La salud sexual es una parte integral de las personas, por lo que tiene un impacto directo en su calidad de vida y en su bienestar. No en vano, las alteraciones sexuales, además de influir en la salud física del hombre, son causa de problemas psicológicos y sociales que condicionan enormemente su calidad de vida.

La disfunción eréctil, la eyaculación precoz, las alteraciones de la líbido o anorgasmia son las alteraciones más frecuentes, pero no las únicas. A medida que envejecemos nos encontramos con diversas variaciones en el organismo que también afectan a la salud sexual. Por otro lado, los cambios físicos, las enfermedades, las discapacidades y el uso de ciertos medicamentos pueden interferir también en gran medida en la sexualidad de las personas.

Todo ello debería abordarse en las consultas de Atención Primaria, según los expertos, con el objetivo de poder ofrecer a los pacientes soluciones y herramientas que les permitan mantener una vida sexual sana a cualquier edad. Una realidad que, por desgracia, aún está lejos de materializarse.

Salud sexual y enfermedad coronaria

La disfunción eréctil (DE) o incapacidad para conseguir y prolongar una erección suficiente para mantener una relación sexual es la principal causa de consulta sobre sexualidad en el hombre. Puede ser causada por hipogonadismo, temas vasculares o motivos psicológicos. Su prevalencia varía en función de las poblaciones, pero se podría aseverar que algo más de la mitad de los hombres mayores de 60 años padecen algún tipo de DE. El estudio EDEM (Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina) refiere que la sufren entre el 12 por ciento y el 19 por ciento de los españoles de entre 25 y 70 años, un porcentaje que va aumentando a medida que lo hace la edad. Lo más alarmante es que también señala que el 56 por ciento de ellos nunca se ha preocupado por este problema.

En la mayor parte de los casos, el origen de esta enfermedad se encuentra en otras patologías, principalmente en la enfermedad cardiovascular: cardiopatías isquémicas, hipertensión, arteriopatía periférica… Pese a que la relación entre ambas patologías está demostrada desde hace una década, en muchas ocasiones no se correlacionan, dejando la disfunción eréctil sin diagnosticar. Sin embargo, es aún más relevante destacar que, a la inversa, la DE puede ser un síntoma centinela de problemas cardiovasculares y de ictus. De hecho, un estudio asegura que el 93 por ciento de los pacientes con enfermedad coronaria ya mostraba signos de DE hasta dos años antes del diagnóstico.

En el caso de la hipertensión arterial, entre el 8 por ciento y el 10 por ciento de los hombres hipertensos no tratados presenta disfunción eréctil en el momento del diagnóstico. Después del mismo, este porcentaje se eleva, ya que los fármacos usados interfieren en gran medida en la salud sexual del varón.

Disfunción eréctil y otras comorbilidades

Otras patologías coligadas a la disfunción eréctil son la diabetes, el síndrome metabólico, las relacionadas con los problemas derivados de la próstata y la depresión. En lo que atañe a la diabetes, la DE es común entre los hombres que la padecen, sobre todo, en los que tienen diabetes tipo 2. La causa de esta asociación puede encontrarse en la alteración del sistema nervioso periférico, en problemas vasculares o en el escaso control de la glucosa en la sangre. En estos pacientes, la disfunción eréctil suele aparecer en edades más tempranas y en su forma más severa y, al igual que en el caso de las enfermedades coronarias, puede ser un predictor de la diabetes.

En el Documento de Consenso sobre Disfunción Eréctil se estima que entre el 50 y el 75 por ciento de los varones diabéticos presentarán DE, siendo esta enfermedad el primer signo de diabetes en el 12 por ciento de los casos. Este compendio, promovido por la Asociación Española de Andrología (ASESA) en colaboración con la Asociación Española de Urología (AEU) y participación de otra decena de entidades científicas, concluye que la probabilidad de que un hombre con diabetes tenga disfunción eréctil se multiplica por tres en el caso de aquellos que están tratados.

Los problemas relacionados con la próstata como la hiperplasia benigna de próstata (HBP) o el cáncer de próstata también tiene una asociación directa con los problemas sexuales. Se calcula que ambas patologías tienen una prevalencia similar en los varones mayores de 50 años. Además, la HBP es la causa más frecuente de los síntomas del tracto urinario inferior que, a su vez, van acompañados de una disminución en la función sexual.

Modificar hábitos, parte de la terapia

Desde la Guía Salud Sexual del Hombre, de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), se señala que es esencial considerar esas comorbilidades a la hora de diagnosticar a los pacientes y también a la hora de pautar los tratamientos. En el caso del cáncer de próstata, un elevado porcentaje de pacientes sometidos a cirugía sufrirá DE, siendo más variable en el caso de la radioterapia o la braquiterapia.

Más allá de la alteraciones génito-sexuales, los trastornos sexuales que afectan a los hombres también tienen que ver con su estilo de vida. En el documento de sociedad científica se destaca que el comportamiento sexual requiere de un proceso de aprendizaje y, por ello, una adecuada educación sexual es clave en el desarrollo integral humano. En este aspecto influyen factores como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad o la falta de ejercicio, hábitos que en el momento en el que se modifican tienen un impacto positivo en la salud sexual del varón.

El manejo global de la DE va a depender del tipo de disfunción, la etiología y la severidad, entre otros. El documento de consenso liderado por ASESA hace un repaso exhaustivo de cómo manejar esta patología tanto desde Atención Primaria como en los servicios de Urología. Entre los principales abordajes destaca, precisamente, la modificación de los estilos de vida, además de tratamientos farmacológicos sintomáticos y otros para las enfermedades asociadas.

En los casos de personas jóvenes cuya DE tiene causa psicógena, hormonal o han sufrido traumatismos pelvianos se deben considerar la terapia sexual, el tratamiento hormonal o la cirugía revasculizadora, reza el consenso.

Eyaculación precoz, la más frecuente

Más frecuente aún que la disfunción eréctil es la eyaculación precoz. Pese a que no existe una definición explícita, hablamos de la incapacidad para controlar de forma voluntaria el reflejo para eyacular antes, durante o después del coito. Afecta al 43 por ciento de los hombres españoles en algún momento de su vida, según se desprende del Estudio Demográfico Español Sobre Eyaculación Precoz de la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva.

Uno de los grandes problemas de esta patología son las consecuencias psicológicas personales que acarrea: angustia, frustración, negativa de tener intimidad sexual…, más allá del dolor físico o las molestias que puede producir. Como casi todos los problemas sexuales, existen muchos casos sin diagnóstico a causa de la vergüenza o el miedo a reconocer el problema y consultarlo con el especialista.

Las causas de la eyaculación precoz son múltiples y van desde el consumo de drogas, fármacos irritantes prostáticos, hasta alteraciones neurológicas, ansiedad ante la relación sexual, rapidez en la estimulación sexual, incluso, falta de habilidades sexuales. En la Guía Salud Sexual en el Hombre, los problemas emocionales derivados de esta patología van asociados a evitar las relaciones, reducción del deseo sexual y conflictos con la pareja.

Por eso, los tratamientos no solo se enfocan en el campo psicológico, sino que requieren de técnicas de terapia sexual que ayuden al control de la eyaculación por parte del paciente. Entre algunas de las prácticas más utilizadas está la focalización sensorial, la autoestimulación dirigida, la técnica de parada-arranque de Semans, el apretón basilar o la rehabilitación del suelo pélvico con los ejercicios de Kegel, entre otros.

Las emociones y la sexualidad masculina

En palabras del doctor Vicent Bataller, sexólogo, psicoterapeuta y profesor de Sexología en las universidades de Almería, Extremadura y Sevilla: “En la sexualidad humana la interacción entre lo psíquico y lo físico es muy complicado de desligar. Los síntomas sexuales del varón, como la eyaculación precoz y las disfunciones de la erección, están ligados a la ansiedad anticipatoria, el estrés, el miedo a no estar a la altura, el auto observarse o rol del espectador… son elementos psicológicos que se somatizan y producen malestar y alteraciones”.

Bataller, quien también es presidente de Sexólogos Sin Fronteras, alude al estudio de Farré y Las Heras (1998) que señala que hay factores psicológicos que predisponen a sufrir alteraciones sexuales. Algunos de ellos son: creencias morales y religiosas, una inadecuada educación sexual, modelos maternos y paternos inadecuados; y experiencias traumáticas o vivencias negativas de la sexualidad en la infancia.

“Algún fallo esporádico o ‘gatillazo’, la infidelidad, la depresión, la ansiedad, el estrés, momentos puntuales de cansancio y otros factores emocionales relacionados con el sentimientos de culpa, la falta de atracción a la pareja, el miedo a la intimidad, la escasez de estímulos eróticos, el deterioro de la autoestima, la auto imagen, otros miedos o fobias, trastornos mentales, adicciones, consumo de alcohol, etcétera, también tienen un gran impacto en la sexualidad masculina”, indica el especialista.

Deseo sexual: falta o exceso

Ligados a este aspecto psicológico encontramos los trastornos de deseo sexual hipoactivo y la falta de líbido que también requieren de manejo clínico. En este caso, la edad y las circunstancias generales y socioculturales del paciente son elementos a tener en cuenta al hacer el diagnóstico. Su manejo terapéutico está relacionado con un tratamiento a base de testosterona en el caso de que hay déficit de esta hormona, así como en la modificación de estilos de vida guiados por el consejo sexual experto que irá encaminado a aumentar la erótica.

Para aumentar la líbido, tanto del hombre como de la mujer, el sexólogo y psicoterapeuta recomienda poner los cinco sentidos a disposición del erotismo y del placer. “Técnicas de auto sensibilización, de autoerotismo, películas eróticas, masajes, aceites, telas, juegos… Y, algo fundamental, incluir en la agenda personal la sexualidad y el crecimiento erótico a nivel individual y en la pareja”.

En el polo opuesto está la hipersexualidad. Aunque no es considerado un trastorno propiamente dicho, lo cierto es que existen criterios diagnósticos −sin validar− que lo definen. Lo sufren personas que tienen un exceso de deseo y conductas sexuales intensas que pueden interferir en su vida diaria y que pueden llegar a un deterioro personal, social y profesional. Esta alteración requiere de un abordaje multidisciplinar que incluya terapia farmacológica y psicoterapia.

El doctor Bataller incide en que en cualquier trastorno sexual siempre se debe descartar que existan otras disfunciones psicológicas relacionadas con anorexia, depresión, ansiedad, alcoholismo, adicciones a drogas y trastornos mentales, fundamentalmente.

La líbido durante la COVID-19

La situación pandémica que hemos vivido a lo largo de 2020 no ha ayudado a mejorar las alteraciones sexuales, ni en las mujeres ni en los hombres. Según el Proyecto Inside, un estudio de Saulex liderado por la Universidad Jaime I de Castellón y publicado en la revista Sexuality Reseach and Social Policy, el confinamiento influyó en la vida sexual del 52 por ciento de los españoles. Esta investigación revela que no solo varió la frecuencia y el tiempo dedicado, sino también los hábitos y las relaciones.

Parece que ese cambio en la salud sexual no ha sido para mejor, ya que los resultados arrojados revelan un 38 por ciento de reducción de la vida sexual acompañada de una pérdida de deseo sexual, más acuciada en la población masculina. Como si de una patología se tratara, este cambio en la vida sexual de los españoles se ha traducido en mayor irritabilidad (en el 25 por ciento de los casos), malestar psicológico (en el 22 por ciento) y conflictos de pareja (en el 12 por ciento).

En el lado opuesto están quienes aumentaron las masturbaciones, entre un 13 y un 25 por ciento de los hombres. No obstante, ese incremento no se vio equiparado en una mayor satisfacción, dado que el 26 por ciento aseguró que fueron menos placenteras. Además, el 47 por ciento de los españoles recurrió a la actividad sexual virtual, con un consumo de 35 minutos diarios en el caso de los hombres, 11 puntos más antes de la pandemia.

Repunte de las ETS

La falta de contacto y relaciones sexuales durante el confinamiento tuvieron su lado positivo al frenar el contagio de las enfermedades de transmisión sexual (ETS). Sin embargo, con el levantamiento de las prohibiciones, estas han vuelto a repuntar con fuerza. Valga de ejemplo la alerta de las autoridades sanitarias navarras que informaron −en el primer trimestre de este año− de un incremento de un 60 por ciento de infecciones de sífilis, VIH y Chlamydia respecto del año anterior, y un 120 por ciento por encima de las cifras de 2017.

La sintomatología de algunas ETS en el hombre pueden confundirse con las de una infección de orina y, a veces, no se consulta con los especialistas. Pero no hay que olvidar que las ETS pueden ser causa de otros problemas más importantes de salud. Mejor que un buen diagnóstico, la mejor terapia para las enfermedades venéreas está en la prevención. Los profesionales de la salud juegan un papel fundamental en la prevención y tratamiento de estas enfermedades. En este escenario, el Ministerio de Sanidad elaboró en 2017, de la mano de varias sociedades científicas, el Documento de Consenso sobre Diagnóstico y Tratamiento de las Infecciones de Transmisión Sexual en Adultos, Niños y Adolescentes. Entre las recomendaciones que recoge destaca la realización de cribados y la educación sanitaria como pilar de prevención y control.

 


 

¿Manejamos adecuadamente la salud sexual en España?

La incidencia de las disfunciones sexuales en el hombre es alta a lo largo de todo el ciclo de la vida. Esta realidad contrasta con la falta de una especialidad médica enfocada en el manejo de los trastornos sexuales, algo que llevan reclamando los médicos desde hace décadas. Al no existir ese reconocimiento, son muchos los profesionales que deben estar formados en este campo para poder dar respuesta a los pacientes y detectar otras patologías subyacentes. No en vano, el tratamiento y control de las disfunciones sexuales facilita el seguimiento y la adherencia terapéutica de otras enfermedades.

El sexólogo Vicent Bataller, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Sexual y Derechos Sexuales del Ayuntamiento de Valencia, se muestra rotundo al señalar que la salud sexual no se maneja de forma adecuada en el Sistema Nacional de Salud. “De entrada, podríamos decir que no existe, ya que ni siquiera se contempla de forma regular”.

“Hay escasos ejemplos como el de la Comunidad Valenciana. Aquí existe una red de centros de Salud Sexual y Reproductiva (CSSR) donde el Servicio Valenciano de Salud contempla la figura de los sexólogos, aunque la especialidad como tal no está reconocida ni como categoría profesional. Aún así, llevamos décadas formando en diferentes universidades públicas y privadas”, explica. Más allá de nuestras fronteras, la salud sexual es un derecho reconocido en el contexto internacional. Países como Francia, Italia o Alemania hace tiempo que cuentan con profesionales específicos en los diferentes sistemas públicos de salud.

En nuestro país, contamos con una norma de 2010, donde se establecen actuaciones para promover y atender la salud sexual, así como la formación e investigación en este campo. Un año más tarde, se aprobó la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (ENSSR), aunque no ha tenido mucho recorrido. Ambos documentos se basaron en los datos de la Encuesta Nacional de Salud Sexual, de 2009, los últimos que tenemos sobre la salud sexual de la población española lo que da una idea del poco interés que suscita.

Un reto más para AP

En lo que se refiere el ámbito sanitario, algunas Comunidades Autónomas cuentan con centros de salud sexual y reproductiva, pero son intervenciones puntuales que existen gracias al compromiso de los profesionales sanitarios involucrados. No obstante, casi todos coinciden en que la mejor manera de realizar la prevención y promoción de la salud sexual es a través de los centros de salud.

En este escenario y tal como resume la Guía de Buena Práctica Clínica en Disfunciones Sexuales propiciada por la Organización Médica Colegial y el Ministerio de Sanidad, las principales demandas sexuales a las que se debe dar respuesta en Atención Primaria son: las secundarias a problemas orgánicos, psicopatológicos y secundarias a tratamientos; a la educación sexual a lo largo de las diferentes etapas vitales del individuo; y a las alteraciones sexuales propiamente dichas.

En dicho documento, también se aboga porque se ofrezca consejo sexual desde los centros de salud, no solo para los pacientes con disfunciones sexuales, sino también como una estrategia de prevención y como método para alentar relaciones sexuales saludables menos vulnerables a estas patologías.