Para conocer el grado de adherencia terapéutica que tiene un paciente se dispone de varios parámetros. Se puede sospechar que un paciente tiene mala adherencia terapéutica cuando no tiene una buena respuesta en el control de su patología, que se puede ver a través de los resultados analíticos.

A la hora de identificar a aquellos pacientes con más riesgo de abandono terapéutico, hay que considerar a los polimedicados, que tienen más riesgo de incumplimiento terapéutico. Además, este hecho suele coincidir con pacientes con un mayor riesgo metabólico y cardiovascular. En general, para conseguir los objetivos de LDL en la mayoría de los casos es necesaria la combinación de dos fármacos. Combinar dichos fármacos en un solo comprimido está más que demostrado que mejora la adherencia terapéutica de los pacientes.

Herramientas de control de la adherencia

En algunas comunidades se dispone de herramientas de prescripción que permiten ver los tratamientos, como es el caso de Presbide en Osakidetza, donde se puede consultar los tratamientos activos, dejar constancia del tratamiento prescrito y su posología,  el tiempo de duración y valorar si existen posibles interacciones con el resto de tratamientos prescritos. Con Presbide se puede objetivar la adherencia al tratamiento y con la receta electrónica se puede saber si el paciente recoge o no la medicación de la farmacia.

Además, mediante la entrevista clínica y los resultados de las analíticas se puede disponer de la información necesaria para conocer el grado de cumplimiento y de adherencia al tratamiento por parte  del paciente.

Entrevista directa

A la hora de valorar la adherencia en la práctica resultan de utilidad la entrevista clínica, preguntando directamente al paciente y familiares, comprobar en la historia clínica si el paciente retira los medicamentos de la farmacia y utilizar el test de MORISKY- GREEN abreviado.

También es importante una educación de la enfermedad, incidiendo sobre la importancia de alcanzar unos niveles objetivo, ya que es un elemento clave para la prevención primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Adrián Riaño Ondiviela, Jorge Melero Polo y Paula Morlanes Gracía, del Hospital Lozano Blesa, de Zaragoza; Tomás Pérez García, Yolanda Riofrío Valero, Cristina Buleo Ramírez y Concepción Riera Fortny, del Centro de Salud San Isidro, y los especialistas en Atención Primaria Miren Itxaso Orue Rivero, Gabriel Hernández Iñarra, José Félix Zuazagoitia Nubla y Epifanio Álvaro Grande.