El perfil lipídico de una persona se puede solicitar en situaciones de alto riesgo cardiovascular y/o en pacientes que hayan presentado algún evento cardiovascular, sobre todo un síndrome coronario. También se debe pedir a las personas que tengan arteriosclerosis en cualquier territorio y como cribado en la población general adulta. Dependiendo del nivel de LDL y el riesgo estimado del paciente, se establecerá el objetivo de LDL-colesterol a conseguir.

La dislipemia es el principal determinante del riesgo cardiovascular. Por eso, el perfil lipídico es la prueba de laboratorio más requerida para valorarlo. Tiene como objetivo conocer los valores LDL, HDL, VLDL, TG y colesterol total. Estas cifras permiten conocer el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y orientar el tratamiento para cada paciente. Se debe solicitar al menos una vez al año y dependiendo del nivel de LDL.

Reducir el colesterol

En este contexto, hay que tener en cuenta que el objetivo fundamental en el tratamiento de los pacientes con dislipemia es reducir el colesterol LDL. Las guías de hipercolesterolemia han cambiado los objetivos de LDL y han establecido unos valores más estrictos, ya que hay evidencias que demuestran que el LDL es un factor causal de eventos cardiovasculares por lo que se puede afirmar que cuanto más bajo sea el nivel de LDL y cuanto antes se consiga, mejor.

De esta forma, se establecen los siguientes valores de LDL en función del riesgo cardiovascular: riesgo muy elevado, una reducción > 50% y < 55 mg/dl; riesgo elevado, reducción >50% o <70 mg/dl; riesgo moderado, <100 mg/dl, y riesgo bajo, <116 mg/dl. Una vez alcanzados los objetivos de LDL, en los pacientes de muy alto riesgo se puede considerar unos objetivos secundarios de colesterol no-HDL 30 mg/dl superiores a los correspondientes al objetivo de CLDL)y de apoB <80 mg/dl. Las guías no plantean objetivos específicos para triglicéridos ni para cHDL.

Clasificación del riesgo cardiovascular

Las medidas terapéuticas que se deben implantar varían en función del riesgo cardiovascular. Así, para pacientes con riesgo cardiovascular bajo o moderado, lo primero que hay que hacer es implantar medidas higiénico-dietéticas, cambios en el estilo de vida y si fuera insuficiente tratamiento farmacológico de baja o media intensidad.

Por su parte, en pacientes con riesgo cardiovascular alto o muy alto, a la vez de los cambios en el estilo de vida, se debe intensificar el tratamiento farmacológico con estatinas de alta intensidad o plantearse pautas combinadas.

Seguimiento terapéutico

El empleo de fármacos, sea cual sea su naturaleza, exige contar con la posibilidad de controlar periódicamente la respuesta a estos, así como su tolerancia.

Cuando las estatinas de alta potencia a altas dosis (rosuvastatina 20 mg o atorvastatina 80 mg) no son suficientes para obtener el objetivo de LDL colesterol, se debe asociar ezetimiba 10 mg.

No obstante, antes de llegar a la mayor dosis tolerada de estatina es recomendable el uso de fármacos con diferentes mecanismos de acción, ya que es mucho más eficaz y seguro que aumentar dosis de estatinas.

Si con la asociación de estatinas de alta potencia (rosuvastatina o atorvastatina) más ezetimiba no es suficiente para conseguir el objetivo de LDL colesterol, se puede optar por asociar inhibidores de PCSK9.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Mónica Delgado Ortega, Ángela Montijano Cabrera, María Victoria Barragán Moriana, José Miguel Marín Pérez y Rafael Rodríguez Fernández, de Córdoba; Eugenio Manuel Gámez González, Antonio Lerma Domingo, José María Ila García, Antonio Cruz Gutiérrez, Abelardo Molina Molina y Juan José Martínez de la Torre, de Jaén; Juan Carlos Marti Canales, Elías Vicente Coagira y Marcelo Carmona Valiente, de Baeza, y Ileana Frías Prado, María de los Ángeles de la Nuez García, Edwin Osvaldo Garzón Burgos, Antonio Rivas Mena, Tania María Suarez García y Diana Elena González Álvarez, de Santa Cruz de Tenerife.