Manuel Martín Carrasco, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, explica a EL MÉDICO que el manejo de la patología psiquiátrica se debe basar en el enfoque biopsicosocial de cada persona.

¿Cuáles son las patologías más comunes en los pacientes psiquiátricos?

La patología psiquiátrica está presente en entre el 14 y el 15 por ciento de la población general. Hay que distinguir entre el trastorno mental común o leve, y el grave. Entre las enfermedades mentales graves se encuadran la esquizofrenia, el trastorno bipolar y algunas formas graves de los trastornos de la personalidad y de depresión. Estas patologías pueden representar en torno al 3 por ciento. El resto es lo que se llama trastorno mental común, donde se sitúan los trastornos de ansiedad, las depresiones menos graves, las fobias, los trastornos de adaptación… Entre estos, las cifras son variables.

¿A qué se deben?

La visión más actual sobre los trastornos mentales es una conceptualización que se denomina enfoque biopsicosocial. Dicha visión empezó a desarrollarse en los años 70. Nos indica que hay una serie de dimensiones en la persona que inciden en la salud mental. Hay que tener en cuenta que algunos problemas tienen una predisposición familiar, es decir, hay detrás un carácter hereditario. También hay aspectos psicológicos que tienen que ver con el desarrollo de cada individuo. Cada persona vive con circunstancias distintas que condicionan su vida.  Por último, hay un aspecto social o ambiental que son las circunstancias que nos tocan vivir.  Las tres esferas de la persona están entrelazadas, la persona es una y hay que considerarla como tal. Lo que afecta en un lado acaba influyendo en otro.  Esto implica que la patología mental se trata de problemas complejos en los que influyen variables muy distintas. Es necesario tenerlos en cuenta en el abordaje de estas patologías.

¿Cómo se lleva a cabo el diagnóstico de las patologías psiquiátricas/neurológicas?

A nivel asistencial, en todo el país está disponible una red de atención de Salud Mental, que cuenta con dos componentes, uno extrahospitalario o ambulatorio, y otro hospitalario.  Cada red cuenta con distintos tipos de servicios en las diferentes unidades. A nivel extrahospitalario, hay dos grandes líneas de actuación. La primera es Atención Primaria. Está claro que cuando una persona tiene un problema de salud lo primero que hace es acudir a su médico de Atención Primaria. Aquí se hace una primera labor de cribado para distinguir las formas más leves o la más graves. Luego se dirige la atención hacia la red de Salud Mental, que es más especializada, o se mantiene la atención en la propia red de Atención Primaria.

¿Cuándo se deriva a Especializada?

En Especializada se evalúan y algunos pacientes se siguen tratando en la propia red de Salud Mental, y otros vuelven a Atención Primaria con una valoración y un tratamiento que puede ser seguido en dicho escalón de asistencia.  Ese es el esquema más habitual de funcionamiento. Ahora se está promoviendo la incorporación de psicólogos a Atención Primaria. Hasta ahora los psicólogos han estado en la red de Salud Mental para reforzar la capacidad de atención. Ahora se está proponiendo que se integren en Primaria. Es una medida que se está proponiendo y que todavía no está implementada.

¿Qué pueden aportar?

En la situación que estamos viviendo con el aumento de la prevalencia de la patología mental después de la pandemia pueden ayudar a reforzar la atención.  El desarrollo de la guerra tampoco creo que está ayudando mucho a salir de esta situación. La guerra produce el estado de ánimo descorazonador al ver todas las barbaridades. Se está dando la misma situación que pasó en la pandemia en la que la población está sometida a una sobreinformación. A esto hay que añadir el correlato económico de la guerra. Todavía estamos en fase de recuperación de la pandemia, de los confinamientos, del desempleo del miedo…

Las neurodegeneraciones, ¿cuándo se acompañan de patología psiquiátrica?

En las personas mayores hay tres grandes grupos de problemas.  Uno lo conforman las demencias, sobre todo el alzhéimer. Luego están los problemas de tipo depresivo y, en tercer lugar, los de tipo ansioso. Pueden ocurrir de forma independiente o darse a la vez en una misma persona.  También hay que considerar las personas a las que se les diagnosticó un trastorno mental cuando eran jóvenes y llegan a la vejez. Entre estos se encuentran las personas con esquizofrenia o con otro tipo de trastorno. En ocasiones, puede verse de forma conjunta personas con demencias que a su vez también tienen depresión. Además, se da en los dos sentidos. La depresión es un factor de riesgo para la demencia y la demencia para la depresión.  En aproximadamente en un 25 o 30 por ciento de los casos de demencia pueden aparecer también cuadros de tipo depresivo.

¿Cómo se lleva a cabo el manejo de estos pacientes? ¿Se trabajan de forma conjunta con AP y con Neurología?

Existen unos planes integrados donde está especificado el papel de cada especialidad. La coordinación funciona dentro de la relación normal que hay entre especialidades. Pensamos que debería haber una coordinación mucho más precisa y fluida.

En pacientes con párkinson, ¿es frecuente la patología psiquiátrica?

La depresión y de ansiedad es una complicación frecuente del párkinson. Un porcentaje bastante elevado también padece demencia.

¿La depresión y la ansiedad de estos pacientes se trata de forma conjunta?

Debería tratarse así, idealmente sí. En general, lo que suele ocurrir es que como estos pacientes están más vinculados al neurólogo es él el que aborda este tipo de problemas. Excepcionalmente, sobre todo en casos graves,  los enfermos de párkinson tienen con frecuencia trastornos psicóticos. En estos casos sí que se produce una derivación a Psiquiatría. Pero lo más frecuente es que los traten directamente los propios neurólogos.

A la hora de hablar con el paciente con patologías incapacitantes y degenerativas, ¿cómo hay que establecer esa comunicación para que pueda entender qué le pasa y cuál será su evolución?

Evidentemente, hay que proporcionar la información a cada persona que se encuentra en condiciones de entender y asimilar lo que le sucede. Para ello, hay que hacer una valoración individual para analizar concretamente el problema y ver cómo abordarlo y transmitirlo.  No solo es la comunicación directa; luego, hay que hacer un acompañamiento para que la persona pueda ir asimilando su diagnóstico.

¿Cómo hay que hacer ese acompañamiento?

Lo primero que hay que valorar es cómo la persona ha ido asimilando la noticia y ver las consecuencias a nivel psicológico que ha podido generar. Hay que ayudarle en las distintas fases de adaptación de esa noticia y de su realidad. Luego hay que irle ayudando en medidas más concretas, como adaptación del medio, de la vivienda y las ayudas que hay disponibles.  Una vez analizando cada caso habrá que pautar una serie de entrevistas donde se debe ir monitorizando el proceso para poder realizar un correcto seguimiento.

¿Qué papel tiene la familia del paciente?

En un porcentaje elevado de los casos, el cuidado recae en la familia. Se sabe que la atención de las personas con demencia o con trastornos y enfermedades neurodegenerativas produce una sobrecarga importante en el cuidador. Esa carga es un factor de riesgo para que el cuidador también pueda presentar síntomas de ansiedad o depresivos.  El cuidado es la pieza fundamental para que la atención a estos pacientes se preste adecuadamente. Con lo cual, hay que establecer un abordaje en el que se contemple a la vez el cuidador y la persona afectada. Eso es lo ideal. Hay que ir atendiendo a unos y otros para conseguir la mejor calidad de vida.

¿Se necesitarían más recursos para cuidar a estos pacientes?

Todo esto ha recaído tradicionalmente en la familia. Pero las familias son cada vez más escasas, con menos personas y más nucleares, solo los padres y los hijos. Ante la mayor necesidad de cuidadores, ahora faltan recursos.

¿Cómo se debe establecer este cuidado para mejorar su calidad de vida?

Hasta ahora las medidas que se han tomado son muy generales. Todavía queda mucho para ir aterrizando a situaciones concretas. Por ejemplo, la atención a los familiares depende mucho de cada profesional o de cada sitio. No hay una política común.

¿En qué tres pilares se deberían basar los planes del manejo de estos pacientes?

Un pilar muy importante sería el tratamiento correcto de la enfermedad y sus complicaciones, el segundo se basa en la adecuación del entorno y el tercero se debe centrar en el apoyo a las familias