La utilización continuada de mascarilla empeora la evolución del ojo seco moderado o grave, ya que modifica la estabilidad de la lágrima, según han comprobado especialistas en Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. La función protectora de la lágrima se ve alterada por el uso habitual de la mascarilla, una situación que se produce desde el comienzo de la pandemia por la COVID-19.

Las principales conclusiones de este proyecto se han recogido en el estudio Effect of Face Mask on Tear Film Stability in Eyes With Moderate-to-Severe Dry Eye Disease’, publicado en la revista Cornea, The Journal of Cornea and External Disease.

El ojo seco afecta más a las mujeres, en situaciones como el embarazo y la menopausia, o si toman píldoras anticonceptivas entre otras. Además, la incidencia es mayor en las personas mayores de 50 años, puesto que la producción de lágrimas suele disminuir con la edad. Se calcula que más del 30% de las personas mayores de 60 años tiene problemas de ojo seco.

Los síntomas más habituales son:

  • Malestar en los ojos.
  • Sequedad ocular.
  • Escozor.
  • Sensación de cuerpo extraño.
  • Visión borrosa transitoria.

Estabilidad de la película lagrimal

Pedro Arriola-Villalobos, oftalmólogo de la Unidad de Superficie e Inflamación Ocular del Clínico, ha sido el primer firmante del estudio. “Por primera vez, nuestra investigación ha demostrado el efecto de la mascarilla en la estabilidad de la película lagrimal en pacientes con ojo seco moderado o grave”, ha comentado.

Según ha informado el Hospital, se trata del primer estudio en la literatura científica que demuestra los efectos del uso de la mascarilla durante la pandemia en personas con ojo seco. Investigaciones anteriores ya habían relatado la impresión clínica de empeoramiento en el ojo seco por llevar la boca y la nariz cubiertas; sin embargo, no se había probado la afectación sobre la película lagrimal.

Datos del estudio

El estudio ha incluido la información de 31 personas de entre 31 y 80 años. Para testar la sequedad del ojo, se han hecho dos medidas de la estabilidad de la lágrima a través de un sistema no invasivo. La primera medida se ha tomado con la mascarilla puesta, mientras que la segunda se ha hecho diez minutos después de quitársela.

Estos pacientes habían llevado la mascarilla como mínimo media hora antes de la primera medición. Los controles se han realizado en condiciones de salubridad ocular, con una temperatura de 20ºC y una humedad relativa del aire del 40-50%, en una habitación aislada y ventilada entre cada participante.

Evaporación más rápida

La oftalmóloga Bárbara Burgos, otra de las autoras del estudio del Clínico San Carlos, ha comentado que “el uso continuado de mascarilla afecta a la estabilidad de la lágrima ocular, ya que se evapora más rápidamente. Esta situación aumenta la condición de sequedad ocular en casos moderados o severos”, como ha demostrado el estudio publicado en Cornea.

Por su parte, Pedro Arriola ha aconsejado a estos pacientes que intensifiquen su tratamiento, teniendo en cuenta que el cubrebocas seguirá siendo obligatorio durante cierto tiempo, al menos en espacios interiores. “Es necesario incrementar la frecuencia del empleo de tratamiento con lágrimas artificiales en pacientes con ojo seco”, ha indicado.

Además, el experto ha recomendado fijar bien la mascarilla sobre el puente de la nariz. “La lágrima se evapora antes debido al movimiento ascendente del aire sobre la superficie del ojo. En consecuencia, se reduce la lubricación de la superficie ocular y disminuye la función lubricante de la lágrima”.

Aumento de las patologías oculares

Desde el inicio de la pandemia por la COVID-19, los expertos han observado un incremento de la incidencia de los problemas oculares, en algunos casos asociados a la mascarilla, como una mayor irritación, ojo rojo y lagrimeo. Otros factores de riesgo son el uso de lentillas o una dieta con bajo contenido de vitamina A.