Las personas que tienen presión arterial elevada a largo plazo presentan mayor riesgo de enfermedad de la válvula aórtica (AVD, por sus siglas en inglés): problemas con la válvula que controla cómo se bombea la sangre desde el ventrículo izquierdo del corazón hacia la arteria principal, la aorta.

En un estudio de 5,4 millones de adultos en Reino Unido, publicado en ‘European Heart Journa’, los investigadores encontraron que por encima de una presión arterial sistólica de 115 mmHg, cada 20 mmHg adicionales se asoció con un 41 por ciento por ciento más de riesgo de estenosis aórtica (AS, por sus siglas en inglés) y un 38 por ciento más de riesgo de regurgitación aórtica (AR) más adelante en la vida.

En comparación con las personas que tenían una presión arterial sistólica de 120 mmHg o menos, las que presentaban una presión arterial sistólica de 161 mmHg o más tenían más del doble de riesgo de ser diagnosticadas de AS y casi el doble de probabilidades de ser diagnosticadas de AR durante el seguimiento.

Los hallazgos sugieren que controlar la presión arterial, incluso a niveles por debajo del umbral actualmente definido para la hipertensión de 140/90 mmHg, puede ser una forma de prevenir estas afecciones. “Estos hallazgos sugieren colectivamente que AS y AR podrían ser parcialmente prevenibles con implicaciones potenciales en las guías de práctica clínica para la prevención de la enfermedad cardiovascular en general y la valvulopatía cardiaca y la hipertensión en particular”, escriben los autores del artículo.

AS es una enfermedad en la que la válvula que se abre y se cierra cuando se bombea sangre del ventrículo izquierdo se estrecha y se endurece debido a la acumulación de calcio. Cuando esto sucede, la válvula no funciona de manera efectiva, lo que dificulta que el corazón bombee sangre al resto del cuerpo. La AR ocurre cuando la válvula no se cierra adecuadamente, permitiendo que parte de la sangre regrese al ventrículo izquierdo.

Cardiopatías valvulares graves, no sólo por el envejecimiento

Durante un tiempo promedio de seguimiento de más de nueve años, 20.680 (0,38 por ciento) de los 5,4 millones de pacientes en el estudio fueron diagnosticados con AS solo y 6.440 (0,12 por ciento) fueron diagnosticados con AR solo. La edad promedio en el momento del diagnóstico fue de 64 años y 57 años para AS y AR respectivamente.

Los investigadores, dirigidos por Kazem Rahimi, subdirector y profesor asociado de Medicina Cardiovascular en el Instituto George para la Salud Global de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, analizaron los datos de registros de salud electrónicos de ‘UK Clinical Practice Research Datalink’ de enero de 1990 a diciembre de 2015.

La base de datos CPRD contiene datos de pacientes anónimos de 674 servicios de medicina general en Reino Unido. Los pacientes incluidos en este análisis tenían entre 30 y 90 años, y ninguno sufría enfermedades cardiacas o vasculares conocidas en el momento de la medición de la presión arterial más temprana.

Se tomaron un promedio casi siete mediciones de presión arterial por paciente durante el periodo de estudio, lo que ayudó a estimar mejor la presión arterial real del paciente. La capacidad de recopilar datos durante un largo periodo de tiempo, combinado con la gran cantidad de pacientes, hace que este sea el primer estudio lo suficientemente sustancial como para investigar el vínculo entre la presión arterial y la valvulopatía aórtica y cómo cambia con la edad y con diferentes niveles de presión arterial, según los autores.

El profesor Rahimi dice: “El estudio muestra que las cardiopatías valvulares graves que son comunes en la vejez no se deben simplemente al envejecimiento. La exposición prolongada a la presión arterial alta es un factor de riesgo fuerte y potencialmente modificable para la estenosis aórtica y la regurgitación en todos los niveles de la presión arterial típica, no solo en aquellos clasificados como hipertensos.

Y concluye: “La presión arterial debe considerarse como un factor de riesgo importante para la enfermedad valvular aórtica, de la misma manera en que pensamos que la presión arterial elevada es un factor de riesgo para la enfermedad aterosclerótica. El estudio sugiere que las asociaciones son causales, pero esto requiere una confirmación adicional”.