La afirmación citada con frecuencia de que los cigarrillos electrónicos son ‘un 95 por ciento más seguros’ o ’95 por ciento menos dañinos’ que el tabaco “está desactualizada, es engañosa e inválida”, y ya no debe formularse en las discusiones sobre los peligros del vapeo, según un editorial publicado en el ‘American Journal of Public Health‘ por seis expertos líderes en cigarrillos electrónicos y salud pública.

“Decir que son ‘un 95% más seguros’ es un factoide, es decir, una información poco fiable que se repite con tanta frecuencia que se acepta como un hecho”, escriben los autores Thomas Eissenberg, codirector del Centro para el Estudio de Productos de Tabaco de la Virginia Commonwealth University (EE.UU); Aruni Bhatnagar, del Centro de Regulación del Tabaco de la American Heart Association, de la Universidad de Louisville (EE.UU.); Simon Chapman, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sydney (Australia); Sven Eric Jordt, del Departamento de Anestesiología, Facultad de Medicina de la Universidad de Duke (EE.UU.); Alan Shihadeh, de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura Maroun Semaan, Universidad Americana de Beirut (Líbano), y Eric K. Soule, del Departamento de Educación y Promoción de la Salud, East Carolina University (EE.UU.).

La mayor conclusión del editorial, a juicio de Eissenberg, es que simplemente no se conocen los riesgos a largo plazo del uso de cigarrillos electrónicos. “No tiene ningún sentido para nosotros afirmar que sabemos que es 95% más seguro que los cigarrillos combustibles –justifica–.

Por ello, estos expertos enfatizan que “los profesionales de la salud pública, los científicos y los médicos deben destacar la inconsistencia de este factoide destacando su procedencia poco fiable y su ausencia de validez en la actualidad, así como los muchos cambios en los dispositivos y líquidos de los cigarrillos electrónicos, la acumulación de evidencia de daño potencial, la mayor prevalencia de uso y la creciente evidencia de que el uso del cigarrillo electrónico está asociado con el posterior consumo de cigarrillos”.

El editorial, titulado ‘Invalidez de una estimación citada con frecuencia de los daños relativos de los cigarrillos electrónicos’, vuelve a examinar la afirmación ‘son un 95% más seguros’ que se originó en julio de 2013 cuando un grupo de expertos en ciencias de la decisión, medicina, farmacología, psicología, política de salud pública y toxicología calificó el daño relativo de 12 productos que contenían nicotina utilizando 14 criterios que abordaban los daños a sí mismos y a los demás. Concluyeron que los cigarrillos combustibles eran los más perjudiciales y que los sistemas electrónicos de suministro de nicotina eran sustancialmente menos perjudiciales.

Sin embargo, los expertos reconocieron que su estudio carecía de pruebas contundentes de los daños de la mayoría de los productos que estaba evaluando. A pesar de esa falta de evidencia, la afirmación de que los cigarrillos electrónicos son ‘un 95% menos dañinos’ fue ampliamente publicitada, en particular por la agencia británica Public Health England y el Real Colegio de Médicos de Reino Unido.

Desde entonces, recuerdan los autores, se ha acumulado una cantidad considerable de evidencia de los posibles daños de los cigarrillos electrónicos. Y es que los dispositivos de cigarrillos electrónicos han cambiado significativamente desde el estudio original, añaden, tanto que incluso si la estimación original era válida en 2013, ya no puede aplicarse.

“Por ejemplo, además de usar diferentes materiales y más bobinas de calentamiento, muchos cigarrillos electrónicos actuales pueden alcanzar una potencia de salida que excede la de la mayoría de los modelos de venta libre de 2013 en 10 a 20 veces (a veces excediendo los 200 vatios) –advierten–. Una mayor potencia aumenta los posibles daños del uso del cigarrillo electrónico porque se produce más aerosol que expone a los usuarios a mayores niveles de nicotina y otros tóxicos”.

Los líquidos también han cambiado desde 2013, con una amplia disponibilidad de miles de sabores que usan productos químicos “generalmente reconocidos como seguros” en alimentación, pero con una toxicidad pulmonar desconocida, prosiguen los expertos.

Un cambio particularmente notable ha sido la comercialización generalizada de líquidos con nicotina protonada, también conocida como ‘sal de nicotina’, que se realiza mediante la adición de un ácido a la nicotina de base libre. El líquido protonado en aerosol es menos desagradable de inhalar que la nicotina de base libre, lo que permite a los usuarios aumentar la concentración de nicotina del líquido y probablemente aumentar su propia dependencia a la nicotina, añaden.

Los expertos hacen referencia en su artículo a diversos estudios recientes en los que se ha hallado que “los componentes de aerosol podrían dañar el sistema respiratorio o empeorar la enfermedad pulmonar preexistente a través de una variedad de mecanismos”; que vinculan su consumo a las sibilancias, un síntoma de una posible enfermedad respiratoria, con el uso de cigarrillos electrónicos, y que también se le relaciona con un aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la activación plaquetaria, mientras disminuye la dilatación mediada por el flujo y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, efectos que sugieren un riesgo cardiovascular a largo plazo.

Otro aspecto que destaca el editorial es que la investigación realizada desde 2013 que ha comprobado que el uso de cigarrillos electrónicos está relacionado con un mayor riesgo de que el usuario comience a fumar cigarrillos combustibles. “Los estudios en los últimos seis años también han demostrado que el aerosol de cigarrillo electrónico no es inofensivo”, escriben.

“Por ejemplo, el propilenglicol (PG) es uno de los componentes principales del aerosol de cigarrillo electrónico y generalmente se reconoce como seguro de forma ingerida, pero cuando se inyecta por vía intravenosa durante un período de días, es tóxico –precisan–. Los aerosoles de cigarrillos electrónicos que contienen propilenglicol y glicerina vegetal, otro componente común, causan inflamación en los pulmones humanos, lo que sugiere diferentes perfiles de seguridad para el propilenglicol inhalado versus ingerido y la glicerina vegetal”.

Por ello, estos expertos consideran que los consumidores deben entender que el tabaco ha sido estudiado durante 70 años y hay una gran evidencia de cuántas personas mueren por el tabaquismo. “No tenemos nada parecido con los cigarrillos electrónicos. Lo que sí sabemos es que están introduciendo tóxicos en el pulmón humano y que, con el uso repetido, en algunos casos, vemos efectos en la salud de esos tóxicos en usuarios de cigarrillos electrónicos”, concluyen.