Durante la mesa de gestión clínica del XXXIX Congreso de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), celebrado del 21 al 23 de noviembre en Burgos, uno de los temas abordados fue el abuso de los medicamentos. “La sociedad en la que vivimos piensa que hay un medicamento para cada problema. Es mucho más cómodo quedarse en el sofá y tomar un comprimido”, ha incidido Cristina Roure, directora de farmacia integral del Consorcio Sanitario de Terrassa, en Barcelona.

El problema, según Roure, incrementa con la cronicidad. “Tenemos al 75 por ciento de nuestros ancianos tomando más de diez fármacos. Por encima de cuatro fármacos, se incrementa el riesgo de efectos adversos y, por encima de ocho, se cuadruplica”.

Asimismo, la experta ha denunciado que “no tenemos el conocimiento puro para tomar decisiones. Cuando aplicamos la evidencia, la aplicamos no siempre centrándonos en la persona y en su contexto”. Y manifiesta que existe falta de calidad y transparencia en la investigación, además del sesgo en la información que reciben los profesionales.

Necesidad de una Medicina menos disruptiva

Roure ha expuesto que las guías de práctica clínica funcionan en personas jóvenes y con pocas enfermedades, pero, a medida que avanza la comorbilidad, resulta difícil aplicarlas. Y pone como ejemplo un estudio que analiza la aplicación de diversas guías en personas crónicas: “en una mujer de 79 años, con cuatro enfermedades crónicas, las guías estipularían 12 medicamentos y 19 tomas diarias. Esto no hay quién lo soporte. Necesitamos una Medicina menos disruptiva, que encaje mejor en la vida de los pacientes”, ha hecho hincapié.

Actividad física: más indicaciones que cualquier fármaco

En su opinión, la población está afectada por hábitos de vida pocos saludables, “pero no creo que lo tengamos que solucionar con medicamentos, ya que más del 50 por ciento de los mayores de 45 años son candidatos a hipertensivos en Estados Unidos, y el 40 por ciento de los niños en España tiene obesidad. Si vamos a medicar todo esto, vamos hacia la medicación masiva”, recalca.

Para la especialista, la solución es el ejercicio. “La actividad física es la inversión con más retorno en salud para cualquier persona: tiene más indicaciones que cualquier fármaco, la dosis necesaria es modesta, solo 30 minutos diarios, tiene una eficacia similar o superior a la de los fármacos, y más segura y barata”, explica.

Transformación del sistema

Por su parte, Julio Mayol, director médico del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, ofreció una charla sobre medicina de precisión en la que expuso los cinco problemas del sistema: variabilidad no deseada de la calidad, efectos adversos, desperdicio de recursos sin beneficio, desigualdades e inequidades y fracaso en la prevención de enfermedades prevenibles.

Ante esto, “hay tres impulsores potentes del cambio, que son los pacientes, puesto que la información les es accesible; la actualización del conocimiento y el desarrollo TIC”, comenta Mayol, quien considera que la transformación del sistema pasa por un nuevo modelo de práctica (pasar del servicio al valor), una nueva forma de pensar y una nueva tecnología, la digitalización.

El director médico del Hospital Clínico San Carlos considera que los sistemas de información actuales no responden a las necesidades. “Es necesario cambiarlo para hacer inteligencia de negocio. Es decir, necesitamos saber lo que pasa con los pacientes en tiempo real, y eso requiere reconfigurar los modelos de historia clínica. Con los de ahora, basados en paquetes cerrados, no sirven para la medicina individualizada”. Además, “tenemos que empezar a hacer guías clínicas computarizadas. Nos ayudan a tomar decisiones y es una manera de educar a los residentes”.

Por último, el presidente de la SEMI, Antonio Zapatero, le planteó a Mayol el problema del abuso de pruebas diagnósticas. A ello, Mayol consideró que en lo que no se está educando a los estudiantes es en el manejo de la incertidumbre. “Lo queremos arrasar todo (pidiendo todas las pruebas) y tenemos tanta información que nos paralizamos porque no sabemos cuál de esas pruebas tenemos que interpretar. Tenemos que empezar a gestionar la incertidumbre”, añade.

Cambio cultural en atención al paciente frágil

Ana Castañeda, de la unidad de Pacientes Frágiles del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, en Móstoles (Madrid), expuso el cambio cultural que han introducido en su unidad para ayudar a este tipo de pacientes. Un cambio cultural que pasa por fomentar el ejercicio, ya que hay estudios que muestran que caminar durante la hospitalización mejora el transcurso de la fragilidad. “Lo que hemos hecho es implicar a todo el personal para prevenir la fragilidad”, matiza.

Esta implicación pasa por estimular la deambulación, animar a las familias a que colaboren, fomentar la autonomía y contar con una sala de terapia ocupacional, entre otras medidas. “A los seis meses del inicio de la unidad, analizamos qué estábamos haciendo y vimos que los pacientes frágiles que ingresan en nuestra unidad se van antes del hospital que en uno convencional de Medicina Interna, pierden capacidad de deambulación solo el 2,2 por ciento frente al 21,7 por ciento de hospitalización convencional, y la mortalidad es menor”, apostilla la especialista.