Las estatinas son el grupo de fármacos de elección en los pacientes con hipercolesterolemia. Actúan inhibiendo la enzima Hidroximetil glutaril CoA reductasa que controla la producción de colesterol en el hígado. La individualización del tratamiento permite un mejor control.

Los estudios han demostrado que disminuyen el riesgo de desarrollar un infarto de miocardio y reducen la mortalidad total. Dependiendo de la estatina y de la dosis empleada se logran reducciones en el c-LDL entre un 25 a 58 por ciento.

Habitualmente, cuando se duplica la dosis, no se duplica el efecto en la disminución del c-LDL, sino que se consigue una reducción adicional de solo entre un 6 o un 8 por ciento. Durante el tratamiento se debe realizar periódicamente una analítica con el fin de valorar la función hepática y el control de las cifras de cLDL.

Individualización

Es necesario individualizar el tratamiento partiendo del cLDL basal, marcar unos objetivos de control y calcular qué reducción necesita el paciente para estar controlado en función de su riesgo cardiovascular y sus factores de riesgo.

La práctica de escalar las estatinas duplicando su dosis sigue, por lo general, lo que se denomina la regla del 6 por ciento; es decir, se obtiene un descenso promedio adicional del colesterol LDL del 6 por ciento al duplicar la dosis de cualquier estatina.

Por razones de eficacia hipolipemiante, en función de las cifras de colesterol LDL del paciente ya tratado con estatinas y la distancia al objetivo recomendado para su nivel de riesgo se puede optar por elegir un fármaco de acción sinérgica frente a duplicar la dosis y/o cambiar a estatinas más potentes.

Combinación

Cuando se requieran descensos entre el 50-60 por ciento del c-LDL para lograr los objetivos se puede conseguir con monoterapia de estatinas más potentes, como son la atorvastatina y la rosuvastatina, a las dosis máximas o bien con estatinas de moderada intensidad en combinación con ezetimiba. Si es preciso conseguir descensos por encima del 60 por ciento es necesario utilizar terapia de muy alta intensidad, con atorvastatina o rosuvastatina a dosis máximas en combinación con ezetimibe 10 mg. Cuanto antes desciendan los niveles de LDL, más bajos sean y se haga de la forma más rápido, mejor. Hay que ser agresivos e ir a una mayor individualización, mayor control y así conseguir reducir la morbimortalidad.

Intervenciones globales

La dislipemia es uno de los principales factores de riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular. Por eso, las intervenciones terapéuticas deben dirigirse a tratar el riesgo cardiovascular y no exclusivamente el colesterol. La introducción de las estatinas como fármacos hipolipemiantes en el tratamiento de las dislipemias ha supuesto un gran avance en la prevención cardiovascular.

Es importante la evaluación global del riesgo cardiovascular de los pacientes para adecuar el tratamiento a los objetivos específicos del c-LDL para cada categoría de riesgo. En la elección final de un fármaco determinado y su dosificación hay que considerar siempre los tratamientos concomitantes, la tolerancia, el estado clínico del paciente y sus preferencias, haciéndolo copartícipe de las opciones terapéuticas existentes como mejor forma de mejorar la adherencia y de evitar caer en la inercia clínica.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Nacho Segura Laborda, Julio Ortiz Tudanca, Joseph Villena Venero y Alvaro Merino Otermin, del Hospital Palmaplanas; Ángel Lluis Carrillo Pujol, David Pedrico Ferre y Domingo Ribas Segui, de Reus, Tarragona, y María Antonia Pascual Abrines, Primitiva Gonzalez Montiel, Miguel Puigserver Colom y Rosa Cortes Serra, del Centro de Salud Es Blanquer, Inca.