Antonio Zapatero llega a la presidencia de FACME con el compromiso de trabajar junto con todos los profesionales sanitarios, sociosanitarios, administraciones públicas, agencias de evaluación y todos los agentes implicados en la Sanidad para lograr superar con éxito los desafíos a los que ya se está enfrentando el Sistema Nacional de Salud.

¿Cuáles son sus objetivos prioritarios en FACME?

El objetivo principal es, siguiendo lo que pone en los estatutos de FACME, aumentar la presencia de las sociedades científicas en todos los foros que tienen relación con la profesión médica, es decir, que tengan en cuenta nuestras opiniones. Otro de los puntos clave pasa por fomentar la formación de calidad y basada en el valor, una línea que estamos consolidando en los últimos años y que puede afectar tanto al pregrado como al grado y a la formación médica continuada. Por último, pero no menos importante, trataremos de mantener y potenciar la unión de las sociedades científicas porque es donde reside la fuerza real de FACME. Debemos estar alineados, coordinados y ser un altavoz bidireccional en los temas transversales. En este sentido, debemos unificar líneas de trabajo generando documentos y posicionamientos que favorezcan la misión conjunta de las sociedades científicas federadas.

¿Qué papel ocupa la formación en esos objetivos?

La formación continuada de los profesionales del Sistema Nacional de Salud es una tarea ineludible para las sociedades científicas, cuyo fin es mantener la competencia de los profesionales para proporcionar la mejor atención sanitaria posible a la población.  De tal importancia es la formación que es uno de los pilares de nuestra unión con la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS). El objetivo es dar servicio en aspectos transversales de formación, investigación y gestión clínica, incluyendo el establecimiento de estándares de calidad, indicadores, etc. Las sociedades científico-médicas son un activo fundamental en el Sistema Nacional de Salud, ya que son la principal fuente de investigación y difusión del conocimiento científico, así como de formación continua de los profesionales, y representan un instrumento indispensable para la cohesión del sistema sanitario.

¿Cómo valora el RD de especialidades?

En la última reunión de la Junta Directiva leímos el borrador de Real Decreto de regulación de la formación común de las especialidades en Ciencias de la Salud, elaborado por el Ministerio de Sanidad. De dicho documento se deduce un menor peso de la parte profesional y científica y una mayor influencia de la parte administrativa en un tema tan sensible como es la formación médica especializada. Desde FACME estamos un poco desilusionados porque sigue sin tenerse en cuenta la opinión de los profesionales sanitarios en un aspecto tan importante como la formación médica continuada. Las correcciones que sugerimos en el mes de septiembre siguen apareciendo de la misma forma. En general, el documento no nos convence.

¿Qué debería cambiar?

Existen varios puntos que deben ser modificados, entre otros la formación transversal que no sabemos en qué consiste, qué tiempo ocupa, cómo se va a evaluar… En relación con las áreas de capacitación específica (ACE) nos parecen una buena idea, pero el acceso a ellas debe ser con el título de especialista, tal y como recoge la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS), y en relación con las solicitudes de nuevas especialidades debe tenerse en cuenta la opinión de las sociedades científicas a través de sus comisiones nacionales, del propio Consejo de Especialidades y de la profesión representada en el Foro de la Profesión Médica.

¿Cómo ve la formación de nuevos profesionales?

El sistema MIR nos ha permitido formar a nuestros especialistas con un gran nivel técnico, siendo un modelo de éxito que pretende ser imitado en otras profesiones o países, pero eso no quita que se puedan plantear modificaciones que lo mejoren y se adapten mejor a la realidad epidemiológica que nos viene dada con el envejecimiento y la epidemia de las enfermedades crónicas. En este sentido, en los últimos años las comisiones nacionales de las especialidades han hecho un excelente trabajo que debe ser tenido en cuenta sobre competencias comunes y específicas de cada especialidad.  El desarrollo tecnológico y del conocimiento demanda la super-especialización, mientras que el envejecimiento y la pluripatología requieren una sólida formación generalista. Habrá, por tanto, que evitar la progresiva fragmentación y desarrollar un sistema de formación continua y acreditación de competencias profesionales en área específicas.

¿Cómo se debe articular esa adaptación?

La Sanidad es una actividad basada en personas y su calidad depende, fundamentalmente, de tener los profesionales adecuados con las competencias necesarias en el sitio y momento precisos. Captar y retener talento es un objetivo fundamental para aumentar la calidad y eficiencia del SNS. Los responsables clínicos deben asumir el papel de líderes de equipos multidisciplinares en los que las relaciones entre profesionales estén basadas en el conocimiento y la calidad. Una política de recursos humanos basada en el desarrollo de competencias profesionales requiere un profundo cambio en la gestión de personal de los servicios de salud. El modelo de gestión de personal del SNS es una excepción en Europa y dificulta una gestión por competencias y el establecimiento de incentivos profesionales adecuados. Debe producirse un esfuerzo inversor en el capital humano, no debiendo ser la industria del sector -como hasta ahora- la principal fuente de financiación. La innovación tecnológica y organizativa, y la generación de nuevo conocimiento exigen un esfuerzo inversor dirigido a la traslación de este conocimiento El SNS concentra una enorme cantidad de tecnología y conocimiento. Está, por tanto, en una situación inmejorable para ser un foco de investigación, desarrollo e innovación y en numerosos casos lo es. Sin embargo, el SNS debe hacer un esfuerzo mayor en investigación clínica, traslacional y en resultados en salud

Y, ¿la recertificación?

La recertificación médica es un proceso periódico y necesario para renovar una credencial conseguida, que garantiza la cualificación para el ejercicio profesional, habitualmente atribuida a la renovación de las competencias específicas de una especialidad. En FACME se creó un grupo de trabajo sobre recertificación que dirige Benjamín Abarca, nuestro secretario general, con una gran participación de las sociedades científicas. Este grupo ya tiene consensuadas las competencias transversales comunes a todas las especialidades y los instrumentos de evaluación. Las competencias específicas son las que se determinen por cada una de las especialidades. Es un gran trabajo de coordinación que será muy útil para nuestros especialistas.

¿Qué grupos de trabajo se han puesto en marcha desde su llegada a la presidencia de FACME?

En FACME existen cinco grupos, el mencionado de recertificación, de evaluación de la tecnología sanitaria, de medicamentos, de gestión de las sociedades científicas y el de  comunicación.  El último grupo de trabajo creado ha sido de Ética, cuyo objetivo es desarrollar un documento modelo consensuado que pueda homogeneizar los códigos éticos que ya existen en otras sociedades científicas situándolos en una misma línea para crear un código ético de FACME.

¿Qué líneas quiere impulsar?

Las líneas estratégicas de FACME presentadas en la última asamblea se centran en favorecer la promoción profesional mediante adecuada formación basada en el valor; mantener, y si es posible incrementar, la presencia e influencia de las SSCC, otorgando especial importancia en el Foro de la Profesión Médica y la relación con administraciones e instituciones sanitarias; generar documentos y posicionamientos que favorezcan la misión conjunta de las SSCC federadas; el compromiso con la sostenibilidad del SNS (Documento de Retos), con apoyo de la Fundación IMAS; impulsar la participación profesional en la toma de decisiones, con la gestión clínica, y evitar sustituir a las SSCC en sus ámbitos de interés, sino por el contrario proponer acciones conjuntas que puedan ser relevantes para las SSCC. La principal fortaleza de FACME son sus sociedades.

¿Qué proyecto o proyectos son prioritarios?

La hoja de ruta de FACME va en línea con la presentada por el Foro de la Profesión Médica y firmada en 2013 con el Ministerio de Sanidad, donde se incluye el Pacto por la Sanidad, el impulso de la profesión médica (RRHH) y la gestión clínica. También los indicadores del Sistema Nacional de Salud son un tema que seguirá siendo estratégico en los próximos años, y ahí contamos con el apoyo metodológico de IMAS. Como objetivos concretos señalamos promocionar la formación del médico en sus tres vertientes, grado, postgrado (MIR y doctorado) y formación continua, con el desarrollo profesional y el desarrollo profesional continuo; estimular la cultura de medición en resultados y contribuir al desarrollo de carreras profesionales que integren las tres vertientes, asistencial, docente e investigadora.

¿Qué tienen que decir las sociedades científicas en la organización y gestión clínica?

Tienen todo que decir o por lo menos mucho. La gestión clínica es la transferencia de la capacidad y la responsabilidad de la toma de decisiones de gestión a los profesionales, para mejorar la relación entre la calidad y el coste de los servicios.  Las experiencias de gestión de los institutos, áreas y unidades de gestión clínica desde 1997 han sido, en general, valoradas positivamente por los responsables clínicos, quienes coinciden en que la autonomía de gestión es muy limitada. Sobre estas bases se debe avanzar hacia mayores niveles de autonomía y responsabilidad en la gestión de los profesionales.

¿Están implicados los clínicos en la gestión? ¿Cómo se puede fomentar su participación?

Uno de los problemas para la implantación de la gestión clínica ha sido la uniformidad que se ha pretendido dar al desarrollo de las unidades de gestión clínica. Por el contrario, los niveles de autonomía de gestión se deben definir para cada unidad de gestión clínica, dependiendo de la madurez organizativa y de gestión de las unidades asistenciales que la integren. Asimismo, la configuración organizativa debe adaptar la organización a la mejor alternativa disponible para prestar eficientemente servicios clínicos de excelencia. Deberá estimularse el trabajo colaborativo facilitado por las nuevas herramientas de las tecnologías de la comunicación e información.

¿Qué pueden aportar a la organización?

Para lograr un sistema equitativo, que garantice la más alta calidad asistencial con independencia del lugar de residencia, sexo, edad o condición social es preciso garantizar la cohesión del SNS, evitando variaciones en la calidad de la asistencia no justificadas, así como barreras geográficas, sociales o de otro tipo que pueden producir diferencias notables en los resultados.  Hay que dotar al SNS de un marco legal claro y actualizado, estableciendo en positivo el concepto de ciudadanía sanitaria y sus órganos de gobierno y gestión. Esta reforma debería posibilitar que los servicios sanitarios públicos se aparten del funcionamiento burocrático-administrativo y adopten formas organizativas y de gestión orientadas a la calidad y eficiencia en resultados en salud.

¿Cómo es la relación de FACME con la Administración (Ministerio, consejerías)?

Pensamos que FACME debería ser “utilizada” más y mejor por nuestros responsables institucionales. Estamos para ayudar y aportar el conocimiento que tienen los especialistas españoles. Nos tienen que ver como aliados, porque no pretendemos ser otra cosa, y compartimos con todos ellos el objetivo fundamental de mantener y mejorar nuestro Sistema Nacional de Salud. Los médicos debemos velar por la salud de nuestros conciudadanos, utilizando eficientemente los recursos disponibles para proporcionar la máxima ganancia de salud posible.  Por este motivo, no podemos estar al margen de las políticas establecidas con respecto al sistema de salud. Queremos manifestar nuestro compromiso para trabajar junto con todos los profesionales sanitarios, sociosanitarios, administraciones públicas, agencias de evaluación y todos los agentes implicados en la Sanidad para lograr superar con éxito los desafíos a los que ya se está enfrentando el Sistema Nacional de Salud.

¿Tiene en cuenta la administración la opinión de las SSCC a la hora de plantear planes de actuación?

No todo lo que debería. Las sociedades científicas son las que tienen el conocimiento de lo que ocurre en la especialidad o en la asistencia sanitaria. Si el Sistema Nacional de Salud funciona como funciona, en gran parte es por las personas que trabajan en él, entre otros, los médicos. Tenemos un nivel de médicos especialistas excelente pero muchas veces no somos capaces de “vender” qué es lo que estamos haciendo. Entonces, hace falta conocimiento y posicionamiento de las sociedades científicas como interlocutores con la Administración, tanto autonómica como con el Ministerio de Sanidad. Ese es el principal reto. Muchas veces nos quejamos de que no se nos tiene en cuenta, que no se nos llama para opinar en determinados temas. Probablemente, el principal reto de cada uno por separado y de FACME globalmente es fomentar ese papel de interlocución.

¿Cómo es la relación con la industria farmacéutica?

En 2008 suscribimos un marco de colaboración con Farmaindustria con el fin de poner en valor la importancia de la formación continuada de los médicos, velar por la calidad de las iniciativas formativas y fomentar la transparencia de las ayudas de la industria farmacéutica. Con Biosim y con AESEG se han firmado acuerdos en la misma línea.

¿Siguen existiendo reticencias a la hora de valorar la formación planteada por la industria?

Tanto Farmaindustria como nosotros consideramos estratégica para el sistema sanitario la formación continuada de los médicos, de la que se benefician por encima de todo los pacientes, y nos comprometimos en ese acuerdo a cooperar para mantener la alta calidad y el interés científico de la acción formativa desarrollada por las sociedades científicas miembros de FACME, contando con el apoyo de la industria farmacéutica.

¿Cómo se debe establecer esa coordinación con la industria?

Debe ser una relación trasparente y pública en la quede de manifiesto lo que aporta cada una de las partes y que resultados se derivan de esta cooperación. Eso es lo que trabajamos en las comisiones de seguimiento del convenio firmado con Farmaindustria y que pretenderemos dejar reflejado en el Código Ético de FACME que se va a elaborar en los próximos meses.

¿Qué se puede hacer desde FACME para la mejor implantación de la tecnología sanitaria?

Existe un grave problema derivado de la falta de actualización tecnológica, y consideramos imprescindible abordar la situación que refleja el último informe presentado por Fenin y revertir los datos. A nuestro juicio, hay que conseguir que se cumpla con la obligación política de dar asistencia moderna equitativa y eficiente, basada en criterios profesionales.  No tenemos una propuesta concreta pero nuestro grupo de trabajo está coordinado con Fenin y colaborará en las medidas que la federación ha identificado como prioritarias. La más importante es diseñar un plan de choque, dotado con una inversión de 1.600 millones de euros en cuatro años, para modernizar el parque tecnológico. En paralelo al incremento presupuestario, el informe incluye una serie de propuestas que pasan por la aplicación de planes de renovación que tengan en cuenta el ciclo de vida de los productos, exploración de las alternativas que ofrece la nueva Ley de Contratos del Sector Público y pago por resultados, entre otras cuestiones.

¿Existen problemas de accesibilidad por zonas geográficas?

Los problemas derivados de la descentralización de la Sanidad no solo se notan en lo relacionado a la accesibilidad también en los salarios, vacunas, Sanidad Penitenciaria… Por ejemplo, casi la mitad de los habitantes de España, el 48,7 por ciento, utiliza el servicio de cita previa por internet para servicios sanitarios de Atención Primaria, según el Informe Anual del Servicio Nacional de Salud 2017 (el último publicado). Este método de obtención de cita está valorado por la población con una puntuación de 8,4 sobre 10, sin embargo, tan solo ocho comunidades autónomas cumplen la normativa española vigente de accesibilidad al servicio. Pese a que existe un marco normativo que asegura al paciente las mismas prestaciones sanitarias esté donde esté, desde las comunidades han surgido iniciativas que rompen este escenario, como los comités de evaluación. Por eso, es importante contar con indicadores que permitan evaluar resultados de manera independiente

 

NOTA DE REDACCIÓN:
La entrevista que ahora publicamos fue concedida a EL MÉDICO para su edición impresa mensual, y realizada antes de la explosión de la pandemia del coronavirus. Por su interés, se publica ahora en la edición on-line.