La disfonía espasmódica es un trastorno crónico de la voz por el cual el movimiento de las cuerdas vocales es tenso y forzado, lo que provoca una voz ronca, quebrada, tensa, temblorosa o entrecortada. Los espasmos o interrupciones vocales pueden causar afonía durante periodos puntuales de tiempo, mientras que en otros momentos la voz puede sonar casi normal. Esta es la definición realizada por la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (ASHA, por sus iniciales en inglés).

Por su lado, la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) calcula que la disfonía espasmódica afecta a 3-4 personas por cada 100.000 habitantes, y en España podría haber entre 15.000 y 20.000 pacientes. Si bien el origen de este trastorno todavía no está bien definido, los expertos creen que podría estar relacionado con alteraciones en los ganglios basales, infecciones de las vías respiratorias superiores, estrés o periodos de uso excesivo de la voz.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) señala que la valoración perceptual es básica en el diagnóstico, que debe ser realizado por un especialista en voz, como el otorrinolaringólogo. Entre las características principales está la voz entrecortada, los ‘enganches’ vocales, la tensión vocal, que puede ser prolongada o intermitente, y sin una frecuencia rítmica, característica que diferencia la disfonía espasmódica de los temblores vocales, de los cuales puede llegar a ser complicado diferenciarlas si no se cuenta con la experiencia adecuada.

También puede tratarse de una voz aérea intermitente cuando los espasmos producen la abducción de las cuerdas vocales. Las pausas de voz suelen producirse en sonidos determinados como la p y la t, seguidos de una vocal.

Tipos de disfonía espasmódica, según la SEORL

1. En aducción: afecta principalmente a los músculos tiroaritenoideos. Es la forma de presentación más frecuente, y afecta al 90 % de los casos, aproximadamente.
2. En abducción: los espasmos se producen en el músculo cricoaritenoideo posterior. La afectación puede ser mixta.

En la exploración laringoscópica se observan los siguientes signos en la disfonía espasmódica:
De aducción: aducción glótica brusca, intensa, arrítmica, con cortes de voz.
De abducción: abducción glótica nítida, brusca, incongruente, con cortes de voz.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la disfonía espasmódica, según la SEORL, es complicado, pero un especialista en voz puede realizar una evaluación de las cuerdas vocales y detectar posibles alteraciones en la voz y el habla. La disfonía espasmódica no tiene un tratamiento curativo en la actualidad, por lo que las terapias están enfocadas hacia la mejora de la producción de la voz y el habla de cada paciente de forma individualizada.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL) considera que el tratamiento que ha demostrado mejores resultados hasta el momento es la inyección de toxina botulínica en las cuerdas vocales. El bótox produce una denervación química del complejo aductor del tiroaritenoideo-cricoaritenoideo lateral en el caso de las aductoras, y del cricoaritenoideo posterior en las disfonías espasmódicas de abducción. En consecuencia, se reduce el número e intensidad de los espasmos y mejora la calidad de la voz.

Rehabilitación y atención psicológica

Por otro lado, los expertos recuerdan los beneficios de los complejos vitamínicos en la garganta: por un lado, la vitamina A repara y regenera los tejidos, mientras que la vitamina E ayuda a estimular las defensas. Asimismo, los expertos indican que el tratamiento debe incluir la rehabilitación de la voz, ya que existen técnicas de reeducación vocal que ayudan a mejorar la fonación y disminuyen los síntomas. Una vez se hayan conseguido estos objetivos y el paciente aprenda las técnicas necesarias para vivir con su trastorno de voz, puede ser de gran utilidad la atención psicológica y psiquiátrica.