De acuerdo con las actuales Guías de Práctica Clínica propuestas por la European Society of Cardiology (ESC) y avaladas por la Sociedad Española de Cardiología, en pacientes mayores de 75 años se indica el inicio de estatinas acorde a su riesgo cardiovascular total, tanto en prevención primaria como secundaria y a las dosis recomendadas para conseguir objetivos.

Se recomienda un inicio progresivo y a dosis bajas con especial cuidado y atención a la función renal, con incrementos progresivos intentado conseguir los objetivos de control del perfil lipídico.

De hecho, existen varios metaanálisis que indican el uso de estatinas en ancianos, observando reducciones del riesgo relativo en torno al 20%, tanto en eventos cardiovasculares graves, riesgo de procedimiento de revascularización coronaria, ictus y mortalidad vascular. Estas reducciones serán más evidentes cuanto mayor era la reducción del colesterol LDL y en pacientes con mayor riesgo cardiovascular.

Las consecuencias clínicas de la arteriosclerosis están lejos de un control óptimo, siendo la principal causa de muerte.

Grupos de riesgo

Los pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular presentan un riesgo cardiovascular muy alto. El objetivo de LDLc es < 55 mg/dl y una reducción del 50% del nivel basal. Para ello, es necesario el uso de estatinas de alta intensidad, cuanto antes mejor, incluso durante el ingreso hospitalario. En muchos casos se asocia a ezetima o a un inhibidor de la PCSK9.

Existen estudios que demuestran que los ancianos se beneficiaban de la terapia de mayor intensidad para reducir los niveles de lípidos y de recurrencia del síndrome coronario agudo, con la mayor reducción del riesgo de absoluto entre los pacientes de 75 años o más, sin incrementarse de forma significativa los efectos adversos.

Contraindicaciones

Hay que tener en cuenta que la edad por sí sola no es una contraindicación para recibir un tratamiento o procedimiento diagnóstico/terapéutico.

Las estatinas son fármacos seguros. No obstante, pueden elevar los niveles de transaminasas, bilirrubina y fosfatasa alcalina. En el caso de las transaminasas, no es necesario interrumpir el tratamiento salvo que se eleven 5 veces por encima del límite superior de la normalidad y en el caso de la bilirrubina y la fosfatasa alcalina 3 veces.

El efecto secundario más relevante es la miopatía y el más grave, la rabdomiolisis.

Interacciones

En cuanto a las interacciones, la más importante se produce con los inhibidores de la proteasa, cuando los niveles de CK se sitúen 10 veces por encima del límite superior de la normalidad habría que suspender el tratamiento. En pacientes con niveles de CK por encima de 10 veces del límite superior de la normalidad, se puede mantener el tratamiento y si presentan síntomas, reducir la dosis o interrumpir.

Las interacciones más importantes se producen con los inhibidores de las proteasas. En estos casos, simvastatina y lovastatina están contraindicadas. Atorvastatina y rosuvastatina pueden utilizarse hasta la dos dosis de 40 mg y de 10 mg respectivamente. Pravastatina y pitavastatina son seguras.

Toma de decisiones

Por eso, será necesario individualizar la decisión en función de la situación del paciente, teniendo en cuenta la esperanza y calidad de vida, comorbilidades, fragilidad. Hay que evaluar los beneficios y los riesgos.

En pacientes que tenga buena calidad de vida, que toleren bien el tratamiento, no existan interacciones farmacológicas importantes, el beneficio de continuar con el tratamiento supera los riesgos, por lo que no debería suspenderse ni reducir la dosis.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Juan Antonio Carrillo Luna, Manuel Duran Toscano y José Granados Martinez, de Sevilla; Rafael Delgado Marquez, del Centro de Salud Torrox; Ángel Garcia Arjona, del Centro de Salud Campillos, y Pedro Gérez Clemente del Centro de Salud Huelin, todos en Málaga; Jorge Benain Ávila, del Centro de Salud Cabrerizas, el endocrinólogo David Palao Serrano, de la Clínica Rusadir y la cardióloga Nasiba Abdesalam Mohamed, del Hospital de Melilla; los médicos generales Andres Alvarez Gonzalez, Enrique Fernandez Cañada, Miguel Turegano Yedro, Jose María Villanueba Rebollo, Jose María Fernández Toro y el cardiólogo Manuel Cancho Maña, del Centro de Salud Nuevo Cáceres, y Adolfo Cid Feijoo, Fernando Soto Loureiro y Francisco Javier Merelles Otero, del Centro de Salud Xinzo de Limia.