La diabetes tipo 2 presenta un componente de origen genético –algunos autores estiman que el riesgo puede llegar a casi el 50%– por lo que una persona con antecedentes familiares tiene un mayor riesgo de sufrirla. Además, su aparición está asociada, en la mayoría de los casos, con hábitos de vida poco saludables. Esto hace que seguir una dieta rica en grasas y la falta de una práctica habitual de ejercicio físico incrementa la probabilidad de presentar obesidad.

De ahí que la mayor reducción del riesgo de padecer diabetes se haya alcanzado mediante intervenciones basadas en programas de cambios de estilo de vida encaminados a perder peso y a la práctica de ejercicio físico regular.

Como muestran la mayoría de los estudios, la prevalencia de DM2 para hombres y mujeres son diferentes, tanto a nivel de morbilidad, y de grado de control y complicaciones, como a nivel de mortalidad. El sentido de esta relación sitúa a las mujeres en una peor situación que a los varones, observándose además que, cuanto más baja es la posición socioeconómica, mayor es la probabilidad de presentar DM2, peor el control de la enfermedad y mayor la frecuencia de complicaciones.

También diversos trabajos epidemiológicos llevados a cabo han revelado una importante diferencia en la prevalencia de diabetes mellitus 2 entre las distintas poblaciones y grupos étnicos. Las variaciones en la incidencia entre los distintos grupos pueden ser explicados, en parte, por diferencias subyacentes en determinados factores de riesgo ambientales.

La persona diabética es un paciente con riesgo múltiple que precisa de un control estricto de todos los factores de riesgo cardiovascular: hiperglucemia, HTA, tabaquismo y dislipemia. El importante papel que la obesidad ejerce en la DM2 se pone de manifiesto por la correlación entre el grado de sobrepeso en diferentes países y la frecuencia de esta enfermedad. Y es que alrededor del 80% de DM2 son diabéticos. El riesgo de desarrollar la patología aumenta de forma progresiva tanto en varones como en mujeres a medida que incrementa el grado de sobrepeso, fenómeno debido, al menos en parte, a la disminución de la sensibilidad a la insulina a medida que el peso se incrementa.

La hipertensión, dos veces más frecuentes en diabéticos

La hipertensión es unas dos veces más frecuente en la población de diabéticos que entre las personas libres de la enfermedad. El control de la hipertensión es importante en la DM2 no solo porque supone un factor de riesgo cardiovascular de importancia, sino también porque acelera las complicaciones microvasculares como la nefropatía y la retinopatía.

El manejo inicial sería estableciendo medidas higiénico-dietéticas y posteriormente fármacos antihipertensivos, siendo de elección en primer lugar los inhibidores del sistema renina angioatensina y posteriormente diuréticos y bloqueantes de los canales del calcio.

El sedentarismo es otro de los indicadores que predice el desarrollo de DM2, posiblemente debido a que el ejercicio actúa aumentando la sensibilidad a la insulina y previniendo la obesidad. Recomendar la práctica de ejercicio en las consultas, caminar como paradigma, hacerlo de una manera reglada es una de las intervenciones más eficaces y coste-efectivas de la práctica profesional. Hay estudios muy conocidos que subrayan que el ejercicio regular puede bajar el riesgo de diabetes a menos de la mitad en pacientes de alto riesgo.

El consumo de alcohol es también un hábito de riesgo  ya que se absorbe y metaboliza en el hígado. Por ello, el principal riesgo de la ingesta de alcohol en una persona con diabetes es sufrir una hipoglucemia. El estrés es asimismo otro de los muchos factores que pueden interferir en el control glucémico, fundamentalmente mediante 2 mecanismos: de forma directa mediante la liberación y acción de hormonas contrarreguladoras que tienden a aumentar los niveles de glucosa e indirectamente mediante el deterioro de la calidad de vida y de las conductas de autocuidado.

Dieta y ejercicio, fundamentales en el plan terapéutico

Dieta y ejercicio son la base fundamental del plan terapéutico y, en algunos pacientes, la única intervención necesaria. Los objetivos de la alimentación del diabético son: proporcionar un buen estado nutricional y contribuir a prevenir y tratar las complicaciones, tanto agudas como crónicas.  Una alimentación correcta conseguirá estos objetivos al ayudar a alcanzar la normalidad bioquímica (glucemia y lípidos plasmáticos, minimizar fluctuaciones de glucemias postprandiales y conseguir y mantener el mormopeso).

Entre las medidas a adoptar figuran la de optimizar la relación médico-paciente, así como realizar intervenciones para mejora del autotratamiento y abordar la angustia que genera la diabetes. Y remitir a salud mental en caso de depresión, estrés generalizado que altere la vida personal y laboral, ansiedad, depresión, trastornos alimenticios y aquellas situaciones que alteren gravemente el control de la enfermedad.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Francisco Laudo Tesan, Carlos Isanta Pomar, Fernando Gutiérrez Moreno, del (C.S. Bombarda, de Zaragoza); Alfredo Herranz Alfaro, Isidro Fle Pinilla, José Antonio Urbistondo Blasco del (C.S. Delicias del Norte, de Zaragoza); María Victoria Donet Yagüe, Juan Ignacio García Hervas, José Vicente Lozano Vidal, José Nova Álvarez, Pascual Llop Uso del (C.S. Serrería II, en Valencia). Y con los doctores especialistas en Medicina General, Mari Ángeles Lloret Mayor, Joaquín López Moreno, Ángel Brazales Marcos, Ignacio Verdu Jorda y Mari Ángel Arroyo Sebastián, de Alicante.