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La estimulación cerebral profunda (ECP) podría ser especialmente beneficiosa en pacientes con trastorno obsesivo compulsivo (TOC) crónico, severo y resistente al tratamiento. En esta población en concreto, “los potenciales beneficios de la ECP superarían los riesgos inherentes al tratamiento”. Son las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry, realizado por el Centro de Investigación Biomédica en Red Salud Mental (Cibersam), dependiente del Instituto de Salud Carlos III. El equipo coordinado por José Manuel Menchón, del Hospital Universitario Bellvitge de Barcelona, ha realizado este primer estudio prospectivo internacional multicéntrico. De forma específica, el trabajo ha sido diseñado para evaluar la seguridad y eficacia de la ECP del brazo anterior de la cápsula interna en pacientes afectos de TOC crónico, severo y resistente al tratamiento.

El grupo del Cibersam que lidera José Manuel Menchón en el Hospital de Bellvitge-Fundación IDIBELL desarrolla diversas líneas de investigación, y una de ellas se ha concretado en este estudio del TOC. Así, investiga los mecanismos neurobiológicos subyacentes, sobre todo los circuitos y estructuras implicadas en el TOC estudiados a través de la neuroimagen, y también los factores hormonales y genéticos. Desde la perspectiva clínica, desarrolla estudios de la respuesta a terapias específicas como la estimulación cerebral profunda.

Precisamente el perfil de seguridad de la ECP es un aspecto fundamental, puesto que se han observado efectos secundarios indeseables en su aplicación en otras patologías. Se trata de una terapia física que se emplea en el tratamiento de trastornos neurológicos resistentes al tratamiento, como el Parkinson. Se utiliza en el ámbito de la salud mental desde hace relativamente poco tiempo, y todavía no hay mucha información al respecto. En concreto, se emplea con determinados pacientes con TOC crónico, grave y resistente sin otras alternativas terapéuticas.

Resultados del estudio

Para esta investigación se recogieron los datos de 30 pacientes en ocho centros de Europa e Israel. Los resultados del estudio indican que la mayoría de los efectos secundarios son leves o moderados y reversibles con ajustes de la programación del neuroestimulador. Entre los efectos secundarios más frecuentes están las fluctuaciones de la clínica obsesiva que se derivaban de los ajustes de parámetros, siempre reversibles y transitorios.

Entre los efectos secundarios graves destacan como más frecuentes la aparición de síntomas hipomaníacos y los fenómenos comiciales. El 5 % de estos efectos persistieron durante el primer año del seguimiento, y el resto se resolvió en una media de 20 días.

La estimulación cerebral profunda mostró una tasa de respuesta del 60 % al año de tratamiento y una reducción media de la severidad de los síntomas del 42 % (medida con la escala Y-BOCS). En los pacientes considerados ‘respondedores’ también mejoraron otras medidas de salud como la presencia de síntomas depresivos y el nivel de salud y funcionamiento global.

 

Menchón et al. A prospective international multi-center study on safety and efficacy of deep brain stimulation for resistant obsessive-compulsive disorder. Molecular Psychiatry. 2019 Oct 29. doi: 10.1038/s41380-019-0562-6. [Epub ahead of print]