Joaquín Estévez Lucas, presidente de la Fundación Española de Directivos de la Salud, recuerda que la gestión sanitaria profesionalizada es la herramienta válida para construir y planificar el futuro.

¿Qué consecuencia ha tenido y está teniendo la pandemia en los directivos de la salud?

El trabajo ha sido muy duro y con una gran presión desde muchos frentes. Ha quedado patente que es necesaria la profesionalización de los directivos de la salud, su defensa como profesionales. Porque la pandemia repercutirá de forma negativa en el relevo generacional de los directivos. Por ejemplo, en muchas comunidades autónomas, el directivo ni siquiera tiene reconocida la carrera profesional, cuando, sin embargo, asume una responsabilidad muy extensa e importante, sobre todo en las crisis sanitarias. También ha quedado claro que la gestión sanitaria profesionalizada es la herramienta del directivo de la salud, por la materialización de la profesionalización y por dotar de las herramientas formativas necesarias para el desarrollo profesional continuado. Además, ese compromiso, en mayúsculas, conlleva el compromiso con los profesionales, con el sistema, con la sociedad y con los pacientes. En definitiva, con la salud.

¿Qué hemos aprendido en este año?

Tenemos un sistema sanitario bueno, pero la pandemia ha puesto de manifiesto que tiene deficiencias y un largo recorrido de mejora. En un primer momento, ya quedó patente la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica y los sistemas de salud pública. Hubo coordinación entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, si bien esa coordinación debería haber sido más sólida y efectiva.

¿Qué aspectos han sido más negativos?

La falta de solidez de los sistemas informativos ha repercutido en desfases de la información y en la no existencia de conocimiento a partir de esos resultados, y la falta de un sistema basado en resultados en salud ha repercutido en que, al igual que situaciones normales, no se han medido resultados de salud ni de gestión sanitaria desde un punto de vista cualitativo.

¿Cuáles son susceptibles de mejora?

También ha quedado patente la necesidad de darle a la Atención Primaria, que ha realizado una gran labor, un papel estratégico en el modelo de atención sanitaria. Pero hay que hacer reformas en profundidad en los siguientes aspectos: buen gobierno y autonomía de gestión; recursos humanos y profesionales; Atención Primaria y comunitaria; salud pública; investigación, I+D+i, medicamentos y vacunas; transformación digital; coordinación de los servicios sanitarios y sociales; política farmacéutica y reserva estratégica; financiación sanitaria, y transformación del modelo de atención sanitaria.

¿Cómo se perfilan las directrices en términos de gestión para mejorar la asistencia?

Las organizaciones sanitarias han demostrado una gran capacidad de trabajo, como grandes unidades de gestión clínica multidisciplinares, gracias a la autonomía de gestión que se han visto obligadas a adquirir por la situación de crisis. Y el trabajo se ha realizado con calidad y eficiencia. En este sentido, la crisis sanitaria es una oportunidad para la reinvención de las organizaciones sanitarias. Es el momento de dejar atrás los equipos estancos, la falta de coordinación de niveles asistenciales, el hospitalocentrismo y el no apostar por la telemedicina, entre otras cosas. Pero, para ello, necesitamos dotar a las organizaciones de una mayor flexibilidad y autonomía de gestión.

¿Cuál ha sido el papel de los directivos de la salud en la coordinación y manejo de la situación actual?

Los directivos de la salud han realizado y están realizando un gran trabajo junto a los profesionales sanitarios y no sanitarios de las organizaciones sanitarias, tratando de gestionar recursos materiales y humanos con los que se cuentan de la forma más eficiente y desde la calidad asistencial. Sin embargo, muchas veces, la sociedad y las instituciones sanitarias se olvidan de reconocer la labor de los directivos de la salud que, en sus diferentes niveles y cargos directivos, deben liderar equipos, procesos, trabajos, con la calidad y la eficiencia requeridas y con el paciente y el sistema sanitario en el punto de mira.

En este sentido, ¿cuáles son las prioridades en cuanto a la formación de directivos?

Formación y experiencia son las claves de la profesionalización de los directivos de la salud y de la gestión sanitaria y, más que nunca, serán fundamentales, teniendo en cuenta la crisis sanitaria que estamos viviendo. Como he comentado, repercutirá de forma negativa en el relevo generacional de los directivos, que ya se encontraba muy complicada de forma previa a la COVID-19. En este marco, SEDISA está trabajando en el proyecto de desarrollo profesional continuado, AvanzaDPC, cuyo objetivo final es crear un sistema propio de certificación de competencias técnicas y competencias transversales, habilidades directivas.

¿Cómo redunda la formación en el manejo de las situaciones vividas?

En los momentos de crisis sanitaria, términos como evaluación, gestión por procesos, interoperatividad, resultados en salud, gestión del talento, integración sociosanitaria o transformación digital pasan a un segundo plano, pero en la formación y en la experiencia de los directivos de la salud están siempre presentes y aportan un gran valor ante las crisis y alarmas sanitarias e impulsan en todo momento —con crisis y en situaciones normales— tan necesario liderazgo.

¿Está reconocida su labor?

Muchas veces la sociedad y las instituciones sanitarias se olvidan de reconocer la labor de los directivos de la salud que, en sus diferentes niveles y cargos directivos, deben liderar equipos, procesos, trabajos, con la calidad y la eficiencia requeridas, con el paciente y el sistema sanitario en el punto de mira. Y es que, la gestión sanitaria es la herramienta válida para construir y planificar el futuro. Una gestión sanitaria que pasa por la necesaria profesionalización para, en momentos de crisis, poder hacer frente a las dificultades y a la toma de decisiones, facilitando el trabajo de los profesionales sanitarios, a pesar de la escasez de recursos de todo tipo, sin perder de vista, como decía, al paciente y al sistema y sin dejar de tener en el horizonte, de forma transversal, la calidad y la eficiencia.

¿Se ha notado la preparación de los directivos en las tareas de manejo y coordinación de la pandemia?

Por supuesto. Cuando un directivo de la salud está formado, tanto en competencias técnicas como transversales o habilidades directivas, el manejo de cualquier crisis sanitaria aporta más calidad y más eficiencia.

¿Cuáles son los puntos en los que hay que mejorar en cuanto a formación?

La pandemia ha puesto de manifiesto que es necesario una mayor formación en liderazgo y en comunicación.

¿Cómo afrontan la nueva situación de “crisis económica”?

Este tema será un hándicap durante los próximos años. Antes de la pandemia ya nos encontrábamos con un sistema sanitario con una financiación no finalista, no adaptada a las necesidades reales y sin planificación.

¿Cómo repercutirá en la gestión?

La gestión tendrá que trabajar más desde la eficiencia y la cultura del “no hacer”, para fundamentarse en la gestión sanitaria basada en valor. Además, será fundamental innovar en los procesos, en la compra pública, en la gestión del talento y en la participación de los pacientes.

¿Cómo se puede hacer frente al “agotamiento” de los profesionales sanitarios?

Se requiere un estudio de necesidades de profesionales —sanitarios y no sanitarios— no solo en el corto, sino también en el medio y largo plazo. Este estudio debe contemplar las necesidades actuales y la influencia del agotamiento en estas, así como las necesidades futuras para hacer frente a la pandemia actual y a otras posibles.

En la vacunación, ¿han participado en los planes?

No. Lo que se hizo por parte de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) fue difundir un comunicado destacando el papel de los directivos de la salud como profesionales de primera línea y la necesidad de que fueran vacunados.


 

Hoja de ruta

¿Cuáles son las líneas prioritarias de la Fundación SEDISA?

Las seguidas hasta ahora. Un marco muy estrecho de colaboración, coordinación y comunicación, en el marco de lo establecido en los estatutos de la fundación. Así, el objeto y fines esenciales de la fundación son desarrollar actividades que contribuyan a la promoción, desarrollo, protección y defensa de los servicios sanitarios. Además de sus funciones gestoras y directivas, que conduzcan a un mejor conocimiento de los procesos de salud y enfermedad, y de gestión y dirección de los servicios sanitarios y a mejorar el bienestar de la población a la que sirve, a través de actividades de naturaleza docente y divulgativa, así como de naturaleza investigadora, científica y de desarrollo tecnológico. Estos objetivos y tipos de actividades se complementan con los de la sociedad, de forma que se impulsa el crecimiento de la visibilidad de ambas y la aportación de valor al ámbito de la gestión sanitaria y del reconocimiento del directivo de la salud.

¿Cómo está influyendo la pandemia en la hoja de ruta?

No hemos parado la actividad en todo el tiempo de la pandemia. En lo que está influyendo, como es lógico, es en el formato de celebración de reuniones, encuentros…, que se están llevando a cabo mediante plataformas online. Por otra parte, los temas tratados en iniciativas, encuentros y proyectos están enfocados, como no podría ser de otra forma, a la situación que vivimos en la actualidad en relación a la pandemia en el ámbito de la gestión sanitaria.