La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) ha vuelto a redactar un nuevo documento en el que realiza una serie de reflexiones sobre el uso de la detección de antígenos y anticuerpos para diagnóstico de COVID-19. En concreto, el documento se centra en el elevado número de kits para diagnóstico microbiológico de COVID-19 que están disponibles para la detección de antígenos y anticuerpos (IgA, IgM e IgG) que existen en el mercado y en las consecuencias de este hecho.

Según los expertos, “el elevado número de kits para detectar antígenos o anticuerpos hace que probablemente exista una elevada variabilidad en cuanto a indicadores de sensibilidad, especificidad, valor predictivo positivo y negativo”.

Ante este hecho, la recomendación de la SEIMC pasa por “no comprar un kit de detección de antígenos o anticuerpos sin antes evaluarlo y probarlo en una población que represente aquella en la que se va a utilizar en vida real”.

Una sensibilidad inferior a un 50 por ciento

Por otra parte, otra de las cuestiones que se señala desde SEIMC es que la detección del antígeno como primer paso para detectar de una manera rápida la presencia del virus en muestras nasofaríngeas, debería tener una sensibilidad aceptable, “entendiendo como aceptable superior al 70 por ciento y siempre en un contexto epidemiológico de elevada prevalencia”.

Sin embargo, la realidad es que “hasta la actualidad las pruebas que se han realizado en España con estos kits de detección de antígeno basados en la inmunocromatografía (lateral-flow) presentan una sensibilidad inferior a un 50 por ciento”.

De esta forma, los expertos explican que para aumentar la sensibilidad se podría pensar en alguna manera de concentración rápida de la muestra, “pero su manipulación podría generar problemas de bioseguridad difíciles de solucionar en una prueba cuyo objetivo es utilizarla en el lugar de atención al paciente (point-of-care) y además podría enlentecer el proceso de la técnica rápida”.

Por último, añaden que los ensayos serológicos no se usan de forma rutinaria para el diagnóstico de COVID-19 debido a que, en la fase precoz de la enfermedad, durante los primeros 5-6 días de iniciarse la sintomatología la respuesta inmunitaria es escasa, con un tiempo medio a los 11 días. Así concluyen que la sensibilidad y especificidad de dichos métodos es también variable, variando en función del antígeno utilizado y del sistema de lectura utilizado.