La ratificación del acuerdo con la industria alimentaria para reducir un 10% el contenido de azúcar, sal y grasas no parece haber sentado bien a los epidemiólogos. De hecho, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE)  se ha dirigido al Gobierno  para pedir que en vez de con la industria, se trabaje con las asociaciones científicas y profesionales y con las organizaciones de la sociedad civil para poner en marcha políticas que prioricen los intereses de la salud pública en lo que respecta a la epidemia de obesidad de nuestro país.

Desde su perspectiva, las medidas acordadas por el Ministerio de Sanidad no son más que “la ratificación de un compromiso idéntico al llevado a cabo con la industria en 2017”. Así, desde la SEE señalan que Tras años de políticas ineficaces basadas en la autorregulación y las colaboraciones público-privadas, que priorizan los intereses económicos de los sectores de la alimentación y su publicidad en detrimento de la salud de la población, parecía verse algo de luz al final del túnel”, pero la aprobación de este acuerdo parece haber roto sus esperanzaza.

Además, critican que este anuncio se haya hecho “a bombo y platillo” y que se diga que es una “una muestra de la responsabilidad” y compromiso de las empresas con la salud’. La SEE considera que se aleja de la realidad y que incluso en el hipotético caso de que se llevase a la práctica, “resulta claramente insuficiente”.

Medidas eficaces

Para hacer más evidente la ineficacia de este acuerdo, comparan la reducción de azúcar, grasa y sal con los cigarrillos bajos en nicotina, que de hecho, incrementaron el consumo bajo este eslogan de ser más saludables.

Es por ello que El Grupo de Trabajo de Nutrición de la SEE recuerda que la promoción de una dieta saludable y sostenible demanda un fuerte compromiso y unas fuertes medidas estructurales y educativas para lograr un cambio profundo en el sistema de producción y consumo alimentario. Debe primarse el consumo de productos frescos naturales de origen vegetal y saludables. Debe darse con claridad y sin ambigüedades preferencia a productos no procesados o solo mínimamente procesados y se deben reducir en cambio los procesados y ultra-procesados.

Sin embargo insisten en que “nada cambiará si se mantienen las campañas agresivas de marketing para promover el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados y se sigue facilitando que estén disponibles 24 horas al día, 7 días a la semana, en espacios privados y públicos, incluyendo centros sanitarios, escolares y deportivos”.