocionales.

"En un análisis inicial presentamos la habilidad de medir, directamente en humanos, la activación de este sistema neurotransmisor. Vimos diferencias pronunciadas en la habilidad del individuo para activar este sistema en numerosas regiones cerebrales implicadas en la integración de estímulos físicos y emocionales. La individual magnitud de activación del sistema opiáceo fue directamente relacionada con la capacidad del individuo para suprimir la sensación del dolor, a nivel de intensidad física, su calidad afectiva y el estado emocional negativo inducido por el dolor", comenta Zubieta.

Los estudios siguientes compararon la capacidad de activar este sistema en hombres y en mujeres. Según el investigador, "se vio que las mujeres activaron este sistema menos eficientemente, y de hecho, en algunas áreas, lo desactivaron, al ser estudiadas durante condiciones de bajos estrógeno y baja progesterona (durante la fase folicular del ciclo menstrual). Estas diferencias fueron asociadas con una respuesta más pronunciada al dolor sostenido, con una percepción de dolor más severa, y con respuestas emocionales también más pronunciadas".

Posteriormente, se estudió a estas mujeres tras añadir estrógenos a niveles similares a los encontrados en la mitad del ciclo menstrual (condición de estrógeno alto, baja progesterona). "El estrógeno incrementó la capacidad de respuesta de este sistema neurotransmisor, incrementando el número de receptores mu opiáceos y la liberación de opiáceos endógenos, activando estos receptores", agrega. Lo novedoso, según el especialista, es poder estudiar, directamente en humanos, la función de sistemas implicados en nuestras respuestas a estresantes como el dolor, y cómo estos estresantes están regulados por influencias como las hormonales, genéticas y cognitivas.