Se considera que en España más de cinco millones de personas presentan enfermedad del ojo seco. La prevalencia se encuentra entre el 5 y 30 % en la población de mayor de 50 años. Además, el 30 % de las consultas diarias de Oftalmología están dedicadas a ella. “Generalmente, el ojo seco se produce por un déficit de lágrima (escasa producción o excesiva evaporación) o porque esta es de mala calidad debido a problemas como la disfunción de las glándulas de Meibomio (falta o alteración de los lípidos que componen la lágrima) o la blefaritis (inflamación del párpado). Además, suele ir asociado a diferentes grados de inflamación”, indica el doctor Ernesto Pereira, oftalmólogo referente en la Unidad de Oftalmología del nuevo Hospital San Juan de Dios de Sevilla.

Los factores estacionales y de estilo de vida pueden afectar a su incidencia, incrementar factores de riesgo o complicar su desarrollo. “Los hábitos de vida actuales contribuyen al aumento de número de casos. Los malos hábitos alimenticios y la llegada del invierno contribuyen a que las cifras se disparen, ya que pasamos más horas en espacios cerrado y calefacción. Hay estudios que nos indican especial cuidado en los meses de octubre a febrero, por lo que hay que seguir unas pautas y tratamiento adecuados”, explica el experto.

Igual que en verano el uso de aire acondicionado puede contribuir a que el ambiente sea más seco, los síntomas pueden ser más importantes. Del mismo modo, las calefacciones pueden afectar. La enfermedad de ojo seco se considera que es crónica, y, aunque no puede curarse, puede controlarse por disminuir las molestias de problemas de visión, lesiones en la conjuntiva y en la córnea. Es muy importante el diagnóstico correcto y una estrategia terapéutica por parte del oftalmólogo, además de unas medidas preventivas por parte del paciente.

Medidas preventivas

El doctor Pereira destaca tres aspectos clave en este sentido. El primero alude a las “mejoras en los espacios, por lo que es recomendable limitar el uso de calefacción y aparatos de aire acondicionado, algo usual en invierno”. Por ello, “se recomienda el uso de humidificadores, evitar entornos polvorientos o con contaminación y favorecer el uso de lubricantes oculares”. El segundo aspecto apunta a la recomendación de “usar toallitas palpebrales jabonosas, para evitar el exceso de bacterias y grasas que provocan una película lagrimal de muy mala calidad”. Por último, advierte que los portadores de lentes de contacto deben extremar las precauciones, y, en casos severos, el abandono de estas.

La Academia Norteamericana de Oftalmología (AAO por sus siglas en inglés), entre los consejos que lanza para la prevención de esta afección, destaca que en invierno es recomendable mantenerse alejado de habitaciones muy calurosas. “En invierno, agregue humedad al ambiente con un humidificador. También puede colocar un recipiente con agua cerca del calefactor o radiador”, subraya. Asimismo, sugiere no utilizar secador para el pelo, si es posible.

Igualmente, en esta época del año aconseja proteger los ojos del viento seco usando gafas envolventes cuando la persona se encuentre al aire libre. Además, para mejorar la alimentación, apunta a la necesidad de hablar con el profesional sanitario acerca de la idoneidad de agregar ácidos grasos con omega-3 a la dieta para aliviar el ojo seco. Estos nutrientes se encuentran naturalmente en pescados grasos como el salmón, las sardinas o las anchoas; y en semillas de linaza. Los ácidos grasos con omega-3 se pueden agregar también como suplemento dietético.