El ejercicio físico durante el envejecimiento incrementa la densidad sináptica (el espacio de la materia gris donde se desarrollan la conexiones neuronales). Gracias a esto es posible proteger la salud cerebral y las habilidades cognitivas. Sin embargo, la constancia es clave para conservar estos efectos beneficiosos. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio internacional. En el mismo participan investigadores del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM) y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

La actividad física durante la tercera edad es una de las pautas más ampliamente prescritas para proteger la salud cerebral. Sin embargo, estas recomendaciones de actividad física se basan en observaciones epidemiológicas. Este nuevo trabajo permite por primera vez explorar estos mecanismos con el estudio directo de muestras de cerebro humano.

En la investigación que ahora publica ‘Alzheimer’s & Dementia’ se hizo un seguimiento de la actividad física de 404 pacientes durante una media de 3,5 años antes del fallecimiento. Tras su defunción se analizaron muestras de hasta doce áreas cerebrales esenciales para las habilidades cognitivas y psicomotrices. En ellas, se realizaron análisis cuantitativos y funcionales de ocho proteínas sinápticas (neurotransmisores que median en el intercambio de información entre neuronas).

Los resultados obtenidos confirmaron que mayores tasas de actividad física diaria se asocian con un enriquecimiento en la cantidad y funcionalidad de todas las proteínas sinápticas en las regiones del cerebro analizadas.

Proteger la salud cerebral

En concreto, la relación entre ejercicio físico y mejora de la densidad sináptica se registró independientemente de que hubiese carga neuropatológica en las mismas áreas cerebrales. También de la presencia de patologías que afectan a las habilidades motoras. Esto evidencia que la actividad física puede ser beneficiosa para cualquier persona de avanzada edad, con independencia de su estado de salud.

Por otra parte, los datos indicaron que los efectos beneficiosos del ejercicio físico son tremendamente volátiles. Así, aquellos participantes con elevada rutina física durante etapas tempranas pero que descontinuaron este hábito en los últimos dos años de vida, presentaban densidades sinápticas similares a las observadas en participantes más sedentarios. Por lo que, en resumen, resulta la constancia en la actividad física resulta clave para conservar los beneficios y proteger la salud cerebral.