La normalidad tras la COVID-19 o situación futura del sistema sanitario estará más basada en la tecnología. Será fundamental la figura del paciente activo y deberá haber una mayor inversión en Salud Pública, según explica a EL MÉDICO Rafael López Iglesias, miembro de la Junta Directiva de SEDISA.

¿Qué ha cambiado en la gestión y dirección sanitaria tras las diferentes olas de la COVID-19?

La COVID-19 ha supuesto un cambio global en el modo de vivir, en las relaciones humanas y en la sociedad en general. En el caso de la Sanidad, la pandemia vino sin manual de instrucciones y esto ha conllevado que todo el sistema de salud se vea trastocado: la asistencia, la gestión y la dirección sanitaria, la relación con los pacientes y los objetivos planteados de demoras, de eficiencia… Ha cambiado todo el modelo sanitario, que antes de la pandemia navegaba en un barco con la mar en calma, y nos hemos tenido que “poner a remar” en medio de una tormenta sin coordenadas, a veces a la deriva.

¿Cómo se ha evolucionado con las distintas olas?

Si analizamos la evolución desde la primera ola, hemos pasado de la autonomía de gestión en los centros y servicios regionales de salud a la centralización de las decisiones y, poco a poco, a la normalización en la gestión. Es decir, a como nos encontrábamos en este ámbito antes de la pandemia.  No obstante, también en el ámbito de la gestión, todo ha sido monopolizado por la COVID-19, de forma que hemos de recuperar el análisis, reflexión e impulso de la innovación y tendencias emergentes y novedosas en gestión sanitaria.

¿Qué fortalezas ha tenido y tiene la gestión para trabajar en estas situaciones?

Los directivos de la Salud han demostrado -y siguen demostrando- un enorme compromiso con el sistema de salud, con los profesionales sanitarios y con los pacientes, estando a la altura de la situación.  Han tenido y tienen una gran dedicación las 24 horas del día sin descanso durante toda la pandemia. Han puesto de manifiesto, asimismo, un gran liderazgo que se ha visto reforzado, pues gracias al esfuerzo realizado hemos podido ir saliendo del atolladero en el que estábamos inmersos.

¿Cuál ha sido el papel del directivo de la salud en la gestión de la pandemia?

Lo vivido durante la pandemia y el gran papel que han jugado los directivos de la salud nos aboca cada vez más en subrayar que se debe apostar por su profesionalización. Y es que, en definitiva, la “gestión también salva vidas”.

¿Qué es lo que ha fallado?

Principalmente, han fallado las relaciones institucionales, la coordinación y la comunicación entre las comunidades autónomas. Y ha faltado transparencia por parte de los que conocían cómo se estaba desarrollando la pandemia, lo que ha supuesto falta de información y de previsión, improvisación y ha generado incertidumbre, tanto en los profesionales como en los usuarios del sistema. También, hemos asistido a la falta de flexibilidad, a carecer de unos sistemas de información sólidos y coordinados, de coordinación entre niveles asistenciales y entre servicios sociales y sanitarios. Y, asimismo y muy importante, no teníamos una infraestructura sólida y eficiente en Salud Pública, algo que se ha visto crucial en la gestión de la pandemia. También ha hecho falta un poco de humildad para reconocer los errores.

¿Qué se puede aprender de la situación?

El aprendizaje es enorme. Como decía, la Salud Pública es fundamental ante amenazas como la pandemia ocasionada por la COVID-19. Hemos de reforzar su organización para hacerla más fuerte. Junto a ello, se pueden destacar otros aprendizajes, como la importancia de la autonomía de la gestión y la profesionalización de los directivos de la salud, y la necesidad de una mayor inversión en salud. El modelo sanitario futuro debe sustentarse en la coordinación y trabajo en equipo.

¿Qué papel han tenido las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la asistencia en tiempos de pandemia?

Han sido y son fundamentales. La pandemia ha supuesto la agilización en su implementación. No obstante, hay que destacar que nos ha cogido fuera de juego, ya que no había cultura tecnológica en los profesionales, en los usuarios, ni en las organizaciones; y tampoco una infraestructura adecuada y también desarrollada al nivel óptimo para afrontar las necesidades que se nos han presentado.

¿Cuáles son las áreas de la gestión que más se están beneficiando de ellas?

Desde el punto de vista general de la gestión, la digitalización potencia la toma de decisiones basadas en datos y, en consecuencia, basada en valor, por lo que todas las áreas se ven beneficiadas en este sentido, por la aportación que supone la medición de resultados en salud, la inteligencia artificial, la digitalización en la compra pública, en la innovación y la tecnología. Pero para que la aportación de la digitalización y las TIC sea eficiente necesitamos una visión e implementación estratégica, con un planteamiento y planificación a medio-largo plazo.

¿Qué área destacaría?

Un área que destacar es, sin duda, la atención a pacientes crónicos, en la que el uso de las TIC también se ha acelerado debido a la pandemia. Sin duda, la atención a los pacientes crónicos debe ser menos presencial y más digital, y esta tendencia se mantendrá en el futuro.

En este marco, ¿cómo percibe el usuario las teleconsultas?

Hay que hacer hincapié en que la teleconsulta está sobre todo implementada en la relación interprofesional de los diferentes niveles asistenciales más que entre profesional y paciente. Sobre todo, en el caso de la atención hospitalaria. En cuanto a la percepción por parte del paciente, depende de muchos factores como la edad, tipo de patología, el grado de dependencia, tipo de consulta (si es primera consulta, si son consultas de seguimiento o sucesivas), pero en general las percibe mal.

¿Cómo se puede cambiar esta tendencia?

Creo que el paciente quiere tener contacto con el profesional sanitario, hablar, tener una relación presencial. Por ello, es necesaria la educación sanitaria para que se vaya desarrollando esta relación más virtual con el profesional sanitario. Esto es algo que ha sucedido y sigue sucediendo, aunque la comparación no sea exactamente equiparable y salvando las distancias, con otros aspectos de la vida y en otros sectores sociales, como el comercio, la banca…

Entonces, ¿con una buena educación sanitaria se mejoraría la percepción de las teleconsultas?

Se debe potenciar la educación y la formación al paciente, desarrollando los autocuidados. A los profesionales se les requiere tener muy bien desarrollados los protocolos de cuándo y cómo se puede y se debe utilizar la teleconsulta, de forma que se establezca la metodología correcta para una atención sanitaria efectiva y, sobre todo, segura y fiable.

¿Cómo se puede mejorar su implantación?

Junto a lo comentado sobre la educación, la formación y la protocolización de su uso, se deben superar las barreras humanas y tecnológicas, desde una visión estratégica y a medio-largo plazo. Un primer paso puede ser la Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud, en la que la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) ha participado con aportaciones. Pero también es necesario invertir en tecnología y adaptar el funcionamiento y las infraestructuras a cada comunidad autónoma, salvando las diferencias de tecnología entre grandes ciudades y el medio rural.

¿Cómo se volverá a la normalidad asistencial?

La asistencia sanitaria no va a volver a ser nunca como antes de la pandemia si referimos el término normalidad al pasado. Caminaremos hacia el futuro, que sin duda será incierto. Esta normalidad o situación futura del sistema sanitario estará más basada en la tecnología, para lo que será fundamental la figura del paciente activo, y deberá pasar por una mayor inversión en Salud Pública. Además, habrá que trabajar para una coordinación más eficiente entre niveles asistenciales y entre servicios sanitarios y sociales, como sistemas esenciales dentro de la sociedad.

¿Qué aspectos de mejora destacables hay?

Junto a lo comentado, es necesario trabajar desde la eficiencia y la aportación de valor y el desarrollo de la atención a pacientes crónicos, sin olvidar un área muy sensible y perjudicada durante la pandemia como es la salud mental. Todo ello supone un camino importante de trabajo, pero debe ir acompañado obligatoriamente del compromiso y dedicación por parte de los políticos. Así, los profesionales, los pacientes y los directivos de la salud han estado y están a la altura de las circunstancias, frente a los políticos, que desde un punto de vista general, no lo han estado, en algunas ocasiones, alcanzando el nivel que se exige en una situación tan crítica como la que estamos atravesando. En situaciones de pandemia, pero también en general, se debe trabajar por encima de intereses políticos y, para ello, sería fundamental un pacto político por la Sanidad.

¿Cómo se puede abordar el refuerzo de Atención Primaria?

El refuerzo de la Atención Primaria es uno de los puntos sobre los que más trabajar en la mejora de un sistema sanitario sólido. Hay que invertir más euros per cápita en este ámbito, alcanzar la barrera del 20 por ciento dedicado a la Atención Primaria del presupuesto global para la Sanidad, con más profesionales, una reestructuración del modelo y crear nuevas competencias y roles. También pasa por la inclusión en Atención Primaria de figuras emergentes (trabajadores sociales, gestores de casos…), desde un punto de vista social que orienten a los pacientes sobre tareas burocráticas, liberando a los profesionales sanitarios de estas para contar con más tiempo para la asistencia sanitaria.

¿Cómo se va a manejar la posible falta de recursos en una nueva crisis económica?

Los presupuestos para Sanidad previstos por los gobiernos regionales, según las informaciones publicadas recientemente, aumentarán en 2022 respecto a 2021, si bien existen dos contrapuntos importantes. Por un lado, como Estado seguimos aún lejos de la inversión en Sanidad de otros países europeos. Por otra parte, seguirán existiendo diferencias importantes de inversión entre las comunidades autónomas. Pero más allá de la inversión, un tema muy preocupante en situaciones de falta de recursos es, entre otros aspectos, la falta del desarrollo de la innovación en gestión, de puesta en marcha de nuevos proyectos y de la calidad y la seguridad del paciente, en los que la pandemia ha supuesto un gran freno y que, en gran medida, han sido ubicados en el olvido y que hay que retomar.