La situación de pandemia actual ha cambiado la manera de hacer medicina. En Ginecología y la Obstetricia, como en todas las disciplinas, los profesionales sanitarios se han tenido que adaptar por la vía de urgencia a la nueva situación sin dejar de atender aquellos casos que precisaban de atención sanitaria urgente. Una atención que se ha apoyado mucho en las nuevas tecnologías y que ha requerido de difíciles elecciones siempre pensando en ofrecer la mejor atención en unas circunstancias extremas.

En Madrid, una de las primeras decisiones que tomó el Gobierno regional tras decretarse el confinamiento fue el de centralizar las urgencias de Obstetricia o Ginecología, así como el servicio de Neonatología, en cuatro centros de referencia: La Paz, el Gregorio Marañón, el 12 de Octubre y el Puerta de Hierro-Majadahonda. Para conocer cómo ha cambiado el abordaje de esta especialidad desde el mes de marzo hasta la actualidad y conocer los aprendizajes que está dejando esta pandemia, en EL MÉDICO INTERACTIVO hemos hablado con el doctor Alberto Galindo, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital 12 de Octubre de Madrid.

¿Qué circunstancias llevaron al ejecutivo madrileño a optar por el 12 de Octubre como centro de referencia para las urgencias de la especialidad y qué ha supuesto a nivel organizativo?

Este centro hospitalario es uno de los más grandes de Madrid y ya ha demostrado su capacidad para acometer desafíos de esta magnitud, como se comprobó con el atentado del 11M, cuando el hospital atendió de forma ejemplar. Esto podría haber motivado la decisión de las autoridades sanitarias.

En relación a lo que ha significado, sin duda, ha sido un gran desafío que sabíamos que el hospital era capaz de asumir, pero también que ha puesto en riesgo a todos los profesionales sanitarios, que se ha resuelto con una elevada tasa de contagios afectados por la atención a pacientes con coronavirus. La pandemia ha hecho que los hospitales se hayan convertido en centros casi monográficos de la COVID-19, lo que ha propiciado el desplazamiento de otras patologías tanto en atención como en recursos, obligando, de alguna forma, a elegir a qué pacientes se atendían.

¿Cuáles son las principales urgencias que han tenido que atender en estas circunstancias?

Desde el punto de vista cuantitativo, hemos visto una reducción importante en el número de urgencias que han venido al hospital. Por un lado, se eliminaron todas las urgencias por procesos banales, ya que las pacientes optaban por no venir al hospital al considerar que era ponerse en riesgo de infección. Es decir, solo han venido las urgencias verdaderas y reales.

Por otro lado, muchas urgencias eran clínicas sugestivas de coronavirus. De hecho, en la primera fase hemos asistido a muchas embarazadas que han sido ingresadas con neumonía, algunas de ellas bastante graves que, incluso, han requerido cuidados intensivos. Sin embargo, en esta segunda fase, hemos tenido muchos menos casos y son pocas las mujeres que han necesitado ingreso. Afortunadamente, podemos decir que no hemos tenido que lamentar ningún caso de fallecimiento por coronavirus en el ámbito de nuestra especialidad, aunque sí hemos atendido casos muy graves.

¿Cómo se han gestionado los embarazos y los partos en esta situación?

Hemos intentado hacer una actividad obstétrica lo más semejante posible a la que ya se venía haciendo, intentando no poner en riesgo ni a la madre ni al hijo. Por lo tanto, se han realizado todos los controles habituales, pero incrementado y tomando muchas más precauciones.

En cuanto al control del embarazo cuando la situación del parto estaba lejana, se ha hecho mucha teleconsulta, sobre todo en el caso de embarazos de bajo riesgo. Consultas a distancia en las que se interrogaba a la paciente con las cuestiones de rigor y si la consulta era satisfactoria y tranquilizadora, se anotaban los datos en la historia clínica y se la citaba para una segunda visita, esperando que ya se pudiera celebrar en una situación normalizada y presencial.

En los casos de gestación, de alguna manera hemos tenido que seleccionar qué visitas eran estrictamente necesarias para ser de forma presencial intentando combinarlas con las virtuales. Y en la atención al parto, estos se han atendido cuando han surgido tomando la precaución de que si se trataba de una paciente positiva en SARS-Cov-2 los sanitarios se protegían de la manera adecuada.

¿Se han infectado más las pacientes embarazadas que otras mujeres? ¿Son o han sido un perfil de especial riesgo?

No está demostrado que el propio embarazo contribuya a aumentar la capacidad de que la paciente se infecte. Probablemente influyan otros aspectos y no tanto la gestación en sí misma. Quizás, y tampoco está claro, puede que el embarazo contribuya a que haya un perfil de mayor gravedad cuando las infecciones se dan al final de la gestación. Pero no contamos con mucha evidencia al respecto.

Debemos pensar que las pacientes, habitualmente, son personas jóvenes y ese perfil es más protector, pese a no estar exento de tener formas graves incluso mortales de coronavirus. Pero el hecho de que las pacientes sean más jóvenes justifica que no se den casos tan graves en este subgrupo de población.

¿Qué cosas ha cambiado la pandemia en la atención de su especialidad?

Han cambiado muchas cosas. Durante todos estos meses hemos tenido que hacer un ejercicio de adaptación continua y permanente según la situación sanitaria nos lo exigía; y no hay un aspecto de la especialidad que no se haya visto alterado. Concretamente, en las consultas, sobre todo con el primer estado de alarma, tuvimos que recurrir a las teleconsultas que pusimos en marcha en tiempo récord para que nuestras pacientes no quedaran desatendidas. Siempre pensando en que había pacientes ginecológicas y obstétricas que durante algún tiempo, no de forma permanente, podían ser atendidas de forma telefónica con el fin de constatar que estaban en buenas condiciones. En el momento en el que la situación lo requería se le hacía venir al hospital con las convenientes medidas de precaución para atenderla presencialmente.

En aspectos puramente hospitalarios, se restringió mucho el acompañamiento de familiares, aunque luego se permitió a las pacientes obstétricas el acompañamiento de la pareja. Y en el caso de las pacientes ginecológicas, en la primera fase de la pandemia limitamos las cirugías a pacientes que, sin tener el coronavirus, tuvieran procesos oncológicos. La patología benigna quedó pospuesta para recuperarla en un momento más seguro para los pacientes y los profesionales. Si bien es cierto que se instaló un cribado preoperatorio obligatorio mediante PCR a todas las pacientes de procesos ginecológicos. En el momento en el que se detectaba un positivo se cancelaba la cirugía -salvo algunas urgencias-, ya que se demostró que pacientes operadas en fase aguda de proceso de coronavirus tenían mayores tasas de complicaciones postoperatorias.

También quiero destacar que estamos en un centro universitario e investigador y, pese a las dificultades que hemos tenido, se ha hecho un gran esfuerzo por mantener de forma viva y activa tanto la labor docente del centro, haciendo uso de la tecnología con clases online, como la parte investigadora. Una vez más, el 12 de Octubre ha demostrado estar a la altura de las circunstancias.

Ha hablado de la telemedicina como una solución sanitaria. ¿Ha venido para quedarse?

Sin ninguna duda. Este es un caso en los que debemos decir que no hay mal que por bien no venga. De esta pandemia vamos a salir reforzados en algunos aspectos y la telemedicina es uno de ellos. Tenemos que intentar ser más eficientes. Nos hemos dado cuenta de que hay pacientes ginecológicas y obstétricas a las que no tenemos que verlas ni tan a menudo ni presencialmente. No olvidemos que la presencialidad en el hospital no solo es un trastorno para el paciente que no tiene la movilidad ni la capacidad de desplazamiento, sino que puede suponer un riesgo adicional.

Hacer las visitas telefónicas alternando con las presenciales es algo que no supone ningún problema para muchas pacientes y puede mejorar la atención. La Obstetricia de bajo riesgo y la reproducción asistida son candidatas a tener parte de las visitas de forma telemática.

Parece que la atención ginecológica requiere de una mayor intimidad para la paciente. ¿Esto se puede ver alterado con la telemedicina?

Creemos que la intimidad en ningún momento se ha visto menoscabada intentando siempre que la paciente que habla con nosotros tuviera el acompañamiento oportuno y que no fuera en momentos en los que no estaba en una situación anómala.

¿Se ha vuelto ya a la normalidad en el hospital? ¿Se volverá alguna vez?

A día de hoy la práctica clínica ha cambiado y probablemente este cambio se perpetúe. La telemedicina ha llegado para quedarse y dudo que este cambio sea reversible. Probablemente no sea tan llamativa e importante como en las fases iniciales de la pandemia, pero va a tener un nicho importante como en otras especialidades médicas.

En cuanto a la actividad médica dentro del hospital, tardará mucho en normalizarse. Evidentemente, el personal sanitario como la sociedad tiene miedo del coronavirus y este tardará en desaparecer, por lo que todas las medidas de protección, cribado sistemático y otras prevenciones es algo que se va a mantener durante mucho tiempo.