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La oxitocina influye en el trastorno límite de la personalidad (TLP), según una serie de investigaciones dirigidas por José Luis Carrasco, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid y jefe de la Unidad de Trastorno de la Personalidad del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Este proyecto se ha realizado con 53 personas, de entre 18 y 55 años. Los pacientes han sido diagnosticados de TLP con severidad de moderada a alta, con una disfunción psicosocial significativa.

El TLP, que afecta al 4 por ciento de la población, se caracteriza por un cuadro de reacciones afectivas intensas con déficits cognitivos sociales e interpersonales. Una de las principales conclusiones del proyecto que ha dirigido José Luis Carrasco ha sido que los pacientes con trastorno límite de la personalidad presentan niveles plasmáticos de oxitocina significativamente más bajos que la población general.

Los autores de la investigación han recordado que la oxitocina desempeña un papel fundamental en la interacción social de las personas. Por ello, la identificación de este problema permite comprender mejor los problemas de relación interpersonal del paciente con TLP.

Asimismo, este hallazgo ha supuesto una nueva vía de investigación para el desarrollo de tratamientos farmacológicos y abordajes psicológicos innovadores, según José Luis Carrasco.

Principales síntomas del trastorno límite de la personalidad

  1. Relaciones interpersonales inestables.
  2. Autoimagen distorsionada.
  3. Cambios frecuentes del estado de ánimo, de las opiniones, etc.
  4. Conductas impulsivas, como gasto excesivo, consumo de sustancias, sexo sin protección o conducción temeraria.
  5. Comportamiento suicida y automutilación.
  6. Los casos graves de estrés también pueden provocar episodios psicóticos breves.

 “Un estado puntual”

“El trastorno límite de la personalidad no es una forma de ser, sino un estado puntual. El paciente no es un TLP, tiene TLP”, ha puntualizado José Luis Carrasco. En este sentido, ha dicho que este trastorno “no tiene por qué durar toda la vida, sino que puede curarse con un buen tratamiento farmacológico y psicológico”.

De hecho, “un paciente con TLP puede llevar una vida normal con una buena terapia integral y personalizada”. Según ha indicado, el 50 por ciento de los pacientes con TLP graves se curan totalmente, y este porcentaje es mayor en los casos leves. “Algunos pacientes más graves se curarán parcialmente, pero la mejoría será relevante. Además, la familia aprenderá a manejar mejor el trastorno”, ha concluido.