El cribado de la diabetes se debe llevar a cabo desde todos los niveles asistenciales. Es necesario que los profesionales sanitarios realicen un adecuado cribado de diabetes en las personas de riesgo para disponer de un diagnóstico y tratamiento precoces, lo que disminuye las complicaciones a medio-largo plazo.

En relación con la diabetes mellitus tipo 2, se aconseja realizar un cribado en adultos asintomáticos, en los que tienen sobrepeso u obesidad (IMC > 25 kg/m2) con uno o más de los siguientes factores de riesgo: familiar de primer grado con diabetes, antecedentes de enfermedad cardiovascular (IAM, ictus, enfermedad arterial periférica), hipertensión arterial, colesterol HDL <35 mg/dL o triglicéridos >250 mg/dL, mujeres con síndrome de ovario poliquístico, sedentarismo y otros cuadros asociados a resistencia a la insulina (obesidad grave, acantosis nigricans), y en mujeres con diagnóstico previo de diabetes mellitus gestacional. También hay que prestar atención a la raza, ya que es más frecuente en latinos y en africanos. En el resto de los adultos, el cribado de la diabetes debe comenzar a los 35 años.

Detección en Primaria

El cribado de la diabetes debe hacerse con una analítica basal en ayunas alterada y se cribaría en un segundo análisis basal con glicada.

La mayor parte de los pacientes se diagnostican en Atención Primaria y allí se inicia el tratamiento, salvo que debuten con una complicación aguda.

Es importante establecer cuanto antes unas medidas higiénico-dietéticas adecuadas, e iniciar tratamiento con fármacos, dependiendo de la glicada, con uno o dos antidiabéticos orales.

Dependiendo del objetivo a alcanzar con ese paciente revisiones periódicas, unos 6 meses según establecen las guías.

Insulinoterapia

El tratamiento con insulina en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 puede ser transitorio o definitivo.

Este último se instaurará en pacientes con larga evolución de diabetes, cuyas células ß han perdido una parte importante de su capacidad secretora de insulina y en los que los antidiabéticos no insulínicos no son suficientes para mantener un control glucémico óptimo. También en los que por insuficiencia orgánica, intolerancia o efectos secundarios no puedan utilizar uno o más antidiabéticos no insulínicos.

Por su parte, la pauta de insulina será transitoria al diagnóstico en casos sintomáticos, HbAlc >10% o niveles de glucemia > 300 mg/dL o cuando haya contraindicación temporal de antidiabéticos orales, como ingresos hospitalarios, determinadas pruebas diagnósticas, enfermedades agudas intercurrentes…

Optarán a esta pauta transitoria de insulina los diabéticos tipo 2 que tengan una descompensación hiperglucémica o cetósica aguda en el contexto de enfermedades agudas intercurrentes (infecciones, IAM, ACVA…) o tratamiento con corticoides, traumatismos graves, cirugía mayor y embarazo.

Educación diabetológica

Los pacientes en tratamiento con insulina precisan una educación diabetológica adecuada, sobre la técnica de inyección, manejo y conservación de los dispositivos, monitorización de la glucemia, reconocimiento y tratamiento de hipoglucemias, titulación de dosis en casos de insulina basal y ajuste de dosis según glucemia e ingesta en la insulina rápida.

Existen diferentes preparados de insulina, lo que permite individualizar el tratamiento según las necesidades de cada paciente.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Endocrinología Oscar Moreno Domínguez, Zaida González Clavería y Sergio Tomás Fuentes Tudanca, del Hospital La Paz, de Madrid, e Isis Molina Mariscal, Francisco López Valenzuela, Jorge Eduardo Cabrera Cespedes y Cesar Augusto Carrasco Vidoz.