La salud sexual es fundamental para el bienestar general de las personas. Lo asegura la Organización Mundial de la Salud (OMS), que resalta también la importancia que tiene para el desarrollo social y económico de las comunidades y los países.

La organización indica que la salud sexual “requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coacción, discriminación y violencia”. La capacidad para que hombres y mujeres logren esa salud y el bienestar sexuales pasa, según la OMS, por el acceso a información completa y de buena calidad sobre el sexo y la sexualidad; el conocimiento sobre los riesgos a los que se pueden enfrentar y su vulnerabilidad a las consecuencias adversas del sexo sin protección; la capacidad para acceder a la atención de la salud sexual; y el vivir en un ambiente que afirme y promueva esta salud sexual.

En caso contrario, la población puede enfrentarse a problemas relacionados con la salud sexual. Y son muchos. Abarcan la “orientación sexual y la identidad de género, la expresión sexual, las relaciones y el placer”. También incluyen consecuencias negativas o condiciones como las infecciones por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), infecciones de transmisión sexual (ITS) e infecciones del tracto reproductivo (ITR) y sus resultados adversos (como cáncer e infertilidad); embarazos no deseados y abortos; disfunción sexual; violencia sexual; y prácticas nocivas.

Aumento de las ITS

En España, varios comités del Plan Operativo 2019-2020 de la Estrategia de Salud Sexual trabajaron sobre una definición de la salud sexual integral que incluía el “uso de los métodos anticonceptivos y de prevención”. Su utilización es clave para evitar la transmisión de ITS. Pero, en los últimos años, la prevalencia no ha hecho más que crecer.

Cada día más de un millón de personas en todo el mundo contraen una ITS. Estas, como recuerda Josefina López de Munain, del Servicio Enfermedades Infecciosas, OSI Bilbao-Basurto, Osakidetza, y miembro del Grupo de estudio de ITS (GeITS) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), “no solo producen enfermedades agudas como vaginitis, cervicitis, uretritis, proctitis y úlceras genitales. También pueden originar complicaciones crónicas y graves como la enfermedad inflamatoria pélvica (EPI), infertilidad, embarazos ectópicos, dolores pélvicos crónicos, muerte neonatal, partos prematuros, artritis reactivas, cáncer, etc., además de incrementar el riesgo de transmisión y adquisición del VIH”. Así lo señalaba en un artículo recogido en la publicación Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.

La información epidemiológica poblacional de estas infecciones en España se obtiene a través del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria y del Sistema de Información Microbiológica incluidos en la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE). El último informe, con datos de 2018 y revisados en 2020, muestran cómo la incidencia ha ido multiplicándose exponencialmente en los últimos años.

Por ejemplo, en el año 2018 se notificaron 11.044 casos de infección gonocócica. Eso corresponde a una tasa de 24,2 por 100.000 habitantes, muy por encima de la 2,04 que había en 2001. En cuanto a la sífilis, en 1995 había unos mil casos. La tasa descendió a 1,77 por cada 100.000 habitantes en los años 2000 y 2001. Después fue aumentando. En 2018 era de 10,87.

Aunque si hay una infección que es prevalente esa es el Virus del Papiloma Humano. La frecuencia de la infección en mujeres en España es del 14,3 por ciento; el 29 por ciento se produce en jóvenes de 18-25 años. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recuerdan que hay más de 100 tipos. Aproximadamente 40 de ellos pueden transmitirse tanto a las áreas genitales como a la boca y la garganta a través del contacto sexual directo.

Desde 2007 se recomienda en España la vacunación en mujeres adolescentes y, desde 2018, también para población con condiciones de riesgo de ambos sexos. Sobre todo, porque se sabe que “la infección por algunos tipos de papilomavirus es causa de parte de los cánceres anales, vulvares, vaginales, peneanos y orofaríngeos”, tal y como señala la OMS. También están detrás de casi todos los casos de cáncer de cuello de útero.

Nuevo Plan de Prevención del VIH

Preocupan además los casos de VIH. El Ministerio de Sanidad estima que la tasa para 2019 será de 7,46 por 100.000 habitantes una vez se haya completado la notificación de todos los diagnósticos realizados ese año.

“La transmisión en hombres que tienen sexo con hombres (HSH) fue la más frecuente, 56,6 por ciento, seguida de la transmisión heterosexual, que supuso un 32,3 por ciento, y la ocurrida en personas que se inyectan drogas (PID), que sumó un 2,6 por ciento. Por tanto, el 88,9 por ciento de los nuevos diagnósticos de VIH en 2019 fueron de transmisión sexual”, recoge en un informe el Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida.

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, avanzó el 22 de octubre la próxima aprobación del nuevo Plan de Prevención y Control de la Infección por el VIH y las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) para el período 2021-2030.

La pandemia ha entorpecido la salud sexual

La pandemia ha hecho que la salud sexual diera algunos pasos hacia atrás. Según la OMS, la planificación familiar y el control de la natalidad se han visto gravemente interrumpidos por culpa de la COVID-19 en siete de cada 10 países afectados.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) indica que, en 114 países de ingresos bajos y medianos, más de 47 millones de mujeres no pueden acceder a los anticonceptivos. Un artículo publicado por el Guttmacher Institute señala que las medidas de confinamiento también han interrumpido las cadenas de suministro y la capacidad de acceder a los centros de salud. “Los productos relacionados con la salud sexual y reproductiva se volvieron inaccesibles o se agotaron, lo que obstaculizó directamente la salud y los derechos sexuales y reproductivos de millones de mujeres y niñas”, aseguran.

“En un intento por controlar su propagación, los países han impuesto bloqueos locales y nacionales, lo que afecta a muchos servicios de salud, especialmente a los servicios de salud sexual y reproductiva, que en realidad son esenciales y salvan vidas”, recoge otro artículo de la Revista Europea de Anticoncepción y Atención de la Salud Reproductiva.

Bajo el título ‘Era de COVID-19: un comienzo de aumento en los embarazos no deseados, necesidad insatisfecha de anticoncepción y otros problemas relacionados con mujeres’, la autora asegura que “en un fu[1]turo próximo, esto tendrá como resultado un gran número de consecuencias graves, entre las que se incluyen el aumento de la necesidad insatisfecha de anticonceptivos modernos, los embarazos no deseados, el aumento de los abortos inseguros, las muertes maternas y neonatales y otras prácticas nocivas como la mutilación genital femenina y los matrimonios infantiles en los países en desarrollo”.

En España, la Sociedad Española de Contracepción elaboró un documento que definía las prestaciones sanitarias asociadas a la salud reproductiva que no debían demorarse, aunque implicaran el desplazamiento de pacientes al centro sanitario. Se incluían la solicitud de interrupción voluntaria de embarazo (IVE) solicitud de anticoncepción de urgencia, sospecha de ITS, de complicaciones severas asociadas a diferentes métodos anticonceptivos, y atención a las víctimas de violencia de género. También en el caso del DIU, la sospecha de infección o sangrado menstrual abundante justificaba que la atención no podía esperar.

Inequidad en los servicios de salud sexual

Con todo, algunos de estos problemas ya se venían dando antes de la pandemia. Varias organizaciones llevan años reclamando una mayor equidad en todo el país en cuanto a la salud sexual.

El informe ‘Deficiencias e inequidad en los servicios de salud sexual y reproductiva en España’ elaborado por varias entidades y publicado en 2016, muestra que “los recortes en la atención sanitaria a nivel nacional y autonómico afectan de manera particular a la vida de las mujeres a la hora de recibir atención médica. Asimismo, la desigual relación de poder entre hombres y mujeres, y las distintas formas de violencia contra las mujeres, repercuten negativamente en su salud física, mental, emocional y social”.

El trabajo resalta que existe una instrumentación excesiva del parto con altas tasas de cesáreas y episiotomías, y que “no resulta siempre sencillo acceder a una interrupción voluntaria del embarazo a través del sistema público sanitario español”. Dos problemas que, cinco años más tarde, aún persisten.

Alta prevalencia de la disfunción sexual

La disfunción sexual es otro de los problemas relacionados con la salud sexual. En una ‘Guía de Buena Práctica Clínica en Disfunciones Sexuales’ publicada por el Consejo General de Colegios de Médicos (CGCOM), el médico y sexólogo Carlos San Martín las clasificaba como trastornos de la excitación: disfunción eréctil; trastornos de la eyaculación y el orgasmo, que incluyen eyaculación precoz, retardada, retrógrada y aneyaculación, así como dolor durante la eyaculación; y trastornos del deseo, que engloban el deseo sexual hipoactivo, trastorno por aversión al sexo y adicción al sexo.

Sixto L. Alcoba Valls, médico de Atención Primaria y sexólogo, clasifica en la misma guía las disfunciones sexuales de la mujer como trastornos del deseo: deseo sexual hipoactivo, trastorno por aversión al sexo, trastorno de la excitación sexual en la mujer; y vaginismo y dispareunia.

La guía apuesta por que el médico de Atención Primaria esté preparado para atender de la mejor forma posible estos problemas por “la alta prevalencia de los trastornos sexuales”. En la introducción, el médico, psicólogo y sexólogo Francisco Cabello Santamaría señala que no resulta fácil conocer la incidencia real porque muchas investigaciones no especifican la clasificación de las disfunciones a las que se acogen.

No obstante, “casi todas las series indican una prevalencia muy elevada”. “Así, para Masters y Johnson, un 50 por ciento de parejas heterosexuales presenta alguna disfunción sexual. Frank, Anderson y Rubistein establecen una prevalencia de disfunciones sexuales en parejas, de un 40 por ciento para los varones y un 60 por ciento para las mujeres. Nathan mantiene unas cifras del 1 al 15 por ciento en hombres y 1 al 35 en mujeres; Spector y Carey encuentran una prevalencia del 4 al 10 por ciento de la población, y, por último, Laumann, Paik y Rosen fijan una prevalencia del 31 por ciento para los hombres y 43 para las mujeres”, relata.

Más especialización en violencia sexual

En los últimos años también se está haciendo una labor importante por atajar la violencia sexual. Abarca, según la OMS, actos que van desde el acoso verbal a la penetración forzada y una variedad de tipos de coacción, desde la presión social y la intimidación a la fuerza física.

Las consecuencias de la violencia sexual en la salud de supervivientes masculinos y femeninos son amplios. Con todo, la OMS recuerda que las niñas y las mujeres soportan la carga más abrumadora de traumatismos y enfermedades resultantes de la violencia y la coacción sexuales, “no solo porque constituyen la gran mayoría de las víctimas, sino también porque son vulnerables a consecuencias para la salud sexual y reproductiva, como embarazos no deseados, abortos inseguros y un riesgo mayor de contraer infecciones de transmisión sexual, inclusive la infección por el VIH, durante el coito vaginal”. “Aun así, es importante observar que los hombres también son vulnerables a la infección por el VIH en casos de violación”, añaden.

Además de los efectos en la salud reproductiva, la OMS resalta que la violencia sexual tiene otras consecuencias significativas para la salud, entre las que se incluyen el suicidio, el síndrome de estrés postraumático o lesiones autoinfligidas. En el caso de abuso sexual de menores, puede que adopten conductas de alto riesgo como tener múltiples parejas sexuales y consumo de drogas, entre otras.

La prestación de servicios de atención de salud y medico jurídicos integrales a las víctimas, con personal capacitado, es clave para proporcionar apoyo psicológico, anticonceptivos de emergencia o brindar información sobre abortos seguros. Solo así se puede intentar mitigar los efectos en la salud que van a sufrir los supervivientes de la violencia sexual.