La actual pandemia ha supuesto un cambio en la gestión de los hospitales, en la realización de pruebas y, en definitiva, en la atención del paciente. “La imposibilidad y dificultad para la realización de pruebas de función respiratoria ha complicado el seguimiento de los pacientes respiratorios en general, y de los asmáticos en particular”, ha destacado la doctora Andrea Trisán Alonso, del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, que ha concedido una entrevista a EL MÉDICO INTERACTIVO.

Esta particularidad junto con la dificultad para acceder a las consultas médicas por mayor riesgo de contagio al asistir a los centros sanitarios, son -a juicio de esta especialista- los principales problemas con los que se han encontrado los pacientes asmáticos en los meses que llevamos de pandemia.

Cambios en Neumología

En general, “esta situación ha obligado a reestructurar por completo la continuidad asistencial de cualquier especialidad, incluida la Neumología en todas sus áreas. Al inicio de la pandemia, casi todo se centró en el manejo de los pacientes con COVID-19, salvo las urgencias médicas y quirúrgicas, comenzando a restablecerse de forma paulatina la actividad normal a finales de mayo”, indica la neumóloga.

“En casi todos los hospitales, prácticamente el 90% de profesionales sanitarios fueron reasignados a zonas COVID cesando su actividad habitual”. No obstante, las urgencias, tanto de Neumología como de otras especialidades, siguieron siendo atendidas, a diferencia del resto de actividad que se paralizó casi por completo, dice la doctora Trisán.

Además de los cambios en el devenir habitual de los centros sanitarios, en algunos casos, explica la doctora, se implementó el uso de aplicaciones móviles, monitorización domiciliaria de función pulmonar, administración de fármacos biológicos en domicilio y teleconsulta, sobre todo en pacientes crónicos y estables, intentando minimizar las visitas presenciales.

En el caso de la telemedicina, “tal y como se ha demostrado en varios estudios, en casos seleccionados puede ser útil a la hora de optimizar los recursos sanitarios disminuyendo el número de visitas, asegurando el seguimiento y mejorando el control y la adhesión terapéutica de los pacientes con asma”.

Paciente asmático y COVID-19

Centrándonos en el paciente con asma y su exposición en la pandemia: “los estudios realizados hasta el momento parecen señalar que los pacientes con asma no tienen mayor riesgo para sufrir infección por la COVID-19 que la población general. Aunque hay diversas teorías al respecto, como puede ser el posible efecto protector de la terapia con esteroides inhalados, aún está por determinar cuál es la posible causa de esta menor prevalencia”, destaca la doctora Trisán.

“A diferencia de lo que se podría haber pensado en un primer momento, los pacientes con asma grave, y en especial los que hacen tratamiento con fármacos biológicos, han tenido una menor incidencia de COVID-19 que aquellos con asma más leve”.

En cuanto a los pacientes con asma que han padecido la infección por COVID-19, la neumóloga indica que han experimentado la misma sintomatología que los pacientes sin asma y han tenido una evolución de la enfermedad similar. “Los asmáticos que han precisado ingreso eran, sobre todo, pacientes con asma mal controlado y que no realizaban tratamiento de mantenimiento y/o tenían una mala adhesión al mismo”, explica. En cuanto a su evolución, ha sido también similar que la del resto de los pacientes “y, a priori, no parece que vayan a tener más secuelas radiológicas ni funcionales”, concluye.

Mascarillas y problemas respiratorios

Otro de los problemas que se les ha planteado a los pacientes con asma ha sido el uso de la mascarilla de forma continuada. A juicio de la neumóloga, en realidad, “la mayoría de pacientes lo que pueden notar es una sensación subjetiva de falta de aire, lo que no conlleva una disminución de la oxigenación en sangre ni un descenso de la capacidad pulmonar”.

Una consideración que ha derivado en que en el BOE del 19/05/2020 se publicase una Orden del Sistema Nacional de Discapacidad (Orden SND/422/2020) por la que se exime del uso de mascarillas a aquellas personas que presenten algún tipo de dificultad respiratoria que pueda verse agravada por la utilización de la misma, como puede ser el caso de las personas con asma, “aunque lo recomendable es que la utilicen si su tolerancia es aceptable”, dice la doctora Trisán.

En ese sentido, nos dice que “no es mejor exponerse al virus, ya que no utilizar mascarilla para evitar una exacerbación de asma o EPOC es una estrategia de la que no se dispone evidencia, mientras que sí está demostrado que protegen del contagio por la COVID-19”.

De hecho, referencia una reciente publicación en la revista European Respiratory Journal, donde varios médicos expertos de España, Reino Unido, Australia, Canadá y EE. UU., que han revisado la evidencia disponible sobre la utilización de mascarillas en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, concluyen que eximir a estos pacientes del uso de mascarillas carece de fundamento.

Recomendaciones

Finalmente, en cuanto a las recomendaciones que deben tener en cuenta los pacientes con asma frente a la COVID-19, la especialista reseña que “deben seguir las mismas que la población general para disminuir el riesgo de contagio: lavado frecuente de manos, disminuir las relaciones interpersonales innecesarias, mantener distancia de seguridad, evitar contacto con personas que tengan síntomas de infección respiratoria, etc.”.

Asimismo, incide en que es recomendable el uso de mascarilla y “se aconseja no suspender ni modificar ninguno de los tratamientos que estuviesen realizando previamente para el asma, incluida la terapia biológica”, subraya. En ese sentido, también destaca que el tratamiento de la crisis de asma durante la pandemia no difiere del manejo habitual, “deberán seguir las mismas indicaciones que en crisis anteriores”.