La sostenibilidad de los sistemas sanitarios no solo dependen de una cuestión económica o de la capacidad de financiación de las nuevas terapias, sino que sobre todo van a verse marcados por la cuestión demográfica, y por ende, por la necesidad de nuevos flujos migratorios.

La bajada de la natalidad, ha acarreado que haya menos cotizantes en la seguridad social al haber menos personas jóvenes en edad de trabajar. De forma paralela, se ha producido un aumento de la población mayor de 65 años, debido al aumento de la esperanza de vida, que supone un incremento del coste en pensiones, pero también de tratamientos médicos, debido a que por norma se trata de pacientes crónicos y pluripatológicos.

Ante esta situación, expertos como Juan Francisco Prados, profesor del área de Empresa de la Universidad Internacional de Valencia, ha afirmado que “Europa necesita inmigrantes como consecuencia del proceso de envejecimiento de la población”.

Aportando datos más concretos, Prados agregaba que “en 2016 el crecimiento de la población europea se imputó únicamente al efecto de la inmigración, pues ante una igualación de nacimientos y defunciones, fueron los 1,5 millones de inmigrantes extracomunitarios los que sostuvieron el crecimiento poblacional”. De hecho, en 13 de los 28 estados miembros el número de muertes superó a los nacimientos.

Las repercusiones en Sanidad y las pensiones

Las estimaciones respecto a países como Alemania e Italia, dos grandes potencias europeas,  de no cambiar el ritmo de los flujos migratorios, serían que su población caería para 2050 en un 18 por ciento  y 16 por ciento respectivamente. En el caso de España, se pasaría en el medio plazo de los 46,5 millones de habitantes actuales a 44 millones. Tal y como remarcaba el experto, este asunto impactará pronto sobre los sistemas de pensiones y sanidad, pues su sustento requiere de una proporción suficiente entre trabajadores activos y trabajadores retirados, señala el experto.

El reto de mantener la producción en Europa y con ello su peso internacional, los servicios asociados al Estado del Bienestar y en definitiva, mantener la población, no son menores. El experto de la VIU, insistía en necesidad de reflexionar sobre este gran reto que tiene Europa respecto a los flujos migratorios. Al final, “no es una cuestión de solidaridad exterior sino de necesidad interior”.

Además añadía la preocupación de que asumiendo una apertura de las fronteras exteriores, se planteará un gran reto formativo y de integración, pues la economía europea a diferencia de la asiática no necesita trabajadores de perfil bajo sino que requiere trabajadores cualificados y perfectamente formados. La movilidad internacional deberá asumir una adecuación de los perfiles de los profesionales a los estándares de trabajo en los mercados receptores, siendo la formación un aspecto clave en este proceso de ajuste.