En la mayor parte de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y de cerebro, a pesar de tratarse de patologías crónicas, es posible intervenir mediante terapias  conductuales, es decir, modificando nuestros hábitos de vida y favoreciendo comportamientos más saludables. Todo esto redundará, probablemente, además de en nuestro beneficio y confort, en el beneficio de los que nos rodean. Es decir, nuestro comportamiento, nuestra conducta saludable, también se extienden a las personas que tenemos cerca. Así lo ha explicado durante su conferencia “Corazón y cerebro”, Valentín Fuster, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), del Instituto Cardiovascular, Physician in Chief del Mount Sinai Medical Center de Nueva York y recientemente elegido presidente del Consejo Asesor de Sanidad. El experto se ha referido a la integración de corazón y cerebro a nivel genético, de tecnología de imagen y de conducta.

El doctor Fuster se muestra convencido de que tenemos un problema en la sociedad que nos lleva a la enfermedad, y es el de la conducta; en consecuencia, propone “cambiar nuestra conducta global con respecto a la salud”. Pero, si dos terceras partes de la enfermedad se sucede en países de economía media o baja, considera necesaria igualmente la responsabilidad social.

Entre las prioridades a tener en cuenta en cuanto a seguridad, el cardiólogo destaca la inseguridad desde el punto de vista médico del mundo en que nos movemos o los cambios que se suceden en los virus y que les hace resistentes; y en lo referente a productividad, sugiere prestar mucha más atención a mujeres y niños y promover la salud cardiovascular. También, entrar en los primeros estadios del cáncer, logrando prevenir su avance mediante la identificación temprana. Para que todo esto sea posible, el experto aboga por las infraestructuras: investigación, apasionamiento y financiación.

Valentín Fuster mantiene que en la actualidad existe un cambio radical: “estamos empezando a hablar de salud, que es mucho más económico que hablar de enfermedad. Tenemos que seguir avanzando en la enfermedad, pero sin olvidarnos de lo que es más económico”, y puntualiza lo que según él es una paradoja: que conozcamos más las bases científicas de la enfermedad que las de la salud.

La exposición del doctor Fuster ha tenido lugar durante la jornada ‘Medicina Genómica en patología cardiovascular y neurodegeneración’ que este jueves se ha celebrado en Madrid dentro de la 13ª Reunión Internacional sobre Investigación Traslacional y Medicina de Precisión, organizada por Fundación Instituto Roche en colaboración con el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y el Instituto de Investigación Sanitaria del citado hospital (IIS-FJD).

Para el experto, la genómica es actualmente fundamental para los estudios poblacionales tanto cardiovasculares como aquellos innovadores que relacionan la enfermedad cardiovascular con la neurodegenerativa.

Revolución

La Medicina Personalizada de Precisión o Genómica supone una “revolución” que cambia el paradigma asistencial y ofrece un nuevo enfoque en el abordaje de muchas enfermedades. Si bien su aplicación es ya una realidad, en las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas está aún en fases incipientes. Así lo ha asegurado Carmen Ayuso, jefa del Departamento de Genética del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (FJD) y directora científica del Instituto de Investigación Sanitaria-FJD, quien considera que se necesita una regulación y una ordenación de los conocimientos, y se muestra esperanzada en que la Estrategia Nacional de Medicina Genómica que se está debatiendo en la actualidad, vaya en esa dirección. Por su parte, Consuelo Martín de Dios, directora gerente de la Fundación Instituto Roche, ha recordado que algunos países de nuestro entorno “ya han comprendido la importancia de contar con una Estrategia Nacional que permita aplicar esta nueva forma de ejercer la Medicina de manera homogénea y equitativa para todos los ciudadanos”.