La Organización Mundial de la Salud recomienda el uso de los test de anticuerpos solo en entornos de la investigación, y no para la toma de decisiones clínicas, hasta que no se tenga una mayor evidencia para su uso con indicaciones específicas. En este contexto, desde la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) se ha optado por publicar un documento de recomendaciones para el uso de estos test en la población general y también en los profesionales sanitarios.

Teniendo en cuenta que existen cerca de 60 kits diferentes con marcado CE, cabe tener en cuenta que la mayoría se basan en la inmunocromatografía (lateral-flow), y se han denominado test rápidos, pues el resultado se genera en unos 15 minutos. Sin embargo, existen otras técnicas, de ELISA o quimioluminiscencia, que son más sensibles y específicas.

Lo primero que recalca la SEIMC es que la experiencia está demostrando que los valores de sensibilidad de los test de inmunocromatografía que recogen los fabricantes en su información comercial pueden no ser del todo fiables, como se ha comprobado cuando estos métodos se han evaluado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y centros colaboradores.

Pese a ello, consideran que los casos en los que han de ser útiles estos test de anticuerpos son: en urgencias, como complemento de la PCR en aquellos pacientes con una evolución de la infección superior a los 7 días; en casos con PCR repetidamente negativa en los que se hayan iniciado claramente los síntomas varios días antes, es decir, para confirmar la infección en ausencia de una PCR positiva; en los casos clínicos de confirmación de “infección pasada” a través del estudio de la IgG, en relación o no con la negativización de la PCR; o para la selección de donantes de plasma.

Pruebas en personal sanitario

Respecto al uso de estas pruebas entre el personal sanitario, el documento recoge que estos test ayudarían a identificar a aquellos que ya podrían estar inmunes y puedan atender a pacientes infectados, minimizando el riesgo de propagación del virus a colegas y otros pacientes. En la fase de desescalado, que se pretende aplicar en los hospitales, es recomendable disponer de un ensayo con elevada sensibilidad y especificidad para poder reubicar al personal sanitario en la zona limpia de COVID-19 o en la zona COVID-19 dependiendo del estatus inmunitario del sanitario, evidentemente cumpliendo la normativa de protección de datos

Sin embargo, para la detección de anticuerpos frente a SARS-CoV-2 en profesionales sanitarios o sociosanitarios aportan que es preferible realizar el test con métodos automáticos (ELISA/CLIA), en vez de con monotest por inmunocromatografía. Igualmente, insisten en que, si se obtiene un resultado negativo en el cribado de profesionales sanitarios o sociosanitarios con los test de anticuerpos, sería oportuno precisar cuándo hay que hacer la repetición y los factores de riesgo concretos a considerar, para evitar interpretaciones subjetivas.

Por último, en cuanto a la consideración de los resultados y a la valoración de una posible inmunidad, existe evidencia científica para pensar que un elevado número (cerca del 70 por ciento) de los pacientes con COVID-19 desarrollan anticuerpos protectores. “No obstante, esta circunstancia debe tomarse con cautela cuando se traslada a la población en general y a los diferentes colectivos, incluyendo los profesionales sanitarios; fundamentalmente en estos últimos deberíamos ser prudentes a la hora de recomendar la ubicación de los profesionales en función del resultado de los test serológicos y por ello mantener el principio de la utilización de los EPI y de control de infección para todos sus integrantes a pesar de los resultados de los test serológicos”, concluyen desde la SEIMC.