El asma bronquial es una enfermedad inflamatoria crónica multifactorial por lo que resulta imprescindible conocer bien su etiología. Uno de los aspectos que más influye en ese sentido es la interacción entre los factores genéticos y ambientales que pueden llegar a condicionar la evolución de esta patología respiratoria. Por un lado, la herencia genética en el asma puede condicionar su desarrollo, así como de la respuesta terapéutica. Y, por otro, los factores ambientales tienen su impronta en la evolución de la enfermedad y en las exacerbaciones.

En este contexto, los factores ambientales inciden en el desarrollo del asma actuando sobre individuos genéticamente predispuestos de manera que los propios genes interactúan con los factores ambientales.

“Esta interacción da como resultado un fenotipo determinado que permite que los pacientes que presentan múltiples mutaciones que predisponen a padecer asma necesiten una menor exposición a los factores ambientes para desarrollar los síntomas de la enfermedad que los individuos que portan pocas mutaciones”, tal como explica el doctor Francisco Javier Carmona Fuentes, médico de Urgencias y Emergencias en Servicio Andaluz de Salud.

El asma tiene una clara predisposición familiar de manera que es más frecuente el desarrollo de asma en un niño si sus padres son asmáticos, asegura el especialista. De hecho, “estudios con gemelos han revelado que la heredabilidad del asma es de un 60%, aproximadamente. Por lo tanto, el 40% restante depende del ambiente, aunque en la práctica todos los individuos que padecen asma han recibido una exposición ambiental adecuada y la totalidad de dichos individuos estén predispuestos genéticamente”, incide.

Un enfermedad poligénica

Ahondando en este aspecto, el doctor Carmona destaca que no hay que olvidar que estamos ante una enfermedad que no depende de un único gen, sino que es poligénica. “El patrón de herencia del asma no sigue el modelo clásico de herencia mendeliana característico de los desórdenes originados por un solo gen sino que el asma sigue un patrón de herencia similar al observado en las enfermedades genéticas complejas”, asevera.

La doctora María Elena Torres Pelegrín, médica del C. S. La Nucia, añade que hay que tener presente que “la existencia de múltiples genes con efectos aditivos (poligenia) que interaccionan con factores ambientales (mecanismo poligénico multifactorial), puede causar no sólo la constitución atópica sino la patología derivada de ella”.

Se ha avanzado mucho en el conocimiento de los factores genéticos del asma. En este contexto, la especialista apunta a un trabajo sobre genética y alergia que revela que, “aunque hay genes candidatos distribuidos por todo el genoma, ciertas regiones de los cromosomas 5, 6, 11 y 14 contienen genes responsables en la susceptibilidad para el asma y la hiperreactividad bronquial, y en los que se observan polimorfismos que podrían representar factores de riesgo”[1].

Asma y exacerbaciones

El asma se produce por una interacción entre factores genéticos vinculados a una predisposición para desarrollar la enfermedad y el entorno ambiental en el que se desenvuelve el paciente. Sin embargo, explica el doctor David Del Pozo, médico de Urgencias del Hospital de Alta Resolución de Utrera, existen factores desencadenantes de las crisis asmáticas que pueden alterar el buen control terapéutico del paciente. Entre ellos están el ejercicio físico, las infecciones respiratorias, la rinitis, el humo del tabaco, la exposición a aerosoles, la sinusitis y la toma de determinados fármacos, entre otros.

Por tanto, en el manejo del asma una parte importante del tratamiento se va a centrar en la actuación sobre los factores desencadenantes de la enfermedad a fin de evitarlos. La mayoría de los factores de riesgo que propician el desarrollo de la enfermedad son intrínsecos y, por tanto, no son modificables, mientras que los desencadenantes de los síntomas y las crisis son, principalmente, extrínsecos; de ahí la necesidad de diferenciarlos.

“El conocimiento de los primeros nos permite evitar y prevenir la aparición de esta enfermedad crónica, evitando así todas las consecuencias negativas que trae para el organismo de quienes la padecen tanto en las crisis y exacerbaciones agudas como las consecuencias a largo plazo”, indica la doctora Torres Pelegrín.

Los desencadenantes de los síntomas del asma son los que producen la inflamación en personas con asma, pero que no lo hacen en personas no asmáticas. “Dichos desencadenantes pueden ser por alergenicidad (en cuyo caso únicamente causará problemas en pacientes alérgicos expuestos a los alérgenos a los que están sensibilizados) o por irritación/contaminación (cuando no hay mecanismo alérgico subyacente)”, añade la doctora.

Principales factores de riesgo

En los mecanismos que ocasionan la inflamación bronquial intervienen diferentes células y mediadores inflamatorios que hacen que sea complejo. Por tanto, el riesgo de padecer asma va a venir determinado por esa interacción mencionada entre la predisposición genética y las exposiciones ambientales a partículas inhaladas.

Por mencionar los factores de riesgo más relevantes a tener en cuenta en el desarrollo de la enfermedad, el doctor Carmona referencia: factores del propio individuo como antecedentes familiares, atopía o predisposición para tener alergias, menarquia precoz, obesidad, hiperreactividad bronquial, o rinitis; factores perinatales; factores ambientales; y fármacos.

En cuanto a los factores específicos relacionados con la aparición de exacerbaciones, el especialista señala los alérgenos domésticos y ambientales, los profesionales, las infecciones respiratorias, el esfuerzo físico, las condiciones ambientales y las meteorológicas adversas, el humo del tabaco, algunos alimentos y aditivos, el estrés, el reflujo gastroesofágico y el embarazo y la menstruación.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Alberto León Marín, David del Pozo Guisado, Carlos Bascou Caram, Francisco Javier Carmona Fuentes, Jorge Pedraza, Leticia Pascual Pacheco, Luisa Delia Piña Ferreras, María Elena Torres Pelegrín y María Isabel Herreros Álvaro.

 

Referencias

[1] Ballesta F. Genética y alergia. Vol. 26 Núm. 3, páginas 81-119 (mayo 1998). https://www.elsevier.es/es-revista-allergologia-et-immunopathologia-105-articulo-genetica-alergia-13003901