El envejecimiento se asocia con un deterioro del metabolismo de los lípidos, lo que se traduce en niveles más elevados de colesterol LDL y triglicéridos, debido a su menor degradación. Se estima que la dislipemia está presente en el 40 % de la población mayor de 65 años. Su tratamiento implica la modificación del estilo de vida y la terapia farmacológica.

Las estatinas son la primera línea de tratamiento entre los pacientes mayores por sus beneficios en prevención primaria y secundaria y son seguras en los pacientes de edad avanzada.

En un metaanálisis en el que más de la mitad de la muestra recibía una estatina, se ha demostrado que la reducción del colesterol LDL reduce de forma eficaz el riesgo de muerte cardiovascular, infarto de miocardio, ictus y revascularización coronaria.

Otros trabajos ponen de manifiesto que el inicio de una estatina a partir de los 75 años, en pacientes en prevención primaria, disminuía en un 20 % el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

El beneficio que se obtiene con la reducción de los niveles de cLDL, en los pacientes de más de 70 años, será mayor cuanto mayor sea el nivel de colesterol LDL y el riesgo cardiovascular.

Seguridad

En cuanto a la seguridad, las estatinas son fármacos bien tolerados en los pacientes de más de 70 años por lo que no está recomendado el ajuste de dosis.

Si existe enfermedad renal crónica moderada/grave y/o riesgo de interacciones farmacológicas, se recomienda que la estatina se inicie a dosis baja.

En caso de que la tolerancia sea óptima, se podrá ir aumentando la dosis del fármaco. Los efectos adversos son infrecuentes, aunque en el paciente mayor de 80 años parece que el riesgo de miopatía puede estar incrementado, especialmente si existe insuficiencia renal grave, hipotiroidismo o tratamiento concomitante con fibratos.

Recomendaciones

Por eso, las guías clínicas mantienen las mismas recomendaciones en cuanto al objetivo del colesterol LDL en los pacientes mayores y menores de 70 años: <55 mg/dl en los de muy alto riesgo CV y de <70 mg/dL en los de alto riesgo cardiovascular. Uno de los fármacos más empleados en combinación con las estatinas es la ezetimiba.

En diferentes ensayos clínicos, la coadministración de ezetimiba con diferentes estatinas ha demostrado reducciones significativamente mayores de LDL colesterol y mejoras en otros parámetros lipídicos en comparación con la correspondiente monoterapia con estatinas, también en pacientes de más de 70 años.

Menos efectos adversos

Las personas mayores presentan un riesgo elevado de miopatía con dosis más altas de estatinas, por lo que, en los casos menos graves es preferible prescribir dosis bajas de cada medicamento que dosis altas de uno solo, disminuyendo así la frecuencia de reacciones adversas y mejorando la relación costo-beneficio.

Las presentaciones disponibles de dicha combinación en un único comprimido son de gran utilidad, ya que es importante poder reducir al máximo la cantidad de pastillas a ingerir, sobre todo en personas añosas donde la polifarmacia es habitual.

Prevención secundaria

Las estatinas en pacientes mayores son seguras y eficaces en cuanto a la prevención de eventos cardiovasculares, fundamentalmente en prevención secundaria pero también en prevención primaria, aunque los datos son menos consistentes en prevención primaria.

En uno de los metaanálisis el tratamiento con estatinas en personas mayores (≥65 años) sin enfermedad cardiovascular (ECV) se asoció con un riesgo 14 %, 20 % y 15 % menor de mortalidad por todas las causas, muerte por ECV y accidente cerebrovascular, respectivamente. Se ha observado que podrían ser de utilidad en la prevención de la demencia.

Otros beneficios

Con la pandemia por COVID-19 se ha observado que los sujetos que tomaban estatinas había una tendencia estadísticamente significativa a tener mejor pronóstico por la COVID-19 que aquellos a los que se retiraban las estatinas.

Finalmente, la fragilidad per se, así como su gravedad, incrementa la mortalidad y los eventos cardiovasculares mayores. El control de los factores de riesgo cardiovascular en los pacientes ancianos debe ser fijado de forma individual, teniendo en cuenta el riesgo en cada paciente concreto, ajustando la dosis y el tipo de estatina a cada paciente concreto.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores  Elena Bello Martínez, Ana Torres Do Rego, Eva Cervilla Muñoz, Agustín Blanco Echevarría, y los especialistas en Endocrinología Gonzalo Allo Salvador, Inés Jiménez Varas, Irune Blanco Urbaneja y Mª Carmen Montañez Zorrilla.