Antes de la crisis de la COVID-19, los expertos ya estimaban que entre el 40 y el 60 por ciento de los motivos de consulta atendidos por los profesionales de Atención Primaria estaban relacionados con la Salud Mental.  De los mismos, solo el 10 por ciento de los casos acababa derivado a las Unidades de Salud Mental especializadas, lo que hace evidente el peso de la salud mental en el primer asistencial. Es por ello que, ante el esperado repunte de casos de salud mental, tras el confinamiento y tras las situaciones personales vividas en la pandemia, es necesario reforzar los recursos en salud mental  en la Atención Primaria.

Tal y como ha remarcado la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR), es necesario el refuerzo de la atención profesional en salud mental dentro de la Atención Primaria, con el objetivo final de abordar este tipo de cuestiones desde un inicio temprano del mismo y una identificación precoz de la mano del médico de familia. Asimismo, ANPIR solicita encarecidamente estrategias nacionales globales, coordinadas con las Comunidades Autónomas, para establecer un programa marco de abordaje del riesgo de incremento de la conducta suicida.

En este sentido argumentan además que este refuerzo de los recursos en salud mental sería coste efectivo. Se calcula que los trastornos mentales suponen unos 46 mil millones de euros al año al erario público español. Una cifra que, tras la presente crisis sanitaria, podría incrementarse en torno a un 15-20 por ciento.

Salud mental en los profesionales sanitarios

Otro reto a abordar es la salud mental de los propios profesionales sanitarios. En concreto desde ANPIR calculan que entre el 5 y el 15 por ciento del personal sanitario va a necesitar ayuda por trastornos de estrés postraumático, como consecuencia de la situación que han vivido, lo que supone un serio desafío para el sistema sanitario actual.

En este sentido, los psicólogos clínicos han desarrollado y coordinado programas específicos de atención psicológica para pacientes y familiares con COVID-19 y personal sanitario de primera línea de intervención dentro del Sistema Nacional de Salud que han contado, en muchos casos, con más vocación de servicio que con recursos disponibles. Por ello, “consideramos que se debe dotar de carácter estructural estos programas con financiación adecuada y la incorporación de los psicólogos clínicos que sean precisos. De hecho, completan ahora su residencia PIR más de 130 nuevos especialistas que deberían permanecer en el sistema para aportar su capacidad de trabajo”, concluyen desde ANPIR.