La salud mental tiene un papel secundario en los sistemas de vigilancia en salud pública, por lo que los expertos aseguran que es “la gran olvidada” y que falta la percepción de que es un desafío político con grandes implicaciones económicas. Así se ha puesto de manifiesto en la ‘Jornada sobre Vigilancia de la Salud Pública’ organizada por la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) con el apoyo de la Escuela Nacional de Sanidad (ENS), que se ha celebrado recientemente en Madrid.

Los expertos participantes en la mesa ‘Vigilancia de la salud mental: la gran ausente’ han manifestado que la sociedad española cada vez necesita más cuidados en salud mental por motivos como el envejecimiento de la población, los cambios en los roles familiares, la soledad no deseada, los problemas que conlleva la inmigración, el uso masivo de las tecnologías, entre otros.

Desde la SEE señalan también que la calidad de la información epidemiológica en salud mental es baja, por lo que solicitan una estrategia multisectorial para afrontar la enfermedad mental. Uno de sus objetivos debería ser identificar el suicidio como una de las prioridades para la vigilancia y la prevención.

Otra de las prioridades sería la atención a los trastornos que afectan a la infancia y la adolescencia, el consumo de sustancias, la depresión y los problemas psicogeriátricos. Los especialistas han puesto de manifiesto la necesidad “de identificar las bolsas de subdiagnóstico y tratamientos inadecuados de las enfermedades mentales”, y consideran que deben abordarse “de manera urgente”.

El Grupo de Trabajo de Vigilancia en Salud Pública opina que la salud mental “lleva demasiado tiempo ocupando el último lugar de la sanidad en recursos y compromiso institucional” y recuerdan que estos problemas impactan en la morbimortalidad de la población, así como en su vida familiar y sociolaboral, por lo que “merecen otra atención y otros recursos”.

Prevención del suicidio

La prevención del suicidio ha sido el tema principal sobre el que ha versado la ponencia de Isabel Noguer, de la Escuela Nacional de Sanidad. Por su parte, Miguel Ángel González Torres ha desarrollado el tema de la estrategia y vigilancia, dos caminos que se cruzan. Finalmente, Enrique Baca, del Servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, se ha preguntado si sabemos cómo abordar hoy la vigilancia y prevención del suicidio.

La Sociedad Española de Epidemiología, que preside Pere Godoy, afirma que, a pesar de disponer de indicadores sobre enfermedad mental y su asistencia sanitaria, no existe un desarrollo de la vigilancia específica de este problema que integre también información sobre sus determinantes y que sea capaz de analizar la problemática real, proponer acciones específicas y evaluar las estrategias planteadas: “Queda un largo camino por recorrer: el enfoque integral y multisectorial de los planes de salud mental que inciden en todas las fases de su evolución natural, desde la prevención a la recuperación, debe plasmarse en los sistemas de información y vigilancia en salud pública. La epidemiología del siglo XXI, en su constante renovación y adaptación, debería dar un impulso como se merece a la vigilancia de la salud mental en el marco de las realidades sociales presentes y futuras”.