Investigadores de Johns Hopkins Medicine y el Dana Farber Cancer Institute en Boston, Estado Unidos, han demostrado que una hormona secretada en la sangre durante el ejercicio aeróbico o de resistencia reduce los niveles de una proteína relacionada con la enfermedad de Parkinson y detiene los problemas de movimiento en modelos experimentales.

La enfermedad de Parkinson, una afección neurológica que hace que las personas pierdan el control de sus músculos y movimientos, afecta a alrededor de 1 millón de personas en los EEUU. Si se confirma en investigaciones de laboratorio y ensayos clínicos adicionales, el estudio de los investigadores en ratones diseñados para tener síntomas de la enfermedad de Parkinson podría allanar el camino para una terapia de la enfermedad basada en la hormona irisina.

El estudio, publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, ha sido llevado a cabo por Ted Dawson, de la Johns Hopkins Medicine, y Bruce Spiegelman, de Dana Farber, que han buscado un vínculo entre la molécula de ejercicio irisina y la enfermedad de Parkinson. Por razones desconocidas, se ha descubierto durante mucho tiempo que el ejercicio de resistencia alivia los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

Dawson, cuya investigación se centra en las enfermedades neurodegenerativas, incluida la enfermedad de Parkinson, ha afirmado que que una de las primeras pistas sobre el vínculo entre el ejercicio, la enfermedad de Parkinson y la irisina provino de Spiegelman, cuyo primer artículo sobre la irisina se publicó en 2012 en ‘Nature’ y, posteriormente, en otras revistas científicas, que demostraba que una proteína llamada péptido de irisina se libera en la sangre y aumenta con el ejercicio de resistencia.

Irisina y la enfermedad de Alzheimer

En la última década, otros laboratorios han descubierto que el ejercicio eleva los niveles de irisina, y hay interés en investigar la conexión entre la irisina y la enfermedad de Alzheimer, así como la enfermedad de Parkinson. Para probar los efectos de la irisina en la enfermedad de Parkinson, los equipos de Dawson y Spiegelman comenzaron con un modelo de investigación utilizado por Dawson en el que se modifican células cerebrales de ratones para propagar fibras pequeñas y delgadas de alfa sinucleína, una proteína que regula los estados de ánimo y los movimientos relacionados con el cerebro. neurotransmisor dopamina.

Cuando las proteínas alfa sinucleína se agrupan, esos grupos matan las células cerebrales productoras de dopamina, un desencadenante clave de la enfermedad de Parkinson. Los grupos fibrosos de alfa sinucleína son muy similares, señala Dawson, a los que se encuentran en los cerebros de las personas con enfermedad de Parkinson. En el modelo de laboratorio, los investigadores encontraron que la irisina prevenía la acumulación de grupos de alfa sinucleína y la muerte de las células cerebrales asociada.

"Si la utilidad de la irisina se cumple, podríamos imaginar que se desarrolle en una terapia génica o de proteínas recombinantes", señala Dawson, refiriéndose al campo cada vez más amplio del desarrollo de fármacos destinados al uso de la genética celular para tratar enfermedades. Dawson es profesor de Leonard and Madlyn Abramson en Enfermedades Neurodegenerativas, profesor de neurología y director del Instituto Johns Hopkins de Ingeniería Celular.

"Dado que la irisina es una hormona peptídica producida naturalmente y parece haber evolucionado para cruzar la barrera hematoencefálica, creemos que vale la pena continuar evaluando la irisina como una terapia potencial para el Parkinson y otras formas de neurodegeneración", añade Spiegelman.

Dawson y Spiegelman han solicitado patentes sobre el uso de irisina en la enfermedad de Parkinson. Spiegelman ha creado una empresa de biotecnología, Aevum Therapeutics Inc, con sede en Boston, para convertir la irisina en tratamientos para enfermedades neurodegenerativas.