Para el desarrollo de la investigación, llevada a cabo en la Universidad de California en Berkeley (UC Berkeley), en Estados Unidos y publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, el quipo utilizó imágenes funcionales de infrarrojo cercano (fNIRS) para monitorizar el cerebro de 95 adolescentes, de entre 15 y 17 años y residentes en zonas donde la fumigación con pesticidas organofosforados es común. Los autores realizaron pruebas de función ejecutiva, atención, cognición social y comprensión del lenguaje en los adolescentes.

Los jóvenes habían participado anteriormente en el estudio del Centro para la Evaluación de la Salud de Madres e Hijos de Salinas (CHAMACOS), un estudio longitudinal que examinó los efectos de los pesticidas en el desarrollo infantil y concluyó su relación con problemas de atención y un menor coeficiente intelectual.
Esta técnica utiliza luz infrarroja para monitorizar el flujo sanguíneo en la corteza del cerebro y permite ver directamente el impacto de la exposición a organofosforados, ha explicado Brenda Eskenazi, profesora de la Escuela de Posgrado en UC Berkeley y autora principal del estudio.

En este sentido, los investigadores observaron que los adolescentes con mayor exposición prenatal al pesticida tenían menor flujo sanguíneo en la corteza frontal cuando se enfrentaban a tareas de flexibilidad cognitiva y memoria visual de trabajo, y mostraron actividad cerebral alterada en el control ejecutivo. Sin embargo, tenían mayor flujo a los lóbulos parietal y temporal durante las pruebas de memoria de trabajo lingüística.

A pesar de los datos, los expertos han explicado que aún no está claro por qué la exposición al organofosforado se asocia con una menor actividad cerebral para algunas tareas y una mayor actividad cerebral para otras, aunque existen evidencias de comportamientos iguales en otras enfermedades, ha explicado Allan L. Reiss, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford (EE.UU).

El siguiente paso es repetir este experimento de imágenes cerebrales con los participantes que formaron parte del estudio de CHAMACOS para probar si se mantienen las asociaciones.