Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México han desarrollado una nueva propuesta de microesferas protectoras de los ingredientes activos para la administración oral de fármacos. El proyecto es acreedor del tercer lugar de la reciente edición del Programa para el Fomento al Patentamiento y la Innovación (PROFOPI) de la UNAM.

La propuesta brinda un mejoramiento en el suministro y podría convertirse en una forma universal para su aplicación, asegura David Quintanar Guerrero, quien lidera la investigación en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán en el Estado de México.

Formulación de administración mucosal gastrorresistente

Junto con sus colaboradores David Lechuga Ballesteros, ex académico de la FES Cuautitlán, y la egresada de la maestría en Ciencias, Diana Irene Contreras Ortiz, detallan que el proyecto puede evitar el dolor y la incomodidad que ocasiona la aplicación de fármacos por vía intramuscular o intravenosa.

Además, evita que los principios activos (e. g. péptidos y proteínas) se degraden en su trayecto hacia el torrente sanguíneo del paciente.

Una de las ventajas que ofrece esta nueva formulación es que solo requiere de un secador por aspersión (spray-dry), lo que permite elaborarlo en dos etapas.

En las microesferas –de aplicación común a nivel industrial para la liberación de medicamentos biotecnológicos– cada micropartícula de la formulación promueve la generación de un microambiente en el sitio de contacto de éstas y la mucosa intestinal, incrementa el tiempo de resistencia del principio activo y potencializa la absorción.

Utilización de nanotecnología

Actualmente el sector empresarial necesita generar formas de dosificación que funcionen de otra manera, en particular para las nuevas moléculas biotecnológicas cuyos requerimientos son muy diferentes a las moléculas terapéuticas tradicionales.

En este caso se utilizó la insulina como modelo de activo biotecnológico, misma que se colocó dentro de una microesfera recubierta con un polímero que le dio resistencia al tracto gastrointestinal incorporando metodologías conocidas. Es decir, un agente que lo protegiera de la degradación y no se disolviera en el estómago, sino en el intestino, “lo que llamamos un sistema gastrorresistente o entérico”.

“Con ello tratamos de evitar que el paciente esté todo el tiempo medicándose por vía intramuscular, que aparte de doloroso es incómodo para ellos”, añadió el investigador.

De manera adicional, se estudian otros fármacos, biotecnológicos y vacunas que son sensibles y que permiten evaluar la eficiencia completa del proceso