Las estatinas son un grupo de fármacos para reducir la concentración de colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad que circulan por la sangre. El colesterol elevado, con la HTA y el tabaquismo son los tres principales factores de riesgo cardiovascular y las personas con mayor RCV son los que tienen más de un factor, como diabéticos, fumadores, edad avanzada, hipercolesterolemia, HTA…

La clasificación de las estatinas se hace teniendo en cuenta su potencia; es decir, la capacidad que tienen para reducir los niveles de C-LDL. Se dividen en tres grupos, de baja, media y alta potencia y que están relacionados con la dosis de estatina, ya que a medida que se aumenta la dosis se eleva la capacidad de reducción del C-LDL (regla del 6%).

Así, las de intensidad baja son las que aportan reducciones de hasta el 30% de C-LDL. En este grupo se sitúan la fluvastatina de 20 mg y de 40 mg, lovastatina de 20 mg, pitavastatina de 1 mg, pravastatina de 10 mg y 20 mg, y simvastatina de 10 mg.

En el siguiente grupo están las que hacen descender el c-LDL entre 30 y 50%, encontrándose en este rango atorvastatina de 10 mg y de 20 mg, fluvastatina de 80 mg, lovastatina de 40 mg, pitavastatina de 2 mg y de 4 mg, pravastatina de 40 mg, rosuvastatina de 5 mg y de 10 mg y simvastatina de 20 mg y la de 40 mg.

En el grupo de intensidad alta están las estatinas que aportan reducciones del C-LDL igual o superiores al 50%, como pueden ser la atorvastatina de 40 mg y de 80 mg y la rosuvastatina de 20 mg. Es importante matizar que estas cifras reductoras siempre están condicionadas por los distintos perfiles de pacientes.

Regla del 6

En este contexto, no se puede dejar pasar por alto la regla del 6, que supone un descenso promedio adicional del colesterol LDL del 6% al duplicar la dosis de cualquier estatina. Por razones de eficacia hipolipemiante, en función de las cifras de colesterol LDL del paciente ya tratado con estatinas y la distancia al objetivo recomendado para su nivel de riesgo, se puede optar por elegir un fármaco de acción sinérgica frente a duplicar las dosis y/o cambiar a estatinas más potentes.

Para los pacientes que no toleran dosis altas de estatinas potentes, una opción puede ser la combinación con ezetimiba para poder cumplir los objetivos terapéuticos.

Beneficio-riesgo

Hay que considerar que a pesar de las evidencias publicadas en las guías sobre ese incremento de dosis, hay que valorar el riesgo frente al beneficio que dicha medida podría tener en el paciente, sobre todo en los problemas hepáticos, miositis, entre otros. También, hay que valorar la adopción de otras medidas farmacológicas que están más encaminadas hacia la combinación con el único fin de conseguir los objetivos terapéuticos mencionados.

Evidencia científica

Los ensayos clínicos muestran que la reducción de las cifras del C-LDL va estrechamente relacionada con la reducción de episodios cardiovasculares. Así, el estudio REVERSAL ha puesto de manifiesto que la reducción del colesterol CLDL ralentiza la progresión de las enfermedades cardiacas. Dicho trabajo se ha llevado a cabo en 502 pacientes seleccionados de forma aleatorizada en dos grupos, a los que se les administró pravastatina de 40 mg y atorvastatina de 80 mg y durante 18 meses de tratamiento. Se ha observado que las dos estatinas bloqueaban la capacidad hepática de producir colesterol CLDL.

Por su parte, el estudio ASTEROID se ha centrado en pacientes tratados con rosuvastatina, que han mostrado una reducción adicional de la placa de ateroma respecto al valor basal. En el estudio han participado 507 pacientes con placa de ateroma determinada.

En el estudio SATURN se han evaluado las dosis máximas de atorvastatina y de rosuvastatina en la regresión de la placa de ateroma. Después de 104 semanas de tratamiento, el grupo de rosuvastatina mostró menores niveles de CLDL que el grupo de atorvastatina y niveles más alto de colesterol HDL, siendo más favorable el volumen de ateroma normalizado en el grupo de la rosuvastatina frente al de atorvastatina.

Prevención

La reducción de colesterol-LDL en prevención primaria es efectiva para hacer descender los eventos cardiovasculares, sobre todo el infarto de miocardio en un amplio rango de niveles basales de colesterol LDL y perfiles lipídicos, ya que se produce una reducción relativa de riesgo para la terapia con estatinas similar a la de prevención secundaria, aunque con una reducción absoluta menor.

Por su parte, las intervenciones de prevención secundaria van encaminadas a actuar sobre los factores de riesgo conocidos que son modificables, tales como el tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes e hipercolesterolemia a expensas de la fracción LDL. Con dicha reducción se ha demostrado que se reduce el riesgo de eventos cardiovasculares y en algunos individuos la mortalidad por todas las causas.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Juan Manuel Núñez García, Rafael Ángel Cejas López, Miguel Valdecantos Morán, Antonio García Fernández, Francisco Vázquez Moreno y Rodrigo Ruz Muriel, de Córdoba; Manuel Bellido Ortega, Antonio Hermoso Sabio, Alfredo Hernández Caballero, Pablo Santiago Díaz, Juan Antonio Ortega Vallet, Antonio Morillas Fernández, del Centro de Salud Guadix, en Granada; el cardiólogo José Antonio de la Chica Sánchez, del Hospital Quirón; los médicos de Familia Pedro Gerez Clemente y Salvador Martín Muñoz, del Centro de Salud Huelin, y Pilar de Linares Castro, del Centro de Salud Cónsul, todos en Málaga; los cardiólogos Eloy Rueda Calle y  Francisco Javier Zafra Sánchez, y el internista Enrique Cabrerizo Comitre, del Hospital Clínico Universitario de Málaga, y Octavio Ernesto Hernández Comas, José María Narváez Martín, Pedro José de la Paz Gutiérrez Mikel Gotzon Casado Goti, Liuba Acosta Fernández, Mirna Alejandrina Lara Mota, Lizbet Negrín Goya, Alfonso Pumar López, Fabiola Paz Rodríguez, Manuel Sánchez Apresa, Francisco Romero Gallardo, José Antonio Alvaro Espinosa, Carmen Arca García, Pablo Acosta Lara, Andrés Plaza Ramírez y Antonio Franco Mata.