La EPOC es una enfermedad crónica, pero su diagnóstico, intervención y tratamiento tempranos son importantes para frenar el empeoramiento de los síntomas. Especialmente para reducir el riesgo de que se produzcan exacerbaciones. Con una tasa de infradiagnóstico del 74,7 por ciento, la EPOC se enfrenta, además, a un alto desconocimiento por parte de la población.

Así se resaltó en el Congreso de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que cuenta con la colaboración de AstraZeneca. En este contexto se abordó la importancia del diagnóstico precoz y la intervención temprana, ya que esta mejora la calidad de vida y la supervivencia del paciente.

Los pacientes suelen experimentar episodios de agudización de la enfermedad, denominadas exacerbaciones. Estas suelen aparecer de 1 a 4 veces por año. En algunos casos es necesario el ingreso hospitalario del paciente. La mejor manera de combatirlas es no fumar, tener precaución con la contaminación atmosférica y vigilar las infecciones de tráquea y bronquios. No obstante, estas representan entre el 50 y el 70 por ciento de las causas de las exacerbaciones. Además, la realización de ejercicio físico se asocia con un menor número y gravedad de las exacerbaciones y con un menor número de hospitalizaciones.

Reducir la tasa de infradiagnóstico

En cuanto a cómo reducir la tasa de infradiagnóstico, uno de los problemas es que los pacientes se acostumbran a los síntomas. Por eso se suele acudir a la consulta cuando la enfermedad ya está muy avanzada. Por tanto, los profesionales advirtieron de que, ante los primeros síntomas de falta de aire y dificultad al respirar, se acuda al especialista.

Además, el impacto de enfermedad cardiovascular en enfermos con EPOC es muy alto. “La exacerbación es el acontecimiento más importante que cambia el pronóstico, la supervivencia y la calidad de vida”, advertía Juan Antonio Riesco, del Servicio de Neumología del Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres.

Es por ello que, conseguir un diagnóstico temprano puede mejorar la calidad de vida del paciente. “Hoy en día estamos valorando nuevas estrategias que, por una parte, pueden ayudar al paciente a estar mejor controlado y, por otro lado, ayuden a cambiar la historia natural de la enfermedad y, sobre todo, puedan reducir las exacerbaciones”, concluía el experto.