El incumplimiento terapéutico conlleva un empeoramiento de la enfermedad, un aumento del número de ingresos y, a la larga, de la mortalidad global. Estas razones son más que suficientes para garantizar un buena adherencia, que reduce el consumo de recursos sanitarios y mejora la calidad y esperanza de vida de los pacientes.

Existen una serie de elementos que ponen en alerta sobre la posibilidad de una falta de adherencia terapéutica, como es la edad del paciente, los mayores pueden olvidarse y los jóvenes no le dan importancia al tratamiento y su duración; otras patologías, como la depresión, el Alzheimer; el grado de desconocimiento de la enfermedad, a la cual no le dan la importancia que tiene el seguir el tratamiento; el nivel sociocultural; el número de dosis del tratamiento, si son muchas al día suelen dejarse alguna, la duración en el tiempo, los cambios de dosis frecuentes; los efectos adversos, que disminuyen la adherencia, y si el paciente nota que el tratamiento es poco efectivo.

La falta de adherencia puede darse en tres momentos del proceso terapéutico: iniciación del tratamiento, si se retrasa o no llega a producirse; la ejecución, si la pauta real no se corresponde con la prescrita; y la discontinuidad o interrupción del tratamiento antes de tiempo.

Mejorar la adherencia

Para mejorar la adherencia, en la anamnesis se debería preguntar al paciente de forma periódica si toma la medicación, cuándo la toma, si se le olvida en alguna ocasión y si ha notado algún efecto secundario o le disgusta tomarla por algún motivo o por algo que haya escuchado en los medios de comunicación o de otras personas (amigos, vecinos, familiares…).

También podemos detectar las dificultades que tiene para el cumplimiento adecuado, como son instrucciones insuficientes, fallo en la relación médico–paciente, desacuerdo del paciente respecto al tratamiento, mala memoria…

En este seguimiento, Enfermería tienen un papel destacado por su cercanía al paciente.

La exploración clínica puede ayudar a conocer el grado de adherencia, ya que, por ejemplo, conociendo las cifras de presión arterial, se puede saber si el paciente sigue su tratamiento antihipertensivo de forma correcta.

La entrevista con el paciente es una buena manera de conocer el grado de adherencia. Otro elemento que ayuda es el recuento de la medicación sobrante y los test de Morisky-Green o el de Haynes-Sackett.

También, a través de métodos electrónicos se puede comprobar que se han retirado los envases de la farmacia.

Implicación del paciente

Un aspecto clave a la hora de favorecer el cumplimiento terapéutico radica en que el paciente entienda su enfermedad, que la acepte y comparta el tratamiento prescrito. Tiene que ser consciente de la importancia de cumplirlo. Así, todos los profesionales sanitarios implicados en el diagnóstico, la prescripción, la dispensación, la prestación de cuidados y en el seguimiento contribuyen a este objetivo, desde el ámbito de sus respectivas competencias y funciones profesionales.

Las visitas de seguimiento permiten evaluar el grado de adherencia y detectar cualquier problema.

Por eso, la comunicación entre los profesionales responsables de la atención del paciente es especialmente importante para conocer la adecuación de los tratamientos, especialmente en los pacientes crónicos. En este sentido, las nuevas tecnologías ofrecen una gran oportunidad para facilitar una acción coordinada y la transferencia de datos e información entre los profesionales y los niveles asistenciales.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Ana Tchang Sánchez, Ana Casorrán Martínez, Carmen Romero Corroto, Nuria Andrés García y Josefina Garcerán Fuertes, de Valencia, y los especialistas en Atención Primaria José Antonio Sanantón Esquer, Ignacio Serra Nogés, Santiago Ruso Martínez, Juan Antonio Ribera Osca y Encarnación López Muñoz, del Centro de Salud Albal.