Las estatinas son los fármacos hipolipemiantes por excelencia, y uno de los grupos farmacológicos más recetados. Constituyen uno de los pilares de la prevención cardiovascular, tanto primaria como secundaria. Su acción primordial se basa en su capacidad para reducir la concentración plasmática de colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (CLDL). Estos  se consigue con todas las estatinas disponibles, pero en diferente medida según su potencia hipolipemiante. Pueden clasificarse de alta potencia o intensidad las que logran una reducción aproximada del 50%.

Para estratificar el riesgo cardiovascular, se debe usar una tabla fácil de aplicar donde esté representada la población a tratar. Lo primero que hay que considerar es qué enfermedades incluye, ya que el valor del riesgo será diferente para un mismo paciente si utilizamos distintas tablas.

Clasificación del riesgo

El riesgo más elevado se obtendría con las tablas que calculan el RCV, mientras que el más bajo con las que obtienen el riesgo de muerte cardiovascular y los valores intermedios de riesgo. Por tanto, las consecuencias prácticas de aplicar una u otra tabla son diferentes y en la mayoría de las ocasiones desconocidas. Las recomendaciones establecen utilizar las tablas adecuadas para identificar a los pacientes de alto riesgo, prioritarios a la hora de intervenir con fármacos sobre los distintos factores de riesgo.

En este contexto, hay que tener en cuenta que los beneficios demostrados por las estatinas, sobre todo las de alta intensidad, superan las expectativas.  Una razón puede ser la precocidad con que se manifiestan o por ser estos superiores a lo esperado por su efecto hipolipemiantes. En los últimos años, diversos resultados clínicos y de investigación básica apoyan la existencia de efectos beneficiosos extralipídicos de las estatinas, más allá de la reducción del cLDL.

Atención a la diabetes en prevención cardiovascular

En la valoración del riesgo cardiovascular hay que considerar la diabetes tipo 2, ya que acelera el proceso de arteriosclerosis, aumentando tanto el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, como la mortalidad cardiovascular y global. Los pacientes diabéticos presentan un riesgo de enfermedad cardiovascular de 2 a 5 veces mayor que en la población general, siendo este incremento relativo del riesgo más elevado entre las mujeres. También está aumentado en los pacientes con síndrome metabólico y en situación de prediabetes.

Enfoque global

El concepto de enfoque global del riesgo cardiovascular es fundamental, puesto que permite obtener una reducción a través de la actuación sinérgica sobre los distintos factores de riesgo en cada caso individual. La medición de dicho riesgo facilita la toma de decisiones en la práctica clínica, sin olvidar las limitaciones de los métodos de cálculo actualmente disponibles.

El objetivo debe ser reducir la probabilidad de presentar una enfermedad cardiovascular en el futuro, así como la pérdida de calidad de vida, discapacidad y mortalidad asociadas. La decisión de iniciar un tratamiento se basará en el riesgo cardiovascular en lugar de en los niveles individuales de cada factor, lo que implica un abordaje del paciente como individuo.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina Interna Luis Castilla Guerra; los médicos de Familia José Manuel Carvajal Jaén y Manuel Durán Toscano, y el cardiólogo Manuel Fernández Guerrero, del Hospital Virgen Macarena, y Beatriz Muñoz Fortea, Náyade Zambrana Pérez, Priscila Díaz Silvan, Gigliola Salazar Plata, Gretel Duarte Díaz, Miguel Libera Bonilla e Ismael Moisés Martín Socas.