La mayor parte de los pacientes diabéticos son conscientes de la necesidad de un buen control glucémico. Si se les explica las implicaciones y consecuencias de su enfermedad son conscientes de ellas y de la importancia de tener un buen control metabólico. Sin embargo, hay otra proporción de pacientes que no son conscientes a pesar de haber recibido la misma información.

La diabetes mellitus tipo 2 constituye uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, relacionada con el desarrollo de complicaciones graves, como los accidentes cerebrovasculares o ictus y la cardiopatía isquémica en todo su espectro, desde la angina hasta el infarto y la muerte súbita. La diabetes mal controlada puede afectar a nivel microvascular a otros órganos diana, como la retina y el riñón que pueden conducir a la ceguera y la insuficiencia renal.

Por este motivo, es muy importante informar al paciente diabético de las consecuencias de su enfermedad desde el diagnóstico. Además de un correcto tratamiento farmacológico, es clave la educación en el estilo de vida saludable, fomentar una dieta adecuada y la práctica de ejercicio físico de forma regular.

Tal y como sucede en cualquier otra enfermedad, un nivel cultural adecuado conlleva un mejor pronóstico de la enfermedad. Por el contrario, un nivel cultural bajo implica peor autocuidado, perores medidas higiénico-dietéticas, peor cumplimiento de los controles médicos, pero cumplimiento terapéutico, etc.

Afrontar la enfermedad

En cuanto a cómo se afronta el diagnóstico de la diabetes, como cualquier enfermedad, las personas con un mayor nivel socio-cultural valoran la situación como un desafío y presentan un mayor cumplimiento terapéutico y de las pautas de autocuidado en general. Mientras que los que tienen un nivel sociocultural bajo tienen más probabilidad de valorar la situación como irrelevante y optan por una actitud pasiva que dificulta una correcta adherencia al tratamiento. El apoyo social tiene también un efecto mediador sobre la relación entre el estrés y la enfermedad y favorecedor en cuanto al cumplimiento y la adherencia al tratamiento.

En general, un paciente que cumple correctamente con las mediadas de autocuidado, control domiciliario de presión arterial, frecuencia cardiaca, peso, glicemia capilar, cuidado de los pies en los diabéticos etc…, es un paciente que tiene buena adherencia al tratamiento médico, farmacológico y medidas de estilo de vida que le han prescrito.

Adherencia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aumentar la efectividad de las intervenciones sobre la adherencia puede tener una repercusión mucho mayor sobre la salud de la población que cualquier mejora en los tratamientos médicos específicos. Así, las acciones en el abordaje del paciente diabético debe ir dirigidas a asegurar un correcto cumplimiento y a fomentar la adherencia de las medidas terapéuticas instauradas. Entre las diferentes estrategias que se han mostrado útiles en estos pacientes está la simplificación de los tratamientos, tanto por lo que respecta a la reducción en la frecuencia de dosis diaria como la asociación de fármacos en dosis fijas, especialmente en pacientes polimedicados y de edad avanzada.

Hay que tener en cuenta que el autocuidado favorece el manejo de la enfermedad. Es indispensable concienciar al paciente de la importancia del autocuidado, evitar los hábitos tóxicos, mantener una vida activa, realizando ejercicio físico diario.

Riesgo cardiovascular

Las opciones terapéuticas que favorecen el cumplimiento son aquellas que no presentan riesgo de hipoglucemias u otros efectos adversos importantes. Además de reducir las cifras de glucemia, deben tener un papel en el riesgo cardiovascular global y que su administración sea de una dosis única diaria o tal vez dos, ya que las combinaciones ayudan a facilitar el cumplimiento. Las medicaciones hipoglucemiantes que reducen peso, como los inhibidores SGLT-2 y análogos GLP-1, presentan un refuerzo positivo para la adherencia.

Por contrario, hay que evitar los fármacos con riesgo de hipoglucemia y que en los estudios no han sido capaces de demostrar una reducción del riesgo cardiovascular global más allá de su poder hipoglucemiante.

Hay que facilitar tratamientos con la menor cantidad de fármacos y dosis posibles, utilizando medicamentos asociados en lugar de monoterapias.

Evaluar la adherencia

Para la valoración de la falta de adherencia terapéutica se utilizan los programas electrónicos de historia clínica, que permiten saber las recetas retiradas de farmacia y calcular el porcentaje de adherencia de los diferentes fármacos prescritos. La valoración de la adherencia se tendría que hacer de forma rutinaria por parte de todos los facultativos, ya que su detección comportaría una actuación para mejorarla y un mayor control de las patologías. Las intervenciones para evaluar la adherencia deberían priorizarse si no se consiguen los objetivos de control tras un alta hospitalaria, cuando se introduce un nuevo fármaco o varios fármacos a la vez, si se modifican las dosis o si se presentan efectos secundarios de los medicamentos.

La tecnología es de ayuda para incrementar la adherencia. Se pueden hacer acciones sencillas como realizar llamadas telefónicas recordatorias, mensajes de texto al móvil o correo electrónico.

Apoyar al paciente

En la adherencia no se puede culpabilizar al paciente, al contrario, hay que  apoyarlo y darle las herramientas necesarias. En todas las patologías crónicas, y entre ellas la diabetes, hay que ser empáticos y comprender que tomar los medicamentos de forma crónica acaba siendo una acción pesada y que, en ocasiones, puede interferir en la vida de los pacientes. Por eso, hay que tender a tratamientos simples y con el menor número y frecuencia de fármacos, con refuerzos positivos y de todo el equipo sanitario y utilizando todos los métodos para mejorar el grado de prescripción farmacológica pautado.

En este sentido, el paciente debe ser un miembro activo de sus patologías y la adherencia se conseguirá si existe un tándem adecuado entre el paciente y el médico.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Moisés Barrantes Castillo, Mari Cruz Almendros Rivas y Ramón Noguera Rodríguez, de Blanes; Carmen Ligero Ferrer, Eduardo Hernan Tajes Pascual y Delicia Inés Gentille Lorente, del Hospital Sant Joan, de Reus; Sergio Giovanny Rojas Lievano, Gil Bonet Pineda y Raimon Ferre Vallés, del Hospital Joan XXIII, de Tarragona, y los especialistas en Medicina de Familia Mercedes Hernández Murillo, Naelys Vicente Menas, Francisco Javier Ojeda Andrades y Carlos Gómez Ruiz, de Barcelona.