La adherencia terapéutica es un problema habitual hoy en día, sobre todo en pacientes pluripatológicos, con síndromes metabólicos o patologías cardiovasculares. La primera aproximación que se debe hacer para detectar la adherencia terapéutica es la anamnesis dirigida, intentando averiguar si el paciente refiere disconformidad con la pauta indicada o con la propia medicación. Muchas veces se tiende a culpabilizar al paciente porque no cumple con la medicación indicada, pero la forma ideal de conseguir que el paciente sea sincero respecto a su realidad es realizando una aproximación desde un punto de vista más comprensivo.

En muchos casos, la falta de adherencia se debe a la escasa información sobre la relevancia de la patología, por lo que es importante, aunque ya se haya hecho con anterioridad, recordarle el motivo y la importancia del cumplimiento terapéutico. También hay que sospechar escasa adherencia en los pacientes pluritratados, por lo que se debe intentar disminuir, en la medida de lo posible, la polifarmacia, favoreciendo el uso de fármacos con principios activos combinados.

Aunque la anamnesis es la primera aproximación, el método que sin lugar a duda ofrece una información más ajustada a la realidad suelen ser las analíticas o los métodos directos de valoración; por ejemplo, la evolución del peso en la obesidad o la disminución de la presión arterial en la hipertensión arterial. En el caso de la hipercolesterolemia, el principal factor a valorar es la evolución del perfil lipídico en la analítica de sangre. En ocasiones se observa que la disminución del LDL es menor al esperado para la potencia del fármaco utilizado, aunque existen pacientes menos respondedores, la causa más frecuentemente asociada en la práctica clínica habitual es el incumplimiento terapéutico.

Detectar la falta de adherencia

A la hora de detectar a los pacientes con problemas de adherencia terapéutica, se cuenta con varias herramientas, como son la receta electrónica, la información  proporcionada por los familiares o a través de niveles plasmáticos, según que fármacos se toman. Es importante identificar al paciente con más probabilidad de dificultades en la adherencia terapéutica, como son los ancianos con poco soporte familiar, pacientes con escaso nivel cultural, con rechazo/banalización de su patología, con adicciones o enfermedades mentales y polimedicados.

Desde el punto de vista práctico, en función del perfil del paciente será distinta la estrategia para conocer la adherencia e intentar que recuerden todo su tratamiento y su patología, en su defecto, el número total de pastillas que toman. Hay que comprobar la retirada de las recetas en la dispensación de farmacia, disponible al acceder al plan de medicación ambulatorio y preguntar a la familia cercana. En caso de no alcanzarse objetivos de colesterol, diabetes o hipertensión, hay que incidir específicamente en posibles olvidos, abandonos temporales de tratamiento o incorrecta dosificación.

Comunicación con el paciente

Para asegurar la veracidad en su receta electrónica, hay que establecer una adecuada comunicación con el paciente y dar a conocer las consideraciones sobre el proceso, buscar el acuerdo, ofrecer alternativas y comprobar que el paciente está de acuerdo. Por eso, la entrevista debe ser abierta, dejando que el paciente hable para no inducir respuestas afirmativas ante la enumeración de fármacos. También se pueden realizar preguntas indirectas, como pueden ser: ¿se ha olvidado alguna vez las pastillas?, ¿toma las pastillas siempre a la misma hora?, ¿cuándo se encuentra mal/bien deja de tomarlas? La información de los familiares también es importante.

Con respecto a la intervención farmacéutica en el paciente no adherente, hay que tener en cuenta varios aspectos, como son la estratificación del paciente, centrar y dirigir la información relacionada a las dificultades para el cumplimiento por parte del paciente, informar sobre la importancia de lograr objetivos para evitar las complicaciones en morbilidad y mortalidad, concienciar que aunque es una patología asintomática hay que tratar y no se debe abandonar el tratamiento, informar bien a los familiares para una correcta administración de fármacos y correcto tratamiento, dar a conocer la importancia grave que tiene no seguir bien el tratamiento con ejemplos de pacientes que no hayan seguido su adherencia e intentar hacer un seguimiento lo más riguroso posible.

Seguimiento

El seguimiento debe hacerse acorde a las necesidades del paciente y valorando la importancia de gravedad, siempre y cuando los valores de seguimiento desde que se empieza el tratamiento hasta la próxima revisión sean óptimos y logren objetivos. En caso de no tener unos valores, se debe hacer un estudio del paciente para conocer si ha hecho y seguido bien el tratamiento, comprobando si ha tomado toda la medicación y si ha seguido las pautas establecidas. Es importante hacer partícipe al cónyuge o familiar mas cercano para poder corroborar la información, que debe incluir la fecha de inicio de tratamiento y los tiempos establecidos de revisión que se introducen en su historial para que su registro sea lo más claro posible y se pueda determinar si el tratamiento pautado es el correcto.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Josep Mª Abella, Luís Segura, Fiorella Palmas y Belén Dalama, de Barcelona, y Esther Sanz Girgas, Ramón de Castro Aritmendiz y Ana Carrasquer Cucarella, del Hospital Joan XXIII, de Tarragona.