“La OMS se plantea que pueda  haber una segunda ola inminente. En realidad, aquí no ha habido una primera oleada, ya que fue abortada. Esto no es como hace cien años, que no se sabía ni que existían virus, ni como la gripe A, pero realmente hubo olas. Aquí, en Canarias con una incidencia de contagios entre 1 y 2% no ha sido una verdadera oleada y la tendencia natural es que se produzca algo más tarde; yo creo que pude darse en cualquier momento, en cuanto se baje el confinamiento; por eso digo que el rebrote podría ser ahora, en verano o, más probablemente en octubre”, explica a EL MÉDICO INTERACTIVO Pedro Pablo Jadraque, especialista del Hospital La Palma.

Jadraque se refiere a los diferentes modelos publicados en distintos centros de estudios de Londres donde planteaban la alternancia entre confinamiento, pequeña ola, confinamiento, pequeña ola y así durante 10 o 12 confinamientos, hasta que se alcanzase la famosa tasa de inmunidad comunitaria del 60%. “Esto mientras no haya una vacuna, o tal vez un tratamiento eficaz, una especie de quimioprofilaxis que podría ayudar también, porque al fin y al cabo el problema no es la existencia de la propia enfermedad, sino que se sature el sistema sanitario, que es cuando la mortalidad se dispara”, añade con contundencia.

Sobre si el calor, altas temperaturas y la alta radiación ultravioleta han podido ser la causa de que en las islas el coronavirus haya incidido menos, Pedro Pablo Jadraque  indica que “solo parcialmente, porque según los estudios realizados hasta los 40 grados no influyen mucho; la radiación ultravioleta igual un poco más”. Por el contrario, el doctor recalca que en Canarias lo que ha influido para que el coronavirus esté menos presente fue que cuando se declaró el estado de alarma las universidades habían cerrado una semana antes y los alumnos habían vuelto a casa; “a lo que se sumó que este año no hubo buen tiempo en Carnavales y en otras fiestas, por lo que hubo menos aglomeraciones que en otras ocasiones y menor contagio”.

La insularidad es un factor que desactiva el contacto externo, pero Canarias es un destino turístico de primer orden. ¿Por qué tipo de control abogaría usted como especialista? “En las recomendaciones europeas recién publicadas se aboga por las PCR en destino como la mejor opción, porque el sistema de encuesta al salir resulta ineficiente, del mismo modo que el sistema de toma de temperatura y la PCR en origen tampoco está claro que funcionen o no. Por eso, creo que la mejor estrategia sería realizar la PCR al llegar al destino y utilizar la aplicación APP que geolocaliza y permite una buena búsqueda de contactos. Para mí esa sería la mejor estrategia”.

Trabajando con rastreadores

En un lugar de tanto movimiento como Canarias, el doctor Jadraque reconoce que ya está llevándose a cabo el trabajo con los rastreadores. “En cada isla se han organizado de una forma específica. En Tenerife se ha hecho a través de los sistemas centinelas con los médicos de familia; y en Gran Canaria se ha creado un grupo de 50 personas que son quienes rastrean los casos. Si están bien compenetrados, cualquiera de los sistemas puede servir”.

Porque, en opinión de este epidemiólogo, el sistema de los rastreadores es el mismo que se utiliza para la tuberculosis, lo único que con otros ritmos “porque el periodo de incubación y el periodo de latencia son diferentes; pero más o menos, el sistema que se usaba ya es el que mejor funciona, aunque ahora haya crecido exponencialmente en recursos”, indica.

Muestra su satisfacción porque, aunque fuera en La Gomera donde se diagnosticó el primer caso de COVID-19, ahora es una isla libre de coronavirus. “La Gomera es una isla pequeña; aunque tiene turismo es moderado y solo recibe dos vuelos al día; en consecuencia, han hecho un buen control de toda la gente que entraba en la isla y eso les ha hecho manejarlo mejor”, subraya el especialista canario.

En cuando a si hay explicaciones para que quienes hayan sufrido las infecciones estén plenamente inmunizados o no, Jadraque se refiere a los grandes metaanálisis que están demostrando que el 99,9% tras pasar la COVID-19 están inmunizados. “La inmunidad cruzada parcial por otros virus está en estudio, pero probablemente ocurra como con la gripe, que se produce una inmunización parcial, como parece que ocurre con otros microorganismos. Pero es pronto aún para saber los efectos de la inmunidad cruzada provocada por otro coronavirus y hasta qué punto es eficaz o suficientemente eficaz, pero existir seguro que existe”.

Sin reinfectados

Considera que no hay pacientes reinfectados por el coronavirus, “sucede que por la forma específica de diagnóstico de esta infección, que es a partir de la PCR, en pacientes que han pasado la infección y por algún motivo que no está muy claro, pueden seguir excretando en sus fosas nasales restos de virus. Cuando se detectan, se cree que es una nueva infección, pero en realidad es que el cuerpo está terminando de excretar el resto de virus”, explica el especialista canario. “Creo que habrá portadores crónicos como en todas las enfermedades, pero dudo que una vez curado se vuelva a padecer la enfermedad”.

Desde el punto de vista epidemiológico, el especialista del Hospital La Palma explica que con el COVID-19 ha aprendido que es una enfermedad más y, por tanto, que hay que actuar sobre ella como con otras epidemias. “Es cierto que el impacto es muchísimo mayor, porque es nuevo y todos somos susceptibles, pero es el mismo sistema que se utiliza contra la tuberculosos, por ejemplo”, reflexiona.

”La Sociedad Española de Neumología ha comentado que las normas sobre las enfermedades de declaraciones obligatorias no se cumplen. Y lo primero que hay que darse cuenta es que el COVID-19 es de declaración obligatoria. Por eso, hay que ser muy estricto, tomárselo muy en serio y declarar todos los casos sospechosos”, recalca. “Luego están, claro, todas las medidas higiénicas, como la limpieza de manos, que antes se tomaban a la ligera con una media de adherencia a esta medida que solo llegaba al 40%, mientras que ahora si se hicieran mediciones llegarían al cien por cien”, dice con satisfacción.

Cree que con el COVID-19 se ha aprendido que las enfermedades de declaración obligatoria no es un papeleo para fastidiar, sino que tiene su utilidad y que las medidas de higiene recomendadas como usar mascarilla donde hay posibilidad de contacto y lavarse bien las manos tampoco son una molestia en el trabajo, “sino que también son muy eficaces en frenar el virus”.