Investigadores españoles han publicado una revisión en la que se describe la proteína Espinofilina como un supresor tumoral multifuncional. Esta tendría implicación en distintos tumores humanos, como cáncer de pulmón, cáncer de mama, glioblastoma, cáncer de colon y gástrico, entre otros.

En estos tipos de tumores se ha observado que aquellos pacientes con bajos niveles de esta proteína presentan tumores más agresivos y de peor pronóstico. Además, recientemente se han descrito mutaciones de Espinofilina en tumores humanos, como la mutación oncogénica SPN-A566V.

Se trata de una investigación del grupo de Biología molecular del cáncer, dirigido por Amancio Carnero, investigador del CSIC y perteneciente al CIBERONC. En concreto, la espinofilina (SPN, PPP1R9B) es una proteína multifuncional que funciona como proteína de anclaje. Su función es regular las interacciones entre distintas proteínas en diversas rutas de señalización celular. Esta es también una de las subunidades reguladoras de la proteína fosfatasa PP1. La misma está implicada en la desfosforilación de la proteína retinoblastoma (pRB) durante el ciclo celular.

Espinofilina como supresor tumoral multifuncional

Las alteraciones genéticas y su relación con células madre del cáncer y resistencia al tratamiento es clave para avanzar en terapias efectivas contra en cáncer. En esta línea han trabajado este grupo del IBIS/CIBERONC. De esa forma, han descrito el papel que tiene el supresor tumoral Espinofilina en distintos tumores humanos.

Según esta investigación, la pérdida de Espinofilina o mutaciones en esta proteína están implicados en la tumorigenesis dependiente de p53 mediante el aumento de la población de células madre presentes en el tumor. Asimismo, el papel de esta proteína en tumorigénesis se ha asociado a su interacción con PP1 y la regulación de esta holoenzima PP1-SPN, especialmente en la desfosforilación de pRB durante el ciclo celular.

“Por tanto, Espinofilina es un supresor tumoral muy interesante y con un importante valor predictivo y pronóstico en diferentes tipos de tumores. Todo ello le hace un potencial biomarcador de respuesta a la terapia antitumoral”, concluye Eva M. Verdugo, primera autora del trabajo.