En el último número de la revista  “Current Biology” investigadores del Instituto de Biología Molecular de Barcelona (IBMB), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han publicado un estudio sobre el papel que juega la enzima Nek9 en el proceso de división celular.

En concreto el trabajo analiza cómo esta enzima, que  se encuentra en el centrosoma, un orgánulo celular,  organiza la primera fase de la división celular, concretamente la formación del huso mitótico, la máquina molecular que se encarga de separar los cromosomas en dos grupos iguales en las dos células resultantes. Tal y como manifiesta Joan Roig, principal investigador del estudio, “cuando los niveles de Nek9 son bajos, la separación de los centrosomas no se realiza de forma correcta”.

Así, el estudio demuestra que Nek9 desencadena una cascada de efectos que afecta a varias proteínas, y que a su vez controla la proteína quinesina Eg5, un motor molecular que controla los movimientos para la separación correcta de los centrosomas.

Una posible diana terapéutica

Desde una perspectiva más clínica, cabe reseñar que esta quinesina ya se está estudiando como posible diana para el tratamiento del cáncer. En concreto, se está analizando  su implicación en el desarrollo de tumores, ya que alteraciones en la separación de los centrosomas pueden ser causa de aneuploidías (alteración en el número de cromosomas), y resultar en abortos, retraso mental, cáncer y otras patologías.

De esta forma, los autores del estudio recuerdan que las células tumorales muestran frecuentemente anormalidades en el comportamiento y número de centrosomas. En este sentido, los resultados muestran que, además de Eg5, la Nek9 controla la proteína TPX2, inicialmente identificada y estudiada por el equipo de Vernos y que está frecuentemente alterada en tumores, regulando su localización y su unión a Eg5, permitiendo a este motor separar los centrosomas durante el inicio de la división de la célula.