Una vacuna que proteja contra la infección de la hepatitis C podría estar en uso dentro de cinco años, según ha afirmado el profesor sir Michael Houghton, que ganó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología junto con otros tres científicos por descubrir el virus de la hepatitis C (VHC) en 1989, en una intervención en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ECCMID, por sus siglas en inglés).

“Aunque la llegada de los antivirales de acción directa (AAD) para curar la hepatitis C nos ha proporcionado un arma enorme para cambiar el rumbo de esta pandemia, no cabe duda de que se necesita una vacuna para ayudar al mundo a alcanzar su ambicioso objetivo de reducir las nuevas infecciones por hepatitis C en un 90% y las tasas de mortalidad en un 65% para 2030″, explica Sir Michael, que actualmente trabaja en el Instituto de Virología Aplicada Li Ka Shing de la Universidad de Alberta (Canadá).

Según ha señalado, aunque países como Egipto han conseguido realizar enormes programas de control de la hepatitis C (50 millones de cribados y 4 millones tratados y curados con AAD desde 2014), solo han podido hacerlo gracias a la producción masiva de medicamentos genéricos (a 84 dólares por paciente, unos 71 euros). Sin embargo, el coste por paciente en los países de renta alta es de unos 20.000 dólares por paciente, unos 17.000 euros.

Nueva tecnología de ARN

El experto ha destacado cómo la comunidad científica ha aprendido cuáles son las respuestas inmunitarias que protegen contra la infección por el VHC, y muchas tecnologías, entre ellas la nueva tecnología de ARN (utilizada en las vacunas COVID-19 de Pfizer y Moderna) y las tecnologías basadas en adenovirus (desarrolladas por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, y Johnson & Johnson) son capaces de reproducir estas respuestas inmunitarias protectoras mediante la vacunación.

Sir Michael y sus colegas del Instituto de Virología Aplicada Li Ka Shing están desarrollando actualmente una vacuna recombinante adyuvada, de la que se espera que induzca la producción de anticuerpos contra múltiples epítopos de neutralización cruzada, dificultando que el virus escape a la respuesta inmunitaria humoral. Dicho de otro modo, es probable que esta vacuna produzca muchos anticuerpos diferentes que puedan prevenir la infección por el VHC, lo que dificultará que el virus los evada por mutación y, por tanto, protegerá al receptor de la vacuna de la infección por la hepatitis C.

Retrasos en la investigación

Ha señalado, asimismo, que la pandemia de COVID-19 ha retrasado muchos ámbitos de la investigación médica, incluido el trabajo sobre las vacunas contra la hepatitis C, pero prevé que en 2022 se realicen ensayos de fase 1 con diferentes adyuvantes, seguidos de ensayos de eficacia en humanos de fase 2 entre 2023 y 2026, ya sea en una población de riesgo, como las personas que se inyectan drogas, o mediante ensayos de provocación de vacunas en humanos.

“Si se demuestra la seguridad y la eficacia, el despliegue de la vacuna a la población de alto riesgo de personas que se inyectan drogas podría comenzar en 2026/2027 –ha dicho–. Tras los ensayos de fase 3, la vacuna contra la hepatitis C podría extenderse a otros grupos de alto riesgo en 2029 o alrededor de esa fecha, como los hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, los trabajadores sanitarios y los bebés nacidos de madres con hepatitis C, en todos los países del mundo”.