Dos nuevos estudios avalan la seguridad de la protonterapia. El primer estudio, publicado en Pediatric Blood and Cancer, demuestra que niños muy pequeños que recibieron terapia de protones para meduloblastoma tenían tasas más altas de supervivencia general y supervivencia libre de recurrencia en comparación con los pacientes que recibieron quimioterapia intensa sin radioterapia.

El segundo estudio, publicado en Acta Oncologica, ha comprobado que los niños con tumores del sistema nervioso central que recibieron terapia de protones con una técnica más nueva llamada exploración con haz de lápiz experimentaron una tasa significativamente menor de daño del tronco encefálico que los pacientes tratados con técnicas de protones más antiguas.

Ambos estudios fueron dirigidos por Christine Hill-Kayser, profesora asociada de Oncología Radioterápica en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, y oncóloga pediátrica en el Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Filadelfia (CHOP).

La terapia de protones es un tratamiento aprobado por la FDA que dirige protones cargados positivamente al tumor, donde depositan la mayor parte de la dosis de radiación, con una mínima radiación residual entregada más allá del objetivo, lo que reduce potencialmente los efectos secundarios y el daño al tejido circundante.

El primer estudio se centró en niños con meduloblastoma recién diagnosticado. Los niños mayores, entre edades de cuatro y 18 años, con la enfermedad generalmente reciben radiación en todo el cerebro y la columna vertebral, pero este tratamiento puede ser muy tóxico para niños muy pequeños, de menos de cuatro años, que reciben ciclos de quimioterapia intensos en lugar de radiación, con una mayor frecuencia de racaidas y estudios anteriores han demostrado que el mayor riesgo de recaída está relacionado con la fosa posterior, donde se localiza principalmente el tumor.

Los investigadores evaluaron a 14 niños pequeños que recibieron terapia de protones después de una cirugía y quimioterapia. Encontraron que la tasa de supervivencia general a cinco años fue del 84 por ciento, mientras que la tasa de supervivencia libre de recurrencia fue del 70 por ciento. Los datos históricos muestran que ambas tasas son generalmente entre 30 y 60 por ciento en pacientes muy jóvenes que no reciben radioterapia.

“Nuestro estudio, aunque pequeño, muestra resultados prometedores cuando usamos la terapia de protones dirigida solo al área de cirugía en lugar de irradiar todo el cerebro y áreas espinales”, señala el autor principal del estudio, Amardeep Grewal.

El segundo estudio se ocupa de una nueva técnica de protones llamada escaneo con haz de lápiz (PBS), que es más efectiva para preservar el tejido sano que las técnicas de protones más antiguas, como el escaneo doble disperso o uniforme.

Este estudio evaluó a 166 pacientes con tumores pediátricos del sistema nervioso central y descubrió que a los 24 meses, la tasa de pacientes que experimentan daño en el tejido del tronco encefálico por la terapia con protones PBS es del 0,7 por ciento.

Esto es mucho más bajo que las tasas de toxicidad grave del tronco encefálico comunicadas después del tratamiento con terapia de protones con doble dispersión.

“Nuestros datos muestran que la terapia de protones con escaneo con haz de lápiz no aumenta el riesgo en comparación con las técnicas convencionales de fotones”, apunta la autora principal del estudio Jennifer Hyatt Vogel. Estos datos justifican estudios adicionales, especialmente en pacientes de alto riesgo y pacientes que han recibido radioterapia previa, concluye Hyatt.

“Independientemente de la técnica, la experiencia en la planificación de la terapia de protones y el estricto cumplimiento de las restricciones de seguridad son esenciales, particularmente en el tratamiento de tumores cerca del tronco encefálico”, apunta Hill-Kayser.