La proteína lamina B1 contribuye al avance de la enfermedad de Huntington. Así lo indica una investigación en la que participan expertos de la Universidad de Barcelona. Los autores han constatado que el aumento de los niveles de la proteína lamina B1 contribuye a la degeneración de diferentes poblaciones neuronales del cerebro en la enfermedad de Huntington. Causada por una mutación en el gen de la huntingtina, esta patología se caracteriza por movimientos involuntarios, déficits cognitivos y trastornos psiquiátricos. En la actualidad no tiene tratamiento curativo.

El estudio ‘Neuron type-specific increase in lamin B1 contributes to nuclear dysfunction in Huntington’s disease‘ se ha publicado en la revista EMBO Molecular Medicine. Los resultados abren nuevas vías terapéuticas para tratar la dolencia. Así, los autores han señalado que la normalización farmacológica de los niveles de lamina B1 mejora los síntomas cognitivos en un modelo transgénico de la enfermedad.

En el trabajo han participado expertos del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UBNeuro), del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS). El proyecto ha sido liderado por Esther Pérez Navarro, profesora de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona. 

También han colaborado en el estudio investigadores del Centro de Regulación Genómica (CRG), la Universidad Pompeu Fabra, el Vall d’Hebron Instituto de Oncología y la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Finalmente, en la elaboración de este estudio han colaborado Jesús Pérez y Jaime Kulisevsky, de la Unidad de Párkinson y Trastornos del Movimiento del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

La proteína lamina B1

El aumento de los niveles de lamina B1, una proteína localizada en la envoltura nuclear, provoca una enfermedad rara, la leucodistrofia autosómica dominante, que cursa con déficits motores y cognitivos, así como desmielinización en el sistema nervioso central. En esta investigación, los expertos han estudiado el impacto de estas alteraciones en la enfermedad de Huntington. Han estudiado tres vertientes: fisiológica, transcriptómica y epigenética. Para ello, han partido de experimentos en un modelo de ratón transgénico de la patología y en muestras post mortem de cerebro de pacientes. Uno de los aspectos más destacados del trabajo es el desarrollo de una innovadora técnica llamada FANSI (fluorescence-activated nuclear suspension imaging). El objetivo es identificar y analizar el núcleo de neuronas de poblaciones específicas del cerebro. Esta técnica, según Esther Pérez Navarro, “puede ser utilizada por otros grupos de investigación”.

Posible diseño de nuevos fármacos

La identificación de este mecanismo molecular abre la puerta al diseño de nuevos fármacos contra esta patología que actualmente no tiene cura. “El ácido betulínico tiene otros efectos. Por eso, hay que identificar drogas específicas que tengan como diana única la modulación de los niveles de lamina B1”, ha explicado Pérez Navarro. Además, la investigadora confía en que podrían identificarse nuevos biomarcadores de la enfermedad. Los siguientes pasos serán determinar si los niveles de lamina B1 también están alterados en células fuera del cerebro, como las células sanguíneas y los fibroblastos.

Esther Pérez ha hablado de la ventaja que supone hacer este estudio en una enfermedad como la de Huntington. “Está asociada a una mutación genética, por lo que podemos analizar estos cambios en individuos portadores que aún no presentan síntomas. Así, es posible hacer un seguimiento a lo largo del tiempo.