“Existe un elevado porcentaje de profesionales de Atención Primaria que están experimentando burnout en su puesto de trabajo durante la pandemia”. La afirmación viene avalada por la fuerza de los datos que aporta una investigación según la cual el 62% de estos trabajadores cree que el sobreesfuerzo provocado por la lucha contra el nuevo coronavirus le ha provocado problemas de salud.

“Es evidente que hay mucho síndrome de burnout”, constata el responsable de este trabajo, Isaac Aranda, del Departamento de Análisis Económico y Finanzas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. El estudio se dio a conocer durante las XL Jornadas de Economía de la Salud de la Asociación de Economía de la Salud (AES). En él se recogen datos de dos zonas sanitarias colindantes pero pertenecientes a dos comunidades autónomas diferentes, lo que ha permitido poner de manifiesto que esto propicia diferencias sustanciales.

Mejorar la situación

El impacto sobre los profesionales es diferente según la región en la que desempeñan su labor asistencial”, admitía Aranda. Además, resaltaba una cifra no por lógica menos contundente: el 91% de los profesionales ha visto modificada su capacidad asistencial durante la pandemia. “El personal está desgastado, por lo que habría que desarrollar estrategias que ayuden a estos profesionales”, apuntaba en su presentación.

Aranda recordó que el síndrome de burnout está asociado a cuestiones como la presión asistencial, la excesiva burocratización y los factores institucionales. A todo ello se ha unido un aumento brutal de la sobrecarga laboral motivado por la pandemia. De ahí que la investigación se marcase como objetivo analizar todo aquello sobre lo que se pueda intervenir para mejorar esta situación de cara al futuro.

¿Y qué es lo que se puede hacer? A su juicio, hay determinadas medidas que “parecen proteger a los profesionales de una mayor sobrecarga”, como la realización de acciones formativas, hacer a los trabajadores partícipes de la toma de decisiones y una mayor estabilidad laboral.

Cuidados de larga duración

También relacionada con el coronavirus, y en el marco de estas mismas jornadas de la AES, se presentó otro estudio que ahonda en otro impacto que está teniendo, como es en las desigualdades socioeconómicas registradas en los cuidados de larga duración. Javier Lera, autor de esta investigación y miembro del Grupo de Investigación en Economía de la Salud IDIVAL de la Universidad de Cantabria, ponía de manifiesto que este problema se está produciendo en un contexto general de envejecimiento poblacional. Lo que conlleva un aumento de enfermedades degenerativas y crónicas y el consiguiente “aumento del número de personas que requieren cuidados, que pueden ser formales o informales”, es decir, prestados por profesionales o por el entorno sociofamiliar de la persona.

Si a esto le unimos que “venimos de una crisis económica bastante importante”, nos encontramos con una situación en la que el 52% de los hogares europeos no pueden hacer frente al coste de los cuidados, que recaen en cuidadores informales que son mujeres en el 62% de los casos. Esto, a su vez, conlleva que son los hogares con mayor nivel socioeconómico los que pueden recurrir a cuidadores profesionales.

Aumento de las desigualdades

Todo esto lo ha venido a complicar la pandemia, que ha propiciado un aumento de las desigualdades ya que ha tenido un gran impacto en la economía y ha hecho a las personas mayores todavía más vulnerables. Ante estas “grandes desigualdades horizontales” que se están produciendo, Javier Lera propone recetas como más medidas de protección y mejorar el acceso a cuidados de los mayores, a lo que suma la consolidación de los cuidados en el hogar (al ser las residencias un gran foco de contagios) y la adaptación de los centros de día a las necesidades impuestas por la COVID-19.

Asimismo, apuesta por reforzar el papel de los ayuntamientos como administración más cercana al ciudadano, para lo que habría que dotarlos con más medios, al tiempo que considera preferible un sistema de prestación de cuidados antes que incrementar los subsidios. Junto a ello, aboga por incrementar la colaboración público-privada y que se imponga una estrategia común en toda la Unión Europea, que debería tener uno de sus pilares en un cambio de paradigma en el que además de cuidados se preste acompañamiento, y es que la soledad ha demostrado ser un factor con gran impacto.