Los adipocitos en las capas profundas de la piel pueden sentir la luz, y cuando no se pasa el suficiente tiempo al sol, estas células se comportan de manera diferente, aumentando el riesgo de síndrome metabólico, según un estudio del Cincinnati Children’s Hospital Medical Center (Estados Unidos).

El estudio, publicado en la revista ‘Cell Reports‘, muestra que la exposición a la luz regula la forma en que dos tipos de células grasas trabajan juntas para producir las materias primas que todas las demás células utilizan para obtener energía. Los autores detallan que las alteraciones de este proceso metabólico fundamental parecen reflejar un aspecto poco saludable de la vida moderna: pasar demasiado tiempo en el interior.

“Nuestro organismo ha evolucionaron a lo largo de los años bajo la luz del sol, incluyendo el desarrollo de genes sensibles a la luz llamados opsinas. Pero ahora vivimos gran parte de nuestros días bajo luz artificial, que no proporciona el espectro completo de luz que todos recibimos del sol”, reflexiona el autor principal de la investigación, Richard Lang.

A pesar de la ropa, la luz sí entra en el organismo. Los fotones (las partículas fundamentales de luz) pueden disminuir su velocidad y dispersarse una vez que pasan las capas externas de la piel. Pero realmente entran, y cuando lo hacen, afectan el comportamiento de las células. “Esta idea de la penetración de la luz en el tejido profundo es muy nueva, incluso para muchos de mis colegas científicos. Pero nosotros y otros investigadores hemos estado encontrando opsinas localizadas en una variedad de tipos de tejido”, expone Lang.

En los últimos hallazgos, el equipo de investigación estudió cómo responden los ratones cuando se exponen a temperaturas frías, cerca de los 4º C. Ya sabían que los ratones, al igual que los humanos, usan tanto una respuesta de escalofrío como una respuesta interna quemando grasa para calentarse. Un análisis más profundo reveló que el proceso de calentamiento interno se ve comprometido en ausencia del gen OPN3 y de la exposición específicamente a una longitud de onda de 480 nanómetros de luz azul. Esta longitud de onda es una parte natural de la luz del sol pero solo se produce en niveles bajos en la mayoría de la luz artificial.

Cuando se produce la exposición a la luz, el OPN3 hace que los glóbulos blancos liberen ácidos grasos en el torrente sanguíneo. Varios tipos de células pueden utilizar estos ácidos grasos como energía para alimentar sus actividades. Pero la grasa marrón literalmente quema los ácidos grasos en la oxidación para generar calor.

Cuando los ratones fueron criados para que no tuvieran el gen OPN3, no se calentaron tanto como otros ratones cuando se les colocó en condiciones frías. Pero sorprendentemente, incluso aquellos que tenían el gen correcto no se calentaron cuando se expusieron a la luz que carecía de la longitud de onda azul.

Estos datos llevaron al equipo a concluir que la luz solar es necesaria para el metabolismo normal de la energía. Al menos en el modelo estudiado. Aunque los científicos sospechan que existe una vía metabólica dependiente de la luz similar en los humanos, necesitan completar otra serie de experimentos para probarlo.

“Si la vía de los adipocitos de luz-OPN3 existe en los humanos, hay implicaciones potencialmente amplias para la salud humana. En base a los hallazgos actuales, es posible que la estimulación insuficiente de la vía de los adipocitos del OPN3 de la luz sea parte de una explicación de la prevalencia de la desregulación metabólica en las naciones industrializadas donde la iluminación no natural se ha convertido en la norma”, concluyen los científicos.